sábado, agosto 28, 2010

La empresa con un solo empleado


Por muchos años esta mujer tuvo y mantuvo una empresa de múltiples empleados. Estaba tan atareada con sus ocupaciones que se olvidó de ella misma. A veces no se pagaba el sueldo, hubo años en los que no vio utilidades. Hubo momentos en los que una conversación para desahogarse era necesaria, pero prefería utilizar sus oídos para atender a sus empleados, a esos que dependían de ella. En el fondo, era feliz. En el fondo, era infeliz. De cualquier manera, pensó que valía la pena este sacrificio.

Pasó el tiempo. Sus empleados fueron creciendo, cambiando, mutando. Fueron sintiendo otras cosas. Comenzaron a necesitar cambios. Fueron renunciando. Poco a poco, uno a uno. La mujer, jefe por mucho tiempo de esa empresa maravillosa, casi no notó los cambios. Estaba inmersa y dedicada a hacerlos a todos los que estaban muy felices. Su vida seguía más o menos igual. A veces no cobraba sueldo, casi no pasaba por su oficina.


Un día, un día que amaneció diferente. La mujer llegó a su empresa, a su bella empresa y se quedó perpleja. No había nadie. Ni un alma. Estaba todo vacío. El primer sentimiento que la invadió fue la sorpresa. No lo podía creer. Buscó en su libro de empleados y solo le quedaba uno en la nómina: ella misma.

Luego de la sorpresa llegó la tristeza. Se sentía sola. Profundamente sola. Ya no tenía a quién atender y a quién solucionarle sus temas laborales. Ahora el negocio no solo dependía de ella, sino que era solo para ella.

Pasó un tiempo antes de que pudiera disfrutar esta nueva empresa unipersonal en la que se había convertido su vida. El día que comprendió que los ingresos eran todos para ella en este momento, el día que supo que las utilidades ya no las tendría que compartir, el día que se dio cuenta que tenía mucho tiempo para ella y sus necesidades, ese día comenzó a disfrutar su propia empresa, su propia historia, su propia vida.



NOTA:
Esta historia es una analogía de alguien que en vez de dedicarse a vivir su propio destino, por amor a los suyos, decidió hacerse cargo de su familia por muchos años, olvidándose de ella misma.
Luego de hacer un movimiento de Constelaciones Familiares, su empresa quedó sin empleados y ella comenzó a hacerse cargo de su propio destino. Primero, con mucho dolor; luego, con mucho amor por ella misma y por los suyos.

Los que nos aman sonríen cuando nosotros somos felices.
Los que nos aman lloran cuando nosotros lloramos.
El sacrificio no hace crecer a la familia. El movimiento sí!

Autor del texto: Raiza Ramírez

jueves, agosto 26, 2010

La familia: Membresía asegurada




En una Constelación en la que tuve la oportunidad de participar recientemente surgió una imagen muy hermosa.

La paciente (una mujer adulta) narra cuánto se esmera y "lucha" por ayudar a sus hermanos y en general a los miembros de su familia. Se esfuerza, les demuestra a todos cuán buena es ella, realiza acciones por todos (incluso cosas que ellos no le piden). Y sigue siendo infeliz. Sigue sintiéndose mal. Y sigue sin ver los resultados de su lucha titánica.

En la imagen cuando ella se acercaba a sus hermanos, ellos se alejaban. Si ella iba al norte, ellos se iban al sur. Si ella iba al sur, ellos iban al norte. Esta visión dejó a la mujer muy perpleja. "¿Por qué se alejan de mí? ¿Qué pasa que no me miran? Si yo lo único que quiero es ayudarlos... ", eran algunas de sus frases.

Adicionalmente, se agregó un representante secreto (nadie sabía quién era). Era el destino de la paciente. La representante del destino de la paciente manifestaba que se quería ir y que había algo pesado que la hacía querer tirarse al piso. Pasados unos minutos, se sentó en el piso. No tenía fuerza. Estaba absolutamente aplastada. La cliente o paciente no miraba a su destino, seguía mirando a los integrantes de su familia.

