lunes, diciembre 01, 2008

La piscina



Sale el sol, comienza a calentar el día y la piscina está allí, justo en frente a ti. Del tamaño que quieras, el agua del color que desees y de la profundidad que te provoque.
Puede ser que te guste o no, que quieras sumergirte en ella o no, que sólo desees mojarte los pies en el agua, que no te guste esto de empaparte.
Ahora fíjate en lo siguiente. ¿Eres de los que se lanza en el agua sin mirar a los lados o eres de los que entra poco a poco, haciendo que el cuerpo se vaya acostumbrando a la nueva temperatura?
No hay respuestas correctas para esta pregunta. Cada quien tiene su ritmo y su velocidad. Quizá lo importante sea ver, según la que tienes, cómo te resulta hacerlo.
Si te sumerges rápidamente: ¿Miras si hay gente dentro de la piscina? ¿Cómo sabes la profundidad de la misma? ¿Está limpia o sucia?
Si entras al agua lentamente: ¿Hay gente que se te adelanta? ¿Sientes algún temor de entrar? ¿Qué te impide mojarte por entero?
No hay formas exactas ni recetas correctas para entrar en el agua. E incluso, puede ser que en este momento, prefieras quedarte seco o seca. Y va a estar bien.
Quizá lo más importante sea observarte. Mirar cómo es tu piscina soñada, cómo es tu actitud ante ella, qué deseas hacer en este momento y cómo lo haces.
Imagina que esta piscina es una relación de pareja. Que simboliza el amor, un vínculo importante para ti, esa unión que te importa, que te interesa. ¿Cómo entras al agua?
Si quieres concertar una cita o te interesa tratar algún tema en particular, me puedes contactar a través del siguiente número de teléfono: 15-63649171 o a través del correo electrónico: raizaramirez@gmail.com

Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares 



viernes, noviembre 21, 2008

Te (me) quiero más que a mi vida

¿Cuántas veces has dicho las siguientes frases? ¿Te suenan?
Si tú no estás, me falta el aire.
Mi vida sin ti no tiene sentido.
Tú le das razón a mi existencia.
Gracias a tí soy feliz.
Tu compañía me hace fuerte y grande.
Contigo puedo pasar cualquier momento, bueno o malo.
Es tu abrazo lo que necesito para ser feliz.
Cuando estoy contigo, mi vida tiene sentido.
Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
Te amo y te necesito para seguir.
Ahora, haz una prueba: Lee estas mismas frases en PRIMERA PERSONA.
Sin MI no puedo vivir. 
Si YO no ESTOY, me falta el aire.
Mi vida sin MI no tiene sentido.
Yo le DOY razón a mi existencia.
Gracias a MI soy feliz.
MI compañía me hace fuerte y grande.
CONMIGO puedo pasar cualquier momento, bueno o malo.
Es MI abrazo lo que necesito para ser feliz.
Cuando estoy CONMIGO, mi vida tiene sentido.
SOY lo mejor que me ha pasado en la vida.
ME amo y ME necesito para seguir.
No se trata de ser AUTOSUFICIENTE y creer que no necesito a alguien para convivir, co existir, estar en el mundo, compartir.
Se trata de saber que YO soy YO y TÚ eres TÚ. Y que aunque TÚ existes, YO me necesito para estar conmigo y luego, para estar contigo.
Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

sábado, noviembre 15, 2008

Mi lugar

En la vida, cada quien tiene un lugar, cada quien ocupa un espacio, cada quien tiene un sitio que es el que le corresponde. Bien sea por rango, estatura, edad, sexo u orientación.

Cuando estoy en mi puesto, la sensación de bienestar prevalece. Nada sobra ni falta, todo está simplemente como tiene que ser.

Y cuando no estoy en mi lugar… ¿Qué pasa?

Es como si por un día, el Gerente General de una empresa se coloca el uniforme del vigilante y se va a la puerta de la compañía a cuidar la entrada y lo que allí sucede. Mientras que el vigilante, entra a la oficina del Gerente General a tomar decisiones corporativas.

Aunque la imagen anterior pueda parecer graciosa, la verdad es que los elementos están fuera de sitio y como tal, se van a sentir en ese lugar que no es el suyo, el que le corresponde.


En la pareja

En una relación amorosa este tema del lugar tiene mucha importancia. Mi sitio dentro del par es al lado de mi esposo, novio, amante, amor o como desees llamarlo.

Mi lugar no es detrás de él o de ella, haciendo las veces de protectora, madre, vigilante o perseguidora.

Mi lugar no es delante de él o de ella, haciendo las veces de hija(o), protegida, vigilada o perseguida.

Mi lugar no es de frente a mi pareja. Porque cuando se trate de ir hacia “adelante”, ambos tendrán la razón y al mismo tiempo chocarán en el intento de futuro.

Mi lugar no es de espaldas a mi pareja. Porque cuando se trate de ir hacia “adelante”, nos alejaremos inevitablemente.

Mi lugar no es estar a cientos de kilómetros (literales o no) y sin contacto.

Mi lugar es a la par. Al lado de mi pareja. De igual a igual. De tú a tú. De adulto a adulto.

¿Cuál es tu lugar? ¿Lo sabes? 


Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

domingo, octubre 26, 2008

El desacuerdo interior


El desacuerdo interior: Si y no al mismo tiempo

¿Qué para cuando una parte de una persona quiere hacer algo y otra quiere hacer todo lo contrario? Cuando no logran ponerse de acuerdo, el ser humano puede llenarse de angustia o confusión, lo que puede generar malestar internamente e incluso problemas en sus relaciones interpersonales. Es un problema que tiene solución. La pelea interna puede tener final feliz.



El cuerpo humano funciona como una gran empresa. Hay diferentes gerencias y departamentos, cada uno tiene su propia misión, trabaja en lo suyo y a la vez, labora en pro y para el organismo entero.

Cuando la compañía funciona adecuadamente, las personas se encuentran sanas, lúcidas, felices, en contacto con la vida. Si, por el contrario, existe algún problema en una de las áreas, entonces comienzan los síntomas: enfermedades, estrés, cansancio, insomnio, por nombrar algunas.

Siguiendo con esta analogía, en una empresa, quienes comandan las diferentes unidades, necesitan ponerse de acuerdo para conseguir las metas de la compañía, sean éstas las que sean. De lo contrario, si uno de los gerentes se dirige el norte y otro al sur, no sólo no alcanzarán al objetivo propuesto, sino que en el camino, es probable que discutan, se distancien y se genere un mal clima laboral.

En el cuerpo

¿Cómo se traduce este ejemplo al individuo? El organismo humano, así como la empresa, desea alcanzar objetivos. Igualmente, posee sus recursos (o sus gerentes internos) para lograr estas metas. Mientras está alineado, todo fluye. Pero ¿Qué pasa cuando una parte de él o ella quiere ir al norte y otra parte quiere ir al sur? Es allí cuando se presentan los inconvenientes y el ser humano comienza a sentirse mal.

Esto es lo que se llama el desacuerdo interior. Es una discusión entre dos partes de la misma persona: una parte quiere irse de un trabajo y otra desea quedarse, por ejemplo.

