miércoles, junio 06, 2007

Quiero que seas como yo quiero que seas

Querer cambiar al otro. Un clásico. El mundo sería mejor si los demás cambiaran. ¿No es cierto? ¿Cuántas veces creo que mi vida va a cambiar en el momento en el que los demás modifiquen sus conductas? ¿Cuántas veces pretendo que mi jefe deje ser como es, que mi pareja comienza a comportarse de una manera diferente o que mi familiar sea más de “esto” o de “aquello”?

¿Y qué hay de mí? ¿En qué momento pienso en que quien debe modificar determinadas acciones soy yo? ¿En qué momento me doy cuenta que si algo o alguien me hace daño o me resulta tóxico en mi vida, el o la que debe hacer una acción para resolver este problema soy yo?

El mundo es como es. Los países son como son. Las personas actúan como pueden actuar. Y nosotros, como seres humanos, estamos inmersos en esta bola gigante que es la humanidad.

¿Esto significa que no puedo cambiar el mundo y que debo aguantarme todo tal y como es? En parte sí, en parte no. La verdad es que no puedes cambiar el mundo. Y la otra verdad es que sí puedes cambiar tú. Puedes hacer que tu entorno, tu vida, tu círculo sea mejor para ti, sea más sano, más productivo y nutritivo.

Imagina por un instante la cantidad de energía que necesitarías para cambiar a todas las personas con las que tienes contacto. Imagina todo el tiempo que requerirías para que el señor de la panadería te saludara como tú quieres que te salude, para que el fiscal de tránsito se comporte como tú quieres, para que tu compañero de trabajo no sea de esa manera que tanto te desagrada, para que tu jefe te diga lo que quieres escuchar, para que tu hermano se convierta en otra persona, tus padres dejen de actuar de esa forma tan irritante en la que suelen hacerlo y tu pareja se transforme en ese ser que deseas. Es mucho para una sola persona, ¿no te parece?

Ahora piensa en la cantidad de energía que necesitas para cambiar tú. Es menor que en el ejemplo anterior. Hay un principio terapéutico que indica que cuando una persona modifica su conducta, su entorno también lo hace. Si te paras en una esquina a ver la ciudad, observarás un determinado paisaje; si decides cambiar de lugar, verás cómo lo que tus ojos miran será diferente.

La invitación es, pues, a que te atrevas a cambiar. Que te dediques tiempo y energía, que mires a tu alrededor y logres ubicar esas cosas que no te gustan y decidas qué quieres hacer con ellas. Eres tú quien decide irse o quedarse de un determinado lugar, eres tú quien decide quedarse en una relación. Eres tú quien decide quedarse en un trabajo.

Mientras más te ocupes de tu desarrollo personal y de mejorar tu vida, verás cómo por un efecto casi mágico, tu alrededor también se modificará. Es como el efecto dominó, al empujar con el dedo la primera ficha, las demás caen una tras otra.

Si tienes alguna duda o te interesa tratar algún tema en particular, escribe a la siguiente dirección de correo electrónico: raizaramirez@gmail.com.

Autor del texto: Raiza Ramírez.
Este artículo fue publicado en la columna "En primera persona", del semanario Correo del Ávila, de Caracas, Venezuela, durante el mes de abril de 2007.

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