Más allá de la "solución" en esta Constelación o en este movimiento sistémico, hay dos aspectos importantes que me gustaría destacar:

El primero es la idea poderosa de que no es necesario luchar tanto ni tan duro por pertenecer a nuestra familia. Tenemos ese carnet y esa membresía ganada desde que mamá y papá hacen el amor y ella queda embarazada. Es un carnet que me dan apenas piso este planeta y el cual, aunque lo borre, lo gaste, lo maltrate, siempre está vigente y sirve. No hay mucho que hacer para pertenecer a mi familia. Solo asentir a ella como es.

El segundo pensamiento tiene que ver con esto tan importante que es "mirar mi destino". Si estoy tan metida en el destino del otro o de los otros y no miro al mío, ¿qué le pasa a mi destino? ¿Cuáles son las consecuencias? Lo más interesante es que haga lo haga, nadie se va a encargar de mi destino por mí, o quizá sí, alguien que me ame mucho (como un hermano o un hijo) y ese sea su precio.

Si la familia es una orquesta y cada quien toca un instrumento... busca tu instrumento, el tuyo, el propio, el que te tocó. Y tócalo mejor que nadie! Dale con todas tus fuerzas que ése es tu destino. No intentes tocar el instrumento del otro. Es demasiado para ti.

Una última idea: llevemos con orgullo y dignidad el carnet que nos tocó en nuestra familia. Es único y nos lo regalaron los mejores: los que vinieron antes que nosotros.


Raiza Ramirez

lunes, agosto 23, 2010

El Terapeuta en Constelaciones Familiares


Después de algunos años (no tantos) de experiencia con el trabajo de Constelaciones Familiares me atrevo a escribir algunas ideas del rol del facilitador que aplica este tipo de terapia, bien sea para grupos o de manera individual. Son reflexiones basadas en la experiencia y sobre todo en el trabajo con los grupos de formación. Es mi humilde visión. No una verdad absoluta.



Una de las primeras frases que me viene a la mente cuando pienso en un terapeuta de Constelaciones Familiares es la siguiente: “El constelador pone el 50% en el trabajo y el otro 50% lo coloca el paciente”. Éste es un buen comienzo de la consulta.

Técnicamente hay varias maneras de hacer una constelación. Creo que el estilo y los recursos de cada terapeuta son lo que marcarán la diferencia en cada caso. Y no hay casos iguales.

Ver a cada persona como única y a su tema y a su familia como algo único es quizá una de las mejores herramientas que podemos tener para abordar un caso. Es importante no dar nada por sentado.

Otra de las ideas importantes es el lugar que ocupo como terapeuta. No se más que mi paciente, jamás. Él es quien sabe su historia y la cuenta como puede. Yo solo soy una hormiga delante de su sistema. De su sistema perfecto como es.

Mi trabajo tiene que ver con mirar compasivamente al que tengo en frente y saber que ha hecho lo mejor para su familia, aunque sea desde el amor ciego, infantil y con la lealtad ciega que caracteriza a los embrollos sistémicos.

Lo primero es no juzgar. En ningún momento. No hay buenos ni malos. Los hilos de cada familia se tejen como pueden. Y así es perfecto. El trabajo, a través de la entrevista o preguntas tiene que ver más con encontrar repeticiones, ver a quién o a qué se excluyó y cómo ese sistema familiar encontró su forma de compensación para mantenerse.

Hay dos preguntas que suelo hacer al principio del trabajo y que me gustan mucho. No son originales ni de mi creación. Las he tomado prestadas de gente que sabe mucho más que yo, como Carola Castillo y Joan Garriga.

Las preguntas son simples y muy complejas al mismo tiempo:
1) ¿Cuál es tu tema o qué quieres mirar?
2) Si hacemos la constelación, ¿Qué vas a lograr?, ¿Qué va a cambiar o será diferente?











Una vez hecha la entrevista, seleccionado el tema y conversado con el paciente, el terapeuta escoge los representantes con los que se comienza el trabajo. Hay un principio que me gusta aplicar y que aprendí en la formación: mientras menos, mejor. Esto quiere decir que mientras menos representantes escojamos, puede ser mejor para el trabajo.