No se considera un problema si una de las partes quiere llevar a cabo determinada actividad y otra, del mismo organismo, quiere hacer algo diferente. El inconveniente de esta situación se presenta cuando no se llega a un acuerdo entre las dos, y más aún, si no existe una meta en común entre las partes.

Sin balance

A todos los seres humanos les ha sucedido alguna vez. La voz del angelito que le dice en el oído izquierdo que se porte bien y el susurro del diablito que le dice en el oído derecho que se porte mal. Ambas partes creen tener la razón y pueden, en su intento, hacer creer que el otro está equivocado.

¿Qué es lo que acontece? ¿Quién tiene la razón?

Ambas partes tienen que aportar al ser humano. Los individuos están formados por polaridades: lo bueno y lo malo, lo blanco y lo negro, norte y sur. Todos somos todo. Lo que suele suceder es que una de las partes domina este binomio y deja a la otra en la sombra o a oscuras.

Que las partes puedan reconocerse mutualmente es parte del proceso de resolución de este desacuerdo. Negar un aspecto de mi persona, no me ayuda a mejorar. Todo lo contrario, hace que me divida internamente.

A todos nos pasa

En general, todas las personas experimentan el desacuerdo interior. Esto se explica en una frase sencilla: los cambios se producen diariamente en los seres humanos. Lo que ayer era vigente, hoy puede dejar de serlo.

Otro aspecto común tiene que ver con que hay características que un individuo puede rechazar de sí mismo. Y que, por lo tanto, desea cambiarlas. El desacuerdo interior tiene que ver con lo que soy y lo que deseo ser.

En este sentido, lo que se presenta es lo siguiente: un aspecto de la personalidad, una negación a esta característica y un mecanismo o una serie de acciones para transformar esta cualidad rechazada.

Lo que sucede generalmente es que la persona utiliza ciertos métodos para tratar de modificar este aspecto y los mismos no son del todo efectivos. Sin embargo, el individuo no intenta una forma nueva o diferente. Es allí, cuando se genera el círculo vicioso y se perpetua el desacuerdo interior.

Buscar el acuerdo

¿Cómo cambiar este esquema interno? ¿Qué hacer para que esto se modifique y transformar el desacuerdo de dos, en un equipo que marche hacia el logro de una meta?

Para alcanzar esta armonía es necesario que ambas partes se reconozcan y se escuchen. En este esquema, suele haber un aspecto que lleva la batuta de la relación y es la que desea cambiar a la otra.

Lo que se recomienda es darle voz a la cualidad que es rechazada. Por ejemplo, si la persona niega su “ser miedoso”, el trabajo terapéutico estaría enfocado en que esta parte que tiene miedo pueda hablar, expresarse, decir lo que necesita, el trato que requiere y buscar la manera de que pueda existir un acuerdo entre uno y otro.

Cuando las dos partes pueden reencontrarse, encontrar una meta común y trabajar en ella, se equilibra el sistema. Es como si dos de los gerentes de la empresa que es el ser humano, lograran, luego de varias reuniones, juntarse armoniosamente para alcanzar un bien común.

Ejercicio para todos
Hay una actividad que puede realizarse de manera individual y en privado. 

El primer paso es poder ubicar una característica que rechaces de tu persona y que haya persistido en el tiempo.

El segundo paso es localizar la cualidad opuesta a la primera. Por ejemplo, si rechazo la parte “miedosa”, la contraparte será la parte “valiente”. Es importante señalar los aspectos y sus opuestos son personales y varían según cada persona.

La tarea es escribir un cuento en el que ambos características sean las protagonistas. La historia debe tener un inicio, un conflicto y un final feliz. Es muy importante que el final sea armonioso entre ambas partes.

Luego de redactado, la persona puede leerlo y compartirlo si desea. Es una manera sencilla de que cada quien pueda armonizar sus desacuerdos interiores, buscando la integración y el encuentro entre ambos personajes.

Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

jueves, octubre 23, 2008

¿¡Quiero pareja!?



Un llamado popular: quiero tener pareja. Una necesidad, unas ganas, una posibilidad, un deseo, un anhelo. ¿Todas las anteriores?
Ahora bien, vamos a detenernos un poco antes de la búsqueda de la media naranja.
La primera pregunta que te hago es: ¿Realmente quieres estar en pareja? ¿Desde dónde surge la frase o el deseo? ¿Desde tu ser o desde un mandato externo?
Aunque parezca “obvio”, a veces las personas nos podemos dejar llevar por lo que dice mi familia, mis amigos, la gente, mis compañeros de trabajo. ¿Qué pasa si éste es un momento en el que deseas estar a solas contigo? ¿Quién dice que el único estado posible de bienestar se encuentra en la pareja?
Si quieres estar en una relación porque así lo deseas, pasemos a la segunda fase de preguntas: ¿Cómo es la persona con la que deseas armar un vínculo? Si pudieras describirla por dentro y por fuera, ¿Cómo sería?
Luego, ¿Cómo te gustaría que fuera la relación? ¿De qué estilo? ¿Qué te gustaría compartir? ¿Cómo sería un día en la vida de ustedes como un par?
Y, en ese mismo orden de ideas, otras preguntas: ¿Qué necesitas recibir en una relación? ¿Cuáles son tus requerimientos como pareja?
A veces nos concentramos más en el otro o en lo que tengo para dar como pareja, que en lo que necesitamos recibir. Y ambos aspectos son importantes.
En una relación provechosa, del tipo que sea, somos dos. Y como tal, ambos tenemos necesidades, gustos, historias, límites, posibilidades.
El amor no sólo se construye desde el corazón y gracias a Cupido. El amor puede trabajarse: desde adentro hacia afuera, desde mí hacia la posibilidad de un nosotros, desde hoy y hasta cuando dure.
Si quieres concertar una cita o te interesa tratar algún tema en particular, me puedes contactar a través del siguiente número de teléfono: 15-63649171 o a través del correo electrónico: raizaramirez@gmail.com
Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares 


domingo, octubre 19, 2008

El callejón del dolor










El dolor, desde mi perspectiva, es una suerte de callejón amargo e incluso oscuro, por el cual nadie desea pasar y por el que hay que transitar algunas veces en la vida.
 ¿Quién desea desde su cabeza pasarlo mal? ¿Quién quiere que le vaya pésimo en su trabajo, negocio o en la pareja? Muy pocas personas podrán levantar la mano y decir: “Yo no quiero tener éxito en mi vida”.
 Y sin embargo, en diferentes ocasiones de la existencia y por diversas razones, estamos allí, en la puerta de este callejón, con el pecho comprimido, los ojos llenos de lágrimas y una presión en la garganta por el llanto que aún no sale, sin saber muy bien qué hacer.
 Hay personas que intentan evadir el paso por esta calle, pues creen que no tiene salida y que pueden desfallecer en el camino. Entonces, evitan el dolor. Trabajan mucho, tiene sexo sin discriminación, beben excesivamente, es decir, todo con tal de “no sentir”.
 Hay otros que no solo lo pasan, sino que pueden hacer su vida allí, en este lugar inhóspito; se instalan y viven su existencia desde el dolor, e incluso se acostumbran y creen que la vida de todos es así, como la de ellos.
 Aunque no hay una receta para vivir el dolor “adecuadamente”, pues cada quien lo experimenta como puede, sí parece haber un mecanismo que el organismo necesita para extraer esta sensación de malestar de su cuerpo y volver a su equilibrio.
 Poder quedarme en mi dolor, viviéndolo, sintiéndolo, atravesándolo, vaciándome, es una de las formas de que se agote. Una vez que se termina esta sensación, mi cuerpo entero estará listo para comenzar de nuevo. Es como vaciar una taza que está llena, para que pueda estar disponible para una nueva experiencia: un nuevo aroma, un nuevo líquido, una nueva historia.
 Si quieres concertar una cita o te interesa tratar algún tema en particular, me puedes contactar a través del siguiente número de teléfono: 15-63649171 o a través del correo electrónico: raizaramirez@gmail.com

Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica


domingo, octubre 12, 2008

Lo bueno de las malas emociones


El miedo, la rabia, la culpa y la envidia son consideradas sensaciones negativas. Dicen que es malo sentirlas y que lo mejor es erradicarlas. Desde una mirada terapéutica, descubra el lado positivo y la enseñanza que tienen para los seres humanos.

Hay emociones que tienen mala publicidad. El miedo, la culpa, la envidia, por ejemplo. Pareciera que es un pecado sentirlas. Y el mandato social indica que si se experimentan, hay que disimular, bajarle el volumen y hacerlas desaparecer.

Lo contrario sucede con las emociones catalogadas como positivas. Está bien visto sentir alegría, tranquilidad o paz, por nombrar algunas.

El doctor y terapeuta argentina Norberto Levy, escribió en el libro “La sabiduría de las emociones”, que estas sensaciones consideradas como “negativas” son señales que le indican a la persona que hay un problema por resolver.

Levy plantea que las mismas se asemejan al tablero frontal del auto, que señalan al conductor a través de luces si hay un inconveniente. Por ejemplo, al encenderse la luz de la gasolina, significa que queda poca y la persona debe detenerse en una estación de servicio.

El especialista considera que si estos avisos son conocidos y tomados en cuenta, los mismos podrán ser aprovechados para crecer y cambiar y no sólo para experimentar el malestar que puede aparecer con ellos.

“Por más lejana y opaca que parezca, también es posible reconocer esa esencia amorosa aun en las emociones más conflictivas. Cuando se puede encontrar el amor allí donde parece que el amor no está, es cuando se devuelve a la emoción su sentido más profundo”, dice Norberto Levy.

A continuación podrás encontrar la sabiduría que se encierra en algunas de esas emociones que parecen ser malas.

Las emociones una a una

EL MIEDO







El miedo es una emoción universal. Todos la han sentido. Levy la define como la sensación de angustia que se produce ante la percepción de un desafío.

Una de las características de su aparición, tiene que ver con que pareciera que la amenaza es mayor que los recursos que posee la persona para afrontarla.

La secuencia de la emoción es la siguiente: El cuerpo registra una amenaza. Aparece el miedo. Como reacción, se produce una respuesta interior, que puede agravar o atenuar el temor.

El especialista señala que en las personas existe un aspecto temeroso o una parte de ellos que experimenta el miedo. Lo que sucede normalmente es que no se le presta atención, porque se intenta ocultar el temor a cualquier precio.

Escucharlo respetuosamente es una forma de asistirlo. Cuando la persona es capaz de mirar a este aspecto, tomar en cuenta el estado en el que se encuentra y oír lo que éste requiere para equilibrar la vinculación equilibrio-amenaza, transforma este aspecto en un aliado activo.

A tomar en cuenta:
No hay miedos injustificados. Para cada quien la experiencia es diferente, según sus recursos.
Tratar de ocultar el miedo es como intentar tapar la luz de tablero del auto que indica que no hay gasolina. No ayuda en nada.

EL ENOJO














Levy explica que las personas se enojan cuando se frustran. En esta situación, se produce una sobrecarga energética que, al quedarse en el cuerpo, hace que el individuo sienta rabia. El autor comenta que este exceso tiene la función de intentar culminar ese deseo no satisfecho.

El problema no es este exceso, sino que no se utiliza adecuadamente.

Norberto Levy comenta que existe un enojo destructivo. Éste se presenta cuando la persona cree que el obstáculo actúa en su contra a propósito y desea hacerle lo mismo que siente que le están haciendo.

Por ello señala que es importante reconocer no sólo cuando la persona se enoja, sino lo que hace cuando este le pasa. ¿Resuelve o destruye?

Formas de expresión

1) Descarga: es equivalente a abrir la válvula de la olla de presión. La represión puede agravar el problema. Cada quien necesita encontrar su manera de descargar, bien sea con la voz, con movimientos de los brazos o las piernas. Lo importante es hacer una diferencia entre descargar para eliminar la energía excedente en el cuerpo y la que se realiza para ocasionarle un daño al otro.
2) Hacerle saber al otro el impacto de su acción. Es importante poder manifestar cómo se siente la persona ante un acto del otro. Levy explica que en el acto de nombrar lo que se siente, se realiza un importante acto de descarga.
3) Reparar lo reparable. Es fundamental chequear qué se puede salvar de la situación y, por otra parte, tomar medidas preventivas para el futuro.

A tomar en cuenta:
La rabia no es un fin en sí mismo, es un medio para resolver un problema.
Si se intenta hacerle al otro lo mismo que hizo, lejos de resolver, el problema puede agravarse.

LA CULPA











Para Norberto Levy, en el sentimiento de culpa aparecen dos componentes psicológicos: un culpador y un culpado, es decir, uno que acusa y otro que se siente acusado. Para este médico lo importante de esta relación es descubrir cómo actúa este acusador.

El especialista hace la analogía de esta vinculación de la siguiente manera: cada país tiene sus leyes y en cada uno, existe una institución encargada de vigilar su cumplimiento y señalar cuando se da alguna trasgresión. En el organismo, esa institución es el culpador y la señal es el sentimiento de culpa.

Lo crucial de esta emoción está en observar si esa señal, que hace el acusador, ayuda a buscar soluciones o agrega sufrimiento.

Levy indica que esta ley varía según cada persona y su historia y que el mismo, puede ser actualizado en el tiempo. Entonces, el problema puede ocurrir cuando el culpador cree que este código es inalterable. En este caso, se produce la culpa disfuncional.

La relación entre quien culpa y el culpado puede ser considerada buena o mala. Será mala cuando las dos partes no logran llegar a un acuerdo sobre la ley que discuten, porque no la comparten. El culpador no encuentra una forma adecuada de informarle al culpado sobre la trasgresión y no se logra un cambio adecuado.

Por el contrario, será beneficiosa, cuando estas dos partes actúan como un equipo que comparte el contenido del código, cuando el culpador encuentra una manera adecuada de comunicarse con el otro.

A tomar en cuenta:
La culpa no es una tortura sin remedio.
Es importante que el culpado entienda la necesidad de un código de normas y lo importancia de que alguien le avise sobre las posibles trasgresiones que se den.

