jueves, octubre 14, 2010

Chile, sus mineros y sus estados de ánimo


Chile, sus mineros y sus estados de ánimo
desde la mirada Ontológica

Siempre nos encontramos en un estado de ánimo. Nos poseen y nosotros los poseemos a ellos. Nuestros movimientos de vida tienen que ver con esos estados de ánimo.

Según el Coaching Ontológico, nuestras acciones se mueven según el estado de ánimo en el que nos encontramos. Señalan además que no los elegimos, simplemente estamos allí.

Y aunque no elegimos ni controlamos a nuestros estados de ánimo, sí podemos –de acuerdo a la mirada del Coaching- ir modificando los mismos con nuestro accionar y encontrando una posibilidad de hacerlo de otra manera.

El Coaching Ontológico habla de cuatro estado de ánimo: resentimiento, resignación, paz y ambición.

¿Qué los diferencia? ¿Qué los distancia? ¿Cómo sé en cuál estoy?

Hay dos variables que marcan estos estados: lo fáctico y lo posible, por una parte; y la aceptación y el rechazo, por otra. Detallemos lo que se aprecia en la imagen.




Lo fáctico se refiere a esos hechos que NO puedo modificar.

La posibilidad se refiere a esas acciones que SI puedo hacer.

Y luego, como seres humanos nos podemos mover en este espacio de aceptar o rechazar, tanto los hechos como las posibilidades.

A saber y desde la mirada del Coaching Ontológico, me encuentro en RESENTIMIENTO, cuando rechazo lo fáctico. Es decir, cuando no acepto lo que está sucediendo y no puedo cambiar.

Me encuentro en PAZ, cuando acepto lo fáctico. Esto pasa cuando no me peleo con lo que está sucediendo y no puedo cambiar.

Estoy en RESIGNACIÓN, cuando rechazo lo posible. Cuando no acepto o no puedo mirar las posibilidades que existen y que pueden estar a mi alrededor.

Y me muevo desde la AMBICIÓN cuando acepto lo posible. Cuando tomo las posibilidades entre mis manos y desde allí acciono y me muevo.

El caso de Chile y sus Mineros




Al ver el caso de los 33 Mineros de Chile que pasaron 69 días atrapados en la mina de San José y que fueron rescatados, uno a uno, en un esfuerzo conjunto, pensé en este cuadrante de estados de ánimo. E imaginé que tanto los protagonistas de esta historia, como sus familiares y las autoridades vinculadas al caso, seguramente habrán pasado por estos estados de ánimo durante el tiempo que duró la historia.

El 5 de agosto de 2010, según indican los reportes de los medios de comunicación, los 33 mineros quedaron atrapados en su sitio de trabajo luego de un derrumbe. En un primer momento, ni ellos, ni los familiares, ni las autoridades sabían si el rescate podría darse de manera exitosa. Afuera, no sabían si los mineros estaban vivos o no.

¿Cuál podría ser el estado de ánimo de ese momento? Quizá el RESENTIMIENTO. El