Cuando tenemos a los representantes ubicados, comienza el trabajo. Bien sea individual o grupal la constelación, es importante que al sistema se le dé un tiempo para comience el movimiento. Aquí es donde es importante la espera y la observación.

Es fundamental ver los movimientos corporales de los representantes que están dentro de la Constelaciones. Y también es muy importante conectarse con el trabajo para percibir qué emociones pueden manifestarse en el trabajo.

Personalmente, creo que el trabajo es en una gran medida fenomenológico. Es decir, seguimos el movimiento tal y como se va dando. Solo lo seguimos. Desde la observación.

Dejamos a un lado el miedo y lo transformamos en respeto. Dejamos a un lado las intenciones de que venga lo que creemos que es “la solución” y las transformamos en un asentimiento y rendición ante lo que es más grande que nosotros. Miramos y acompañamos al paciente en esta mirada. No le explicamos nada. A veces si la mente no entiende, lo estamos haciendo muy bien. Este trabajo, ha dicho Bert Hellinger, que es para el alma y para el gran alma familiar.

Respetamos los movimientos que se den. Esto forma parte de asentir al sistema del otro. No buscamos un final feliz en la Constelación, a pesar de que las palabras de resolución que indiquemos sean para que todo el sistema esté un poco mejor que cuando empezamos.

Posteriormente a los movimientos, integración de nuevos representantes (o no) y nuevos movimientos del sistema, vienen las palabras de resolución. Si bien hay algunas frases muy utilizadas en los trabajos de Constelaciones, he integrado la posibilidad de que los representantes o el cliente diga lo que desee y le nazca decir.

Uno de los “secretos” de las Constelaciones es que las frases de resolución deberían funcionar para el sistema entero y sabemos que decimos la frase indicada, cuando le persona luego de pronunciarla respira profundamente, reporta un alivio o dice sentirse mejor que antes. Ese es el trabajo. Sin intención de que suceda. Solo va a suceder lo que tenga que suceder.

El cierre del trabajo depende igualmente de cada terapeuta y su estilo. Hay quienes terminan con una frase de reflexión o con una tarea. Otros, pueden usar un anclaje sobre lo que se vio en el trabajo, esto quiere decir, una frase que quede grabada en el cliente.

Personalmente, suelo revisar o chequear con el paciente cómo se siente ante el trabajo realizado. Y le indico que puede hacer una pregunta y que puede que yo la conteste o no. Lo anterior no es un acto de soberbia, es que el trabajo del constelador no está en explicar lo que se hizo. El movimiento es invisible y poderoso. Y se lleva dentro.

Hay muchas preguntas que pueden surgir, especialmente para las personas que están comenzando a transitar esta vía. La mejor manera de responder esas dudas es trabajando. Con respeto y sin miedo. De a poco. Llegando hasta donde puedo y hasta donde puede mi paciente. No forzando la barra ni deseando realizar algún movimiento en particular. Dejar la intención a un lado es la mejor garantía de que el trabajo se dará como tiene que darse.

El sistema es lo suficientemente parlanchín o chismoso como para forzarlo. Nuestro trabajo realmente consiste en tener los ojos bien abiertos, así como el corazón, para acompañar sin juicios, intenciones y con mucho respeto a quien amorosamente nos pide que lo ayudemos a mirar.

En pocas palabras: respeto, asentimiento, no juicios, no miedo, ojos abiertos y la conciencia de que mi paciente y su destino van de la mano. Y que mi destino y yo también lo hacemos.



Autor del texto: Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares.

sábado, agosto 21, 2010

Ser y parecer


Hace poco conversaba con una paciente sobre estas dos palabras y la importancia de su vinculación: ser y parecer.

Y es que una cosa es SER y otra PARECER. Parece simple, ¿realmente lo es? ¿Soy o parezco? ¿Soy y parezco? ¿Parezco pero no soy? ¿No parezco lo que soy? ¿Soy una cosa y parezco otra?

Es mucho más que un juego de palabras. Tiene que ver conmigo y con mi ser y estar en el mundo.