LA ENVIDIA











Es una de las emociones con peor publicidad. Es casi insultante decirle a alguien “¡Eres un envidioso!”.

Se entiende que la envidia es la reacción de dolor y enojo que intenta destruir lo que tiene el otro cuando se parece a algo que deseamos y no hemos logrado.

La envidia es destructiva cuando la persona trata de decir o hacer algo para que el envidiado, sienta algo parecido a lo que el envidioso está experimentando.

Indica Norberto Levy que el centro de esta emoción no es lo que el otro posee o la destrucción de “eso” que él o ella tiene. El verdadero tema está en lo que le pasa a la persona con esa meta que no ha alcanzado. En este caso, la eliminación del otro no es más que un medio para neutralizar la sensación negativa.

La envidia aumenta cuando además de lo señalado anteriormente, la persona con la emoción, cree que no tiene suficientes logros como para equilibrar aquellos que le producen desazón.

Una forma de resolver esta sensación es lo que Noberto Levy llama la doble reacción. Esto quiere decir dar cabida a las emociones que se dan en la persona, por ejemplo, decir que siente alegría por su logro y la vez tristeza, porque su alegría, recuerda lo que no se tiene en este momento.


A tomar en cuenta:
La envidia es una forma de necesidad impotente y desesperada.
No es un defecto de algunas personas, es una emoción universal.

Más info en:
www.autoasistencia.com.ar

La sabiduría de las emociones.
Autor: Norberto Levy

Texto escrito por: Raiza Ramirez

jueves, septiembre 25, 2008

Ejercicios para padres


No hay escuelas para padres. Porque incluso, aunque se dicten talleres al respecto, cada hijo es tan diferente y cada progenitor tan variado, que ninguna receta pareciera ser adecuada para cada situación.

Por lo tanto, este texto no pretende aleccionar a ninguna madre o padre de familia. La idea es soltar algunas ideas y que cada cual pueda usarla a su manera y probar los resultados.

De entrada, es necesario hacer una aclaratoria: los niños aprenden y repiten lo que miran que hacen y dicen los adultos, especialmente los que tiene más cerca y conforman su referencia. Así que padre, no se sorprenda si el pequeño grita; anímese a mirarse y observar cuántas veces grito en casa sin darme cuenta, solo por poner un ejemplo.

Ahora bien, desde mi perspectiva como psicoterapeuta, veo tres aspectos fundamentales en el manejo de los más pequeños.

El primero es darle espacio y legitimidad a lo que él o ella sienten. Si tu hijo viene a decirte que está bravo, no intentes contentarlo. Abrázalo y asiente a su bravura. Una frase que puedes decirle es: “Sí, mi amor, estás molesto, está bien, mamá y papá están aquí contigo”. Nada más.

El segundo es ponerte en el lugar del infante. Imagina que puedes regresar el reloj y tener la edad de tu hijo o hija. ¿Cómo te sentías en esa edad? ¿Qué palabras te hubiera gustado escuchar? ¿Qué necesitabas recibir? Trata de ponerte a su altura y desde allí, mirarlo a los ojos y estar para él.

Tercero, no trates de ocultarle información a tus hijos, especialmente las noticias menos favorables. Padres, aunque no lo crean, los pequeños tienen una gran facilidad para captar lo que no está en su lugar. En eso, suelen ser más intuitivos que los adultos. Trata de buscar una explicación adecuada para su edad y dile lo necesario.

Hay un detalle más: déjale muy claro a tu hijo o a tu hija que en esa relación, mamá y papá siempre son los grandes, los que se encargan de él, los que le entregan, los que se ocupan. Déjales saber que no hay NADA que él o ella, por más que deseen, pueden hacer para mejorar tu vida de sus progenitores.

Un abrazo nunca está de más. Un “Te quiero” tampoco. Un beso, menos.

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Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica

sábado, julio 19, 2008

Ser responsable

Para algunas personas ser responsable significa pagar las cuentas a tiempo, cumplir con sus obligaciones, ser buenos hijos, padres perfectos, mejores esposas o esposos. Esta es, por decirlo de alguna manera, la definición compartida de este concepto.

Sin embargo, hay otra forma de mirarlo. La responsabilidad tiene que ver con la capacidad que tengo de responder ante una situación determinada, es decir, cómo lo afronto, cómo lo encaro, qué hago al estar frente a frente con ese tema que me inquieta, perturba, alegra o emociona.

Cuando soy responsable, puedo observarme, sentirme, tener y tomar conciencia de mis necesidades, mis limitaciones, mis posibilidades, mis recursos. Y desde allí, puedo decidir qué acción voy a ejecutar y asumir las consecuencias, sean éstas las que sean.

Con responsabilidad puedo decidir si me quedo en un lugar o me voy, sabiendo que si permanezco, ganaré y perderé parte; y teniendo en cuenta que si me voy, igualmente gano y pierdo.

Con responsabilidad, la decisión está en mis manos y no en la de los demás. Mi felicidad o mi tristeza no dependen de un tercero, sino que me pertenecen y como tal, las disfruto o no, cuando aparecen.

Cuando soy responsable no soy dueño de la vida de nadie, solo de la mía. Nadie me pertenece. No juzgo, ni aconsejo, ni doy opiniones. Observo al otro con compasión y me observo de la misma manera. Me acompaño en el camino dulce y en el más amargo. Y puedo ser compañero de alguien en el mismo recorrido, dure un segundo o toda la vida.

El camino de la responsabilidad tiene un precio y una recompensa, como todo. ¿Te atreves a transitarlo?

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Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica

viernes, junio 06, 2008

Anticipar lo peor


¿Qué pasa cuando dejo de estar en el presente y me mudo a un futuro tenebroso y terrible? ¿Qué sucede cuando lejos de imaginarme un final feliz para mi historia, pienso en todo lo malo que puede sucederme?

Esos pensamientos anticipados y nefastos son llamados “Fantasías catastróficas”. No sólo se tratan de malas noticias o situaciones terribles, sino que suelen generar angustia y malestar.

Suelen aparecer cuando experimentamos cambios importantes en nuestra vida: un nuevo trabajo, una mudanza, una nueva pareja. Es allí, cuando se activa la película de nuestra mente y comenzamos a pensar en todo lo terrible que me puede suceder en esta novedad.

El inconveniente no es que aparezca, sino que no me dé cuenta que se hacen presentes. Es igual de problemático cuando me paralizan estos pensamientos y opacan mi realidad actual.

La primera tarea por hacer tiene que ver con darme cuenta cuándo surgen estas fantasías. No tratar de detenerlas o paralizarlas, solo observar el momento en el que aparecen.

Luego que puedas percatarte de su existencia, puedes hacer un ejercicio para enfocarte y quedarte en el presente. Prueba de la siguiente manera: Cuando aparezca la fantasía, mira a tu alrededor y haz un inventario de las cosas y personas que se encuentran a tu alrededor. Por ejemplo: una mesa, dos sillas, una mujer, papeles, lápices, un cuaderno y un libro.

Esta es una manera sencilla de llamarte al aquí y al ahora. Cuando puedes ver que lo que tienes en frente es diferente a lo que tu mente está planteando, las cosas cambian. Primero, porque te anclas en el presente y luego, porque le bajas el volumen a tus fantasías nefastas.

