La indecisión puede apoderarse del momento, las dudas y otros muchos factores pueden influir a la hora de tomar un rumbo determinado.
En otros casos, puede ser que una persona no tenga problemas para elegir, sino más bien para defender sus elecciones.

A continuación un ejemplo.
Ana llega a un restaurante con sus amigos más cercanos de la Universidad. Se sientan en la mesa y les traen el menú.
Ana mira rápidamente la carta y escoge lo que desea comer: una ensalada. No hay duda de que ese es el plato que desea comer. Ella lo sabe. Se siente contenta ante la sola imagen de su ensalada frente a ella, se le hace agua la boca. Sabe lo que quiere y cierra el menú mientras sus amigos siguen mirando y decidiendo.
Llega el mesonero a la mesa a solicitar la orden. Ana es la primera en pedir su ensalada. El camarero anota la orden y los amigos de Ana comienzan a cuestionar su decisión: "Es poco, con eso no te vas a llenar", "¿Ensalada? ¿No será mejor que comas un pollo?, "Aquí las ensaladas no son tan buenas", "¿Estás segura de que eso es lo que quieres?", entre otras frases.
Se vive un momento de tensión en la mesa. Ana se incomoda. Su ánimo tranquilo y seguro cambió por completo. Empieza en ella un debate interno: ¿La ensalada será realmente lo que deseo?, ¿Tendrán mis amigos razón?, ¿Estaré equivocada?, ¿Qué es lo que quiero de verdad?.

Ana mira rápidamente la carta y escoge lo que desea comer: una ensalada. No hay duda de que ese es el plato que desea comer. Ella lo sabe. Se siente contenta ante la sola imagen de su ensalada frente a ella, se le hace agua la boca. Sabe lo que quiere y cierra el menú mientras sus amigos siguen mirando y decidiendo.
Llega el mesonero a la mesa a solicitar la orden. Ana es la primera en pedir su ensalada. El camarero anota la orden y los amigos de Ana comienzan a cuestionar su decisión: "Es poco, con eso no te vas a llenar", "¿Ensalada? ¿No será mejor que comas un pollo?, "Aquí las ensaladas no son tan buenas", "¿Estás segura de que eso es lo que quieres?", entre otras frases.
Se vive un momento de tensión en la mesa. Ana se incomoda. Su ánimo tranquilo y seguro cambió por completo. Empieza en ella un debate interno: ¿La ensalada será realmente lo que deseo?, ¿Tendrán mis amigos razón?, ¿Estaré equivocada?, ¿Qué es lo que quiero de verdad?.

Ahora, la pregunta es para ti: ¿Qué harías tú?
¿Cambiarías la orden o pedirías lo que deseas?
¿Defenderías tu elección? ¿Cómo lo harías?
¿Le dirías algo a tus amigos sobre tu elección y lo feliz que te hace esta decisión?
¿Cuántas veces has cambiado "la orden" para complacer al otro, pasando por alto tus propias necesidades, gustos o deseos? ¿Y cómo te has sentido luego de hacerlo?
¿Cambiarías la orden o pedirías lo que deseas?
¿Defenderías tu elección? ¿Cómo lo harías?
¿Le dirías algo a tus amigos sobre tu elección y lo feliz que te hace esta decisión?
¿Cuántas veces has cambiado "la orden" para complacer al otro, pasando por alto tus propias necesidades, gustos o deseos? ¿Y cómo te has sentido luego de hacerlo?

Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares
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