Por ejemplo: Una mujer puede ser la más dulce y sensible del mundo y parecer muy dura por fuera. ¿Con qué se quedan las personas que la miran? ¿Con lo que la mujer es o con lo que parece? ¿Con qué se queda ella o con qué se identifica ella? ¿Con lo que es o con lo que parece?

A veces podemos necesitar tanto PARECER que nos olvidamos del SER. ¿Y a dónde nos puede llevar esto?

Si PAREZCO pero no SOY, es una fachada. Si SOY pero no parezco, me sigo ocultando tras la fachada. ¿Dónde estoy y dónde quiero estar?

El SER tiene que ver con mi esencia. Con lo que se parece a mi naturaleza, por lo menos en este momento. Tiene que ver con lo que se parece a mí, con lo que me siento cómoda o cómodo. Con lo que vibro o vibra conmigo. No siempre me muestro tal y como SOY, puedo elegirlo y mostrar parte de mí.

El PARECER tiene que ver con “mi fachada”. Lo que aparento. No necesariamente tiene que parecerse a mi SER. O por el contrario, puede parecerse a mi SER. ¿De quién depende esto? De mí. Yo lo elijo.

Podemos ir por la vida SIENDO una cosa y PARECIENDO otra. También podemos elegir que nuestro SER y nuestro PARECER se unan más. Y también puedo SER, saber que soy y elegir cuánto muestro a los otros y en qué momento lo hago.

¿Qué eliges hoy?









Autor de texto: Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares

viernes, agosto 06, 2010

Víctimas y perpetradores


No hay paz hasta que las víctimas y los perpetradores no se encuentran.
Ambos sienten alivio cuando logran estar juntos. Y de esta manera, el sistema vuelve a tener equilibrio.

Recientemente, un amigo murió. Y mi ejercicio personal, al mirar su ataúd, fue observar a su lado a la persona que lo mató. Aunque pueda sonar escabroso o raro, fue mi mejor acto de balance. Ellos deben estar juntos. Así lo decidieron. Y mi mejor acto de respeto y amor por su sistema es poder mirarlos juntos, sin juicios.

Mirándolo sistémicamente:

¿Qué pasa cuando en un sistema se excluye a un perpetrador? Un tío de la familia X mató a un hombre hace muchos años. Fue a la cárcel y ninguno de los miembros de su familia quiso visitarlo, no hablaban de él, sentían vergüenza y fue excluido.

En otra familia, la Y, un hombre fue asesinado, y se convirtió en una víctima. El dolor fue tan grande que no se habló de este tema. Se callaron las circunstancias.

En cada una de estas familias hay un desbalance, un lugar vacío. En la familia X, el excluido es el perpetrador. En la familia Y, el excluido es la víctima. ¿Qué sucede luego?

En las generaciones posteriores, y para lograr balance, alguien en la familia mirará esto que para los demás fue difícil mirar. Y entonces, un miembro de la familia X buscará a un perpetrador, para darle lugar a este tío asesino que fue excluido. Y un miembro de la familia Y, buscará una víctima para su propio sistema.

X y Y se encuentran y sucede lo inevitable. Y mata a X. En nombre de esta lealtad familiar e invisible de cada uno. Así, y solo así, nuevamente víctima y perpetrador pueden estar juntos.

¿Cómo se soluciona este embrollo?

Dando lugar a ambos: a las víctimas y a los perpetradores de tu sistema. Honrando a los que dieron su vida buscando a un excluido o mirando algo que ningún otro pudo ver. Con amor y con dolor, dejamos a los muertos en el lado de los muertos. Para que los vivos puedan hacer algo con sus vidas.

Mirarlo, asentir al destino del otro, saber que ese que murió o dio muerte también pertenece y que tiene su lugar.



“Te dejo en la muerte. Con amor y dolor. Honro tu destino. Por favor, mírame con cariño si me quedo con vida y lo hago un poquito diferente. Te miro y miro a tu perpetrador. Ambos tienen un lugar en mi corazón”



Autor del texto:
Raiza Ramirez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares

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