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Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica

sábado, mayo 24, 2008

¿Llueve o hace sol?




Hay situaciones en la vida de las personas que pueden hacer que éstas necesiten protegerse. Por ejemplo, quizá si a un hombre a una mujer le rompieron el corazón, para la siguiente relación, este ser humano puede sentirse receloso para entrar a una nueva experiencia.

Es parecido a haberse mojado bajo un gran chaparrón de lluvia –símil de la relación anterior- y haber padecido neumonía luego de la mojada –analogía con el sufrimiento o duelo-. Esta situación previa puede hacer que se sienta temor, ante incluso un mal tiempo que asoma una posible tormenta. Pues, una nueva oportunidad, puede significar volver a enfermarse y por lo tanto, a pasarla mal.

Bajo esta mirada, la persona decide vivir con el paraguas abierto las 24 horas del día, los 365 días del año. Esto, con la finalidad o fantasía de garantizar que no pueda mojarse de nuevo y, por lo tanto, minimizar la posibilidad de enfermarse. Este ejemplo no es más que protegerme, no exponerme, no mirar ni permitir que me observen, de tal manera que no hay chance de que me rompan el corazón.

Si bien cuando me protejo, puedo creer que garantizo mi bienestar. Si me cierro, no hay posibilidad para el encuentro, para el contacto, ni para experimentar lo dulce de la lluvia. Así sería si vives con el paraguas abierto permanentemente.

No tener paraguas o tenerlo olvidado y cerrado, puede hacer que la lluvia te pesque sin darte cuenta. Exponerte demasiado puede hacerte vulnerable, un blanco fácil.

Si se pudiera hablar de un “ideal”, sería el siguiente: tener el paraguas a la mano, estar pendiente del tiempo y probar. A veces será el momento de abrirlo porque el cielo anuncia tormenta y otras veces de cerrarlo pues el sol está resplandeciente.

Te invito a que te fijes si vives con el paraguas abierto o cerrado. Cómo es tu historia. Quizá antes de cerrarlo, necesitas sacar la mano para saber que ya no llueve y que es tiempo de mirar el cielo azul y los rayos del sol. Si por el contrario, sientes gotas, déjalo abierto. Ya pasará la tormenta.

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Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica

jueves, marzo 06, 2008

Equilibrio total

Los seres humanos anhelan estar sanos, no sólo físicamente sino mentalmente. ¿De qué depende? Especialistas del área de la salud brindan 15 tips para encontrar el tan deseado balance.

El día a día, la rutina, el tráfico, los problemas, lo que falta, lo que sobra, el pasado que atormenta, el futuro que aún no llega, el presente que no mejora.

Todo lo anterior, unido y mezclado en un gran envase, es lo que hace que las personas pierdan su equilibrio y comiencen a experimentar las sensaciones clásicas de los siglos modernos: cansancio, pesadez, estrés, dolores musculares, falta de sueño, angustia, alteraciones en el ánimo, sólo por nombrar los signos más benévolos.

Lo que pareciera un espiral sin salida o un círculo vicioso, puede ser revertidoo alterado. ¿Cómo? Ésa es la gran pregunta.

Comenzar por el principio
A pesar de que un individuo no puede por sí mismo —y más allá de su buena intención—cambiar el planeta entero, sí puede hacer modificaciones en su propia historia, en su pequeño mundo, en su entorno más cercano.

Este pensamiento es quizá el primero para conseguir cierto balance en la existencia: cada quien es responsable de su vida, de su mundo, de su historia. Esto no quiere decir que la persona puede controlar todo lo que le sucede; sin embargo, puede, a través de sus elecciones, buscar diferentes caminos para llegar a su destino anhelado.

Más allá de los paradigmas extremistas que rezan que para que alguien pueda cambiar, necesita realizar un giro de 180 grados en su existencia, algunos especialistas coinciden en que con hacer pequeñas modificaciones en la rutina diaria, poco a poco, el equilibrio irá apareciendo. Cuestión de paciencia y continuidad.

Primeras definiciones
Antes de intentar tener salud mental, valdría la pena saber qué es. Según la Organización Mundial de la Salud , este concepto que, varía su definición según la cultura, incluye el bienestar, la autosuficiencia, autonomía, competitividad, dependencia intergeneracional y la actualización del intelecto y de la potencialidad emocional.

Para Carolina Arria, médico con especialización en pediatría, puede definirse como el bienestar biopsicosocial del ser humano y no solamente como la ausencia de una enfermedad.

Desde otra perspectiva, la psicólogo clínico Antonella Barbarito, indica lo siguiente sobre las personas que poseen una buena salud mental: “Están integradas. Pueden centrarse. Se enfocan en sus necesidades, es decir, están atentas a lo que quieren y desean. Son seres humanos que comen bien, duermen adecuadamente, invierten tiempo en su bienestar físico e igualmente se cultivan interiormente”.

Pasos para…
Aunque no hay recetas escritas para conseguir el equilibrio mental, los especialistas consultados se animan a dar algunas ideas sencillas que todos pueden —si quieren— llevar a la práctica en sus vidas para estar mejor.

Respirar
Si bien es una actividad que todos los seres vivos realizan a diario y constantemente, también es una de las más olvidadas o menos tomadas en cuenta.
“Es importante que aprendamos a hacerlo adecuadamente”, dice Antonella Barbarito. Cada quien debe encontrar su propio ritmo y su profundidad. Las personas no siempre respiran igual. Si están agitadas o molestas, es más superficial; en los momentos de tranquilidad, paz o placer, se hace más profunda.
Un pequeño ejercicio: tomarse un par de minutos para hacer contacto con la respiración. Cerrar los ojos y sentir cómo el aire va entrando y cómo va saliendo. Sin intentar apurarlo o frenarlo, sólo observando.

Lo rico y lo sano
Tan perjudicial es estar a dieta de manera constante, como vivir en una perenne bacanal alimenticia. El equilibrio en esta área es también crucial para la salud. “Puedes comer sano y no estar a dieta. Ingiere alimentos que además que te gusten, te hagan bien”, dice Barbarito.
El terapeuta Ronald Altuve, recomienda cuidar lo que se ingiere y no comer más de lo que el cuerpo necesita. “No nos acordamos del cuerpo hasta que nos enfermamos”, añade.
Carolina Arria, por su parte, señala que acompañando a la alimentación, la hidratación es fundamental. “Es tan importante el líquido que entra a nuestro cuerpo, como el que se evacua. Cuando estamos mejor hidratados, podemos manejar mejor lo que ingerimos en la dieta diaria”, señala.

El buen dormir
El descanso debe ser reparador. En este caso, Antonella Barbarito indica que es importante escuchar al cuerpo. “Hay personas que con cinco horas de sueño, se sienten como nuevas y otras, necesitan diez”. Es igualmente esencial, dedicarle tiempo a la preparación del dormir. Tener un rito previo, puede hacer que el cuerpo se prepare para este lapso. Bien sea, tomar un vaso de agua, ver televisión, escuchar música, leer, meditar o decir una oración.

