
Uno de los principios fundamentales que rige a los sistemas familiares es el balance o la compensación.
La frase que lo resume es la siguiente: “El sistema siempre buscará balance”. De una manera u otra, lo hará.
Un ejemplo simple: Un marido le es infiel a su esposa. El balance de pareja se ve alterado. Él es el “malo” y ella es la “buena”. ¿Qué hace que el balance regrese a esta historia? La respuesta es: Que ella se convierta en la “mala” y él en el “bueno”. Hacerle algo al otro que sea “más pequeño” que lo que él nos hizo a nosotros, dice Joan Garriga al respecto. De esta manera, volvemos a estar en el mismo nivel y regresa el equilibrio.
Otro ejemplo familiar. Cuando en un sistema hay muchos victimarios, para encontrar el balance, es necesario que haya una víctima. O viceversa, si hay muchas víctimas, es necesario que haya un victimario.
Éste es un concepto que a veces es difícil de asimilar de una manera racional. Pero si lo vemos detenidamente en nuestro propio sistema, nos podremos dar cuenta de cómo la paz llega cuando el sistema logra su balance.
Otro ejemplo simple. Si alguien me entrega un regalo y yo no le doy nada a cambio, puedo sentirme en “deuda” con esa persona, tener la sensación de que me falta darle algo. Y puede ser que la otra persona sienta que le hace falta recibir algo. Y el círculo se cierra cuando puedo darle algo a esa persona.
Las relaciones más balanceadas, en las que el dar y el recibir se mantiene en armonía, tienden a perdurar en el tiempo.
Las relaciones menos balanceadas, en las que se encuentra alterado el dar o el recibir, suelen finalizarse. Y aunque parezca absurdo, a veces es la persona que recibe más la que decide retirarse.
¿Por qué? Porque puede llegar a sentir que no tiene cómo compensar a la otra parte. Bien lo ha indicado Bert Hellinger en sus conferencias: quien da todo se queda sin nada. Quien recibe todo, se queda sin nada para dar, porque no puede compensarlo.
La repetición también es balance
Tenemos dos maneras de buscar el balance en el sistema: por repetición o por oposición.
Por repetición: lo hacemos igual a los que vinieron antes que nosotros. Bien sea, colocándonos en el lugar de las víctimas o en el de los victimarios, por ejemplo. O repitiendo una historia familiar dolorosa: abortos, infidelidades, pérdidas dolorosas, entre otras.
Por oposición: cuando lo hacemos completamente diferente a nuestra familia de origen. Por ejemplo, si en mi familia todas las mujeres se divorciaron, entonces yo elijo quedarme casada (sin importar la calidad de mi matrimonio), solo lo hago (de manera inconsciente) por compensar a esas mujeres que se quedaron en su matrimonio. Cómo hacerlo:
No hay maneras correctas o incorrectas de vivir. Solo hay maneras. Darnos cuenta de cómo intentamos balancear nuestras historias es una parte de la solución. Comenzar a hacerlo a nuestra propia manera, sea igual o diferente a los nuestros, es otra manera de salir de nuestros embrollos sistémicos.

Un caso como ejemplo.
Un hombre y una mujer se gustan. Se gustan mucho. Desean estar juntos. Solo que el hombre tiene pareja y la mujer es casada. A ambos, les fueron infieles, es decir, ambos se sienten heridos por sus respectivas parejas.
De manera fortuita se encuentran y deciden estar juntos íntimamente. Después de algunos encuentros, deciden no seguir. Él, sigue con su pareja. Ella, sigue con su esposo.
Luego de sus encuentros, ambos, pudieron compensar sus respectivas historias. Ahora todos son infieles. Nadie es bueno o malo. Todos quedaron en el mismo espectro.
Esto puede dar un aire diferente a ambas relaciones, porque ya no hay deudas o pendientes. Están balanceados.
Sin embargo, el balance no siempre soluciona el tema que hay detrás de la pareja. Una pregunta importante en este caso que se señala sería: ¿Con quién desea estar este hombre y con quién desea estar esta mujer? Entonces la respuesta, puede cambiar todo. O quizá otra interrogante importante sería: ¿En qué tipo de relación quiero estar, una más balanceada en el dar y en el recibir o una en la que yo pueda dar, sin importar el recibir?
Y es que a veces mi propia relación con el DAR y el RECIBIR marca mi forma de relacionarme con el mundo, con mi pareja, con mis amigos, con todos. Y esa manera de DAR y RECIBIR seguramente la tomé de mi historia de origen, por eso es tan importante revisarla y comenzar a hacerlo a mi propia manera.
Autor del texto: Raiza Ramirez. Gestaltista, Coach Ontológico y Consteladora Familiar.
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