A mover el esqueleto
Comenzar a hacer ejercicio no significa estar metido en el gimnasio todo el día. Iniciar con una rutina de por lo menos media hora, durante tres o cuatro veces a la semana es más que suficiente para oxigenar el cuerpo, poner a funcionar los músculos y acelerar el metabolismo. Poco a poco, según los gustos y capacidades, se podrá incrementar el tiempo y la frecuencia.

Escapar de la rutina
No hacer siempre lo mismo, es la máxima que indica la psicóloga consultada. La persona puede darse el permiso de probar nuevas experiencias, bien sea en un momento serio o un instante relajado.
Por ejemplo, buscar nuevas vías para ir al trabajo y no tomar siempre la misma ruta. Desayunar en lugares diferentes. Ir a hacer las compras en otro supermercado. Pequeños detalles pueden hacer la diferencia. Probar algo nuevo puede dar nuevas perspectivas. Quizá en esa panadería desconocida hacen el mejor pan de la ciudad.

Buscar tiempo y espacio
Es sano buscar un momento del día para estar a solas, para pensar, reflexionar, leer un libro, escuchar música, darse un baño o cualquier actividad preferida.
En este sentido, Ronald Altuve comenta que es vital mantener el equilibrio entre el descanso, el trabajo y la diversión. “Que el trabajo no ocupe mayor tiempo que el descanso y que éste no sea mayor que la diversión. Es necesario procurar que cada cosa tenga su lugar”, indica el terapeuta.

Vivir en el presente
El pasado ya pasó, el futuro aún no llega. Así que el único tiempo real que las personas poseen es el presente. Quedarse en el aquí y el ahora es una manera de estar en contacto.
“La gente suele estresarse porque se va para lo que aún no ha sucedido. Aunque es importante tener visión de futuro, no se puede vivir en una permanente presión”.Un ejercicio simple para permanecer en el ahora es el siguiente: mirar alrededor y hacer un inventario de los objetos reales y tangibles que allí se encuentran, por ejemplo, un árbol, una mesa, dos sillas. De esta manera, la mente y el cuerpo se ubican en el momento actual y no huye a otro tiempo.

La congruencia
Ser coherente. ¿Qué significa esto? Que lo que se piensa, se siente y se haga vaya en la misma línea. Por ejemplo, si alguien siente tristeza y piensa que está triste, es congruente cuando se da el permiso de manifestar esta emoción, de la manera que su organismo lo crea conveniente: en silencio, llorando, escribiendo, meditando.
Cuando se siente una cosa y se lleva a cabo otra, el organismo de alguna manera se quiebra internamente. En este caso, cada quien debe mirarse y hacer contacto con lo que piensa y siente y, a partir de allí, decidir qué desea hacer.

Pensamientos positivos
“Agradecer es muy importante”, dice Antonella Barbarito. Poder tomar un tiempo para hacer el inventario de lo bueno que tiene la vida ayuda mucho, da fuerzas para seguir andando. Los pensamientos pueden ser mucho más poderosos de lo que se puede imaginar. La psicóloga recomienda disponer de una frase positiva para comenzar o terminar el día.

Ejercitar la mente
Hacer crucigramas, sudokus o ejercicios para el cerebro, no sólo ayudan a desarrollar la memoria sino que mantienen ágil la mente de las personas. Pensar es una actividad que mientras más se practica, más beneficios trae para el cerebro.
La psicóloga Antonella Barbarito hace una diferencia entre pensar y “rumiar”. “Hay que tener cuidado y trabajar las rumiaciones, es decir, esos pensamientos cíclicos queno van acompañados de acciones y no ayudan”, dice. Por su parte, el terapeuta Ronald Altuve invita a la gente a pensar en lo que hacen y/o dejan de hacer.

Aprender a poner límites
“60 por ciento de los problemas nacen de la ausencia de límites. Es necesario establecer un espacio propio. Si no los tienes, te vuelves invisible”, dice Ronald Altuve. Añade que en este tema, es necesario empezar por cada quien.
Aprender a decir “no” cuando no se desea una situación es fundamental para el equilibrio mental. No se puede dar una respuesta afirmativa ni a todo, ni a todos.
En este sentido, Carolina Arria señala que los límites están vinculados al contacto. “Cuando una situación te hace daño o es nociva para ti, es necesario detenerse y decir hasta aquí”.

Metas realizables
Si bien plantearse objetivos es importante, establecerlos de manera objetiva y realista lo es mucho más. “Cuando nos colocamos metas que podemos cumplir, nos sentimos mejor con nosotros mismos y podemos lograr un mejor desempeño”, dice la doctora Arria.
A lo que Ronald Atuve agrega: “No te pongas fantasías, fíjate planes concretos”. Una vez que los objetivos estén allí, frente a la persona, es tiempo de leerlos nuevamente. Y allí determinar varios aspectos: en primer lugar, si realmente son actividades que se desean llevar a cabo; segundo, de quién dependen; tercero, si puedo fragmentarlas en tareas más pequeñas que sean más fáciles de alcanzar.

Rescatar la lentitud
La rapidez con la que las sociedades modernas funcionan, lejos de acercar a los seres humanos, los aleja. Todo es a mucha velocidad: internet, la comida, los viajes, salir, ir, venir. De vez en cuando, hacer alguna actividad de manera más lenta (o menos rápida), puede brindar una perspectiva diferente.
Se puede comenzar por la comida. Intentar masticar de manera pausada, tratando de saborear cada ingrediente, cada sabor, cada detalle. Tomando tiempo y lugar para ese momento. Al realizar dos o tres actividades en simultáneo, lejos de ser más efectivos, las personas se aíslan más. ¿Qué tal sería realizar solo una actividad en un momento determinado y hacerla pausadamente?

Observar, no juzgar
Aprender a mirarse modifica la existencia. Si una persona se juzga de manera constante y se maltrata con la palabra, no crece, no aprende, no cambia. Si un ser humano comienza a mirarse compasivamente, esto quiere decir, con pasión y con amor hacia sí mismo, cosas maravillosas comienzan a sucederle. De esta manera, puede darse cuenta de lo que le pasa —por dentro y por fuera—, puede saber qué le falta o qué le sobra, puede notar si está en un ambiente adecuado para él o no y al final, es capaz de comenzar a movilizarse para lograr lo que necesita, desea y quiere para sí mismo.
Cuando un hombre deja de juzgarse a sí mismo, inmediatamente, dejará de hacerlo con el afuera. Y eso ya resulta un gran cambio de vida.

Asumir la responsabilidad
Hacerse cargo. Con esto tiene que ver la responsabilidad: con la capacidad de responder ante las diferentes circunstancias que se presentan, saber que cada quien toma las decisiones que cree son mejores para sí mismo y que humor y calidad de vida no depende de una segunda o tercera persona.
Ser responsable no es sólo pagar las cuentas a tiempo o cuidar a los hijos adecuadamente. Está vinculado además con dejar de pensar que lo bueno está afuera y significa encontrar eso mismo dentro de cada uno.

Articulo publicado en la revista Estampas Temática (Salud) del día sabado 2 de febrero de 2008.
Autor del texto: Raiza Ramírez

lunes, febrero 11, 2008

Terapia para dos

Cada pareja es un mundo. Posee sus propios esquemas, características y ritmos. Con el tiempo algunas relaciones se deterioran, ¿es la consulta con un psicoterapeuta la solución?

Los cuentos de hadas son cuentos de hadas, y muchos veces el “vivieron felices por siempre” es una fantasía. En la vida real, parejas se crean y se disuelven a diario. Se aman y se pelean. Se encuentran y se desencuentran. Se muestran afecto y se manifiestan rabia. Todo sucede casi de manera simultánea.

El mundo de dos seres que deciden estar juntos por un tiempo determinado, está lleno de matices, cambios, bondades, dulzuras, defectos, historias, pasado, malestar, dolor y amor.

La psicoterapeuta Irene Specht, cuando habla del tema, de entrada plantea lo siguiente: “Pareja es par. Y no es tener sino ser”. Este pensamiento va dirigido a las personas que poseen a un novio(a) o esposo(a) como un objeto más de un inventario de cosas que conforman su existencia.

“Ser pareja tiene una implicación de respeto, consideración y responsabilidad. Uno se siente agradecido con la vida por haberse encontrado con esta persona”, indica la especialista. Cuando la relación marcha bien, hombre y mujer se mantienen juntos y contentos, parece que no hay nada que modificar, la unión marcha sobre rieles. Cuando el ambiente cambia y comienzan ciertos roces o inconvenientes, la distancia se hace presente. Y es, en estos segundos momentos, cuando alguna de las partes pronuncia la frase: “Necesitamos ir a terapia”.

La selección del especialista y el tipo de abordaje depende de muchos factores. Dado que en 99% de los casos, la pareja asiste cuando está pasando por un temporal o tormenta —según el caso—, lo más común es que sea uno de los dos quien escoja al terapeuta, bien sea por la recomendación de un amigo, conocido o familiar, la lectura de una revista o la búsqueda a través de Internet. 

Llegar es sólo el primer paso, quedarse en el consultorio es uno de lo retos
más grandes que se presentan, sin contar con el hecho de tener que hacer ajustes para seguir en el camino de dos. 

Ya en el consultorio

De entrada, hay una forma instantánea de saber si una pareja tiene futuro o no. Lo indica el terapeuta alemán Bert Hellinger, creador de las Constelaciones Familiares: cuando dos personas tienen energía suficiente para discutir o pelear, hay posibilidad de salvar al par. Cuando reina la indiferencia, no hay nada que hacer. El amor se acabó cuando el otro o lo que le suceda al otro, da igual. “La energía del conflicto puede ser la del contacto, es decir, la forma en la que este par instrumentó su acercamiento. Ellos necesitan ayuda si quieren hacerlo distinto. A veces pasa que cuando dejan de pelear, se acaba la relación, porque eso era los que los mantenía unidos”, dice la terapeuta consultada. Otro aspecto que habla de la unión de estos dos seres es la risa. ¿Se ríen entre ellos, los chistes aún causan gracia, se sonríen entre ellos cuando conversan, cuando se hacen un favor, cuando están juntos? Sobre este tema, la experta consultada señala: “Cuando una pareja deja de reírse entre ellos, para mí la relación va en vías de terminarse”.

El top ten de los temas

Hay casos como parejas existen. Cada una está escribiendo su propia historia día a día. La especialista reflexiona en este sentido: “Las parejas forman juegos dialécticos que vienen de generación en generación. Cada nueva pareja es una síntesis de una historia que viene de atrás y se encuentran justamente para hacer una nueva tesis que servirá a las generaciones posteriores”. A pesar de lo anterior, al consultorio suelen llegar temáticas parecidas o con aristas similares. A continuación algunas de las más escuchadas:

1) Un tercero
“Uno de los casos más comunes es el de la infidelidad, bien sea de parte del hombre o de la mujer”, dice la especialista. Los cuernos, al parecer, tienen cura. Una buena dosis de amor, compasión del uno por el otro y, por sobre todas las cosas, poder darse cuenta que en una relación, la responsabilidad es compartida, lo que significa que no sólo “el infiel” es el culpable de la situación. Es allí cuando, aunque no se entienda, cabe la pregunta: “¿Qué hice o dejé de hacer para que esto sucediera?”

2) ¿Quién es el mejor?
Este par llega a terapia porque uno de los dos vive una crisis de incompetencia. “Dejan de ser competentes para convertirse en competidores, para demostrar que tiene la razón”, indica terapueta. Son parejas que en vez de buscar complementarse, compiten entre ellos. Su conversación suele tener las siguientes frases: “Pero es que él”, “Pero es que yo”. “Son parejas que no están con, sino en contra”, indica la terapeuta.

3) Lealtad familiar
Tanto mujeres como hombres repiten patrones ancestrales, muchas veces sin darse cuenta. Por ejemplo, si en una familia, todas las féminas son madres solteras, este es un esquema que se perpetúa en el tiempo. “Es la forma en la que él o ella aprendieron a ser pareja, así conocen el amor”, dice la especialista. Es por ello que es necesario y sano que cada uno de los integrantes del par, revise su historia familiar. De esta manera, podrá darse cuenta desde dónde está uniéndose a otra persona.
En terapia, a través de las Constelaciones Familiares, por ejemplo, se puede mirar el sistema de cada cual y así, poner orden en el mismo, para que luego él o ella puedan decidir qué desean hacer y si lo quieren realizar igual o diferente a los suyos.

4) Olvido propio
Hay casos en los que alguno de los dos miembros de la relación se olvida de sí mismo —como persona— y se dedica solo a los otros roles que tiene: madre o padre, esposo o esposa, profesional, hijo o hija. Allí, se puede observar cómo son seres humanos que viven para el otro y de alguna manera se descuidan, bien sea física, mental o espiritualmente. Si esta persona decide cambiar y comienza a pensar en sí misma, se pueden presentar inconvenientes en la relación. Será el momento para que ambos pongan su parte y puedan negociar una unión diferente.

5) Estar y no estar
La presencia física no es siempre sinónimo de disponibilidad. Hay oportunidades en las que por más que dos personas “estén juntas” e incluso vivan en la misma casa, la ausencia de uno o de ambos se nota en la relación. “Servir un plato de comida no quiere decir 'estoy contigo'”, explica la terapeuta. Indica que existen mujeres tan ocupadas que no están presentes para la relación. Con los hombres puede pasar de manera similar. Se mantienen en el matrimonio por los hijos,
se llenan de trabajo y no se comprometen con su pareja. La falta de compromiso en la pareja está vinculada con la ausencia de valor hacia sí mismo. Este tipo de personas suelen estar en conflicto con su familia de origen, lo que de alguna manera les imposibilita el estar plenamente para la relación. La solución puede llegar cuando el paciente —de manera individual— puede mirar a su familia entera, honrarlos y luego asumir la responsabilidad de su vida y la posibilidad de hacerlo diferente.

6) Cuando cambie, seré feliz
Es muy común escuchar en un consultorio de terapia a una mujer o a un hombre, pidiéndole a su pareja que cambie tal o cual rasgo, tal o cual hábito de vida, tal
o cual actitud. En estos casos, la persona que solicita esta modificación piensa que es lo más justo para los dos y suele creer que luego de que esta transformación ocurra, van a ser verdaderamente felices. En este sentido, la especialista explica: “Cuando intento cambiar a alguien es para usarlo según mis necesidades. No amo a la persona por lo que es, la amo según las expectativas que me hice de ella”. Es cuando uno de los dos intenta, cual escultor, esculpir al otro según su imagen y no aceptando lo que tiene en frente.
La salida para este tipo de problemática puede ser: la persona se queda en la relación tratando de cambiar al otro; la persona se queda en la relación aceptando al otro; la persona se da cuenta que no tiene lo que desea y se marcha.

7) ¿Y si cambio yo?
La contraparte de lo anterior. Uno de los dos se convierte en lo que su pareja desea. Si a él le gustan las películas de terror, ella se convierte en una fanática (da igual si le agrada o no este tipo de cintas). “Dejo de ser yo, para convertirme en otro”, dice la terapeuta. Y agrega: “Al final no me quieren a mí, sino a ese en que me convertí”.

8) Una vida, mil parejas
Ya en una consulta individual puede llegar un ser humano que no se queda en ninguna relación. Cambia de pareja cada cierto tiempo porque ninguna persona le acomoda a sus estándares. “Una persona que no se encuentra, busca en el otro lo que no consigue en sí mismo. Lleva relaciones tipo tarzán, es decir, van de liana en liana. No hay experiencia de contacto, ni consigo y mucho menos con el otro”, dice al respecto la experta consultada. Añade que al tener tantas necesidades insatisfechas, requiere a muchas personas para llenar ese vacío. Y mientras más experiencias tiene, va perdiendo su capacidad de relacionarse.

9) Veto a la familia política
Lo ideal es que ambos miembros de la pareja se miren de tú a tú, esto quiere decir de igual a igual. Ninguno de los dos es mejor que el otro. Esto incluye las familias de ambos. Es importante comenzar por agradecer a la familia del otro, pues sin ellos, la relación simplemente no sería posible. “Cada quien funciona desde lo que cree que es el amor”, indica. Explica que si una persona desprecia a la familia de su pareja, es necesario revisar esa unión, pues hay algún tema que resolver en ese sistema. Igualmente, digno de revisar es el caso contrario, cuando uno de los dos ama a la familia de su pareja más que a su par. “Aquí es necesario explorar su propia historia porque quizá esta persona está buscando una familia en la que pueda apoyarse”, dice la terapeuta.

10) Los ex
Si hay algo que no se puede cambiar es el pasado. Luchar en contra de una relación anterior de la pareja es una batalla perdida. “Si trata con respeto, será tratada con respeto”, indica Specht. La nueva pareja debe asumir que ella es la segunda, la tercera o la quinta, ése es su lugar, según el pasado del hombre o de la mujer que eligió para compartir. Si hay hijos previos a la unión, es muy importante tratarlos con amor, de esta manera, su pareja podrá estar completamente para ella y no habrá competencia. Ahora bien, si una de las dos partes no hay cerrado el ciclo anterior, la nueva unión tiene pocas probabilidades para avanzar y establecerse. “Siempre habrá un fantasma en esa relación, será una pareja de tres o de más personas”, dice la especialista.

EN RETIRADA
Los paradigmas sociales indican que terminar una relación es igual a sumarse un fracaso sentimental. Pareciera que es necesario estar en pareja, aunque la misma
no funcione. Cuántas personas se mantienen unidas a otras aunque no se amen, aunque no se respeten, aunque no se quieran, aunque no tengan nada en común. Más de
las que realmente lo asumen. Desde el punto de vista terapéutico, a veces lo más sano es retirarse. “Si cuando una persona hace el balance en una relación y al
final dice “yo no puedo vivir con esto”, lo mejor es separarse, más allá del dolor que pueda generar”, dice Irene Specht.


AMAR Y NECESITAR
Lo sano
1. Decir: “Te necesito porque te amo”
2. Aceptar al otro tal y como es. Con sus virtudes y defectos.
3. Mirar con respeto las parejas previas del consorte. Asentir al pasado y que cada quien ocupe su lugar.
4. Escucharse amorosamente. Mirarse con compasión (con-pasión)
5. Decir: “Me siento agradecido(a) por haberme encontrado con este ser humano”.

Lo no sano
1. Decir: “Te amo porque te necesito”
2. Querer cambiar a la pareja. Moldearla según los deseos y las necesidades.
3. Desear ser más importante que los hijos o que alguna de sus parejas previas.
4. No escuchar o hacerlo desde la propia historia. Creer que siempre se tiene la razón.
5. Decir: “Tengo apartamento, novio, carro, trabajo y salud”. Como un inventario de elementos que forman la vida.

Articulo publicado en la revista Estampas Temática (Pareja) del día sabado 9 de febrero de 2008. 
Autor del texto: Raiza Ramírez

lunes, enero 14, 2008

¿Qué me contiene?

La vida está llena de cambios. De altos y bajos. De momentos agradables y otros menos divertidos. Es así. Sucedo todo el tiempo, de forma constante, continua.

El detalle está en que los seres humanos preferimos los buenos momentos que los malos. La tristeza, la rabia y el dolor tienen mala publicidad. Sentirlas se tiene como “no bueno” o más bien, como “malas”.

Todas las emociones son válidas y legítimas. Lo sano es dar espacio a cada una de ellas, tanto a las que consideramos mejores, como las que tildamos de peores.

Ahora bien, cuando las cosas no van “tan bien” como me gustaría, ¿Qué hago? ¿Cómo me comporto? ¿Qué me ayuda? ¿Cómo mejoran mis emociones?

En este punto de la historia es importante contar con lo que se llama “Mi Contenedor”. Esto quiere decir, alguna actividad que me contenga, que me alivie, que me calme, que me ayude.

Fíjate por un momento en esto que te contiene. Observa a ver si tienes alguna actividad que te sirva y te ayude a equilibrar tus emociones.

Ahora, chequea si se trata de una actividad que puedes hacer solo o necesitas a alguien para realizarla. Observa si se trata de una persona cercana a ti y mira si dependes de alguna manera de otro ser humano para sentirte mejor. Entonces, ¿qué te pasa si él o ella no están disponibles para ti?

Digamos que lo ideal, por decirlo de alguna manera, sería encontrar un contenedor que te brinde paz y que puedas realizar por tu cuenta, en solitario y sin necesidad de grandes gastos de energía, dinero o movilización.

Por ejemplo, puedes utilizar la meditación, la oración si eres creyente, escuchar música, ir al cine, mirar televisión, caminar, pasear, ir de compras, irte a la peluquería, escribir, respirar, o cualquiera que se te pueda ocurrir.

Quizá, lo más importante de esto, es encontrar este contenedor personal. Puedes ir probando diferentes actividades hasta que encuentres la que más te funcione.

Si quieres concertar una cita o te interesa tratar algún tema en particular, me puedes contactar a través del siguiente número de teléfono: 15-63649171 o a través del correo electrónico: raizaramirez@gmail.com

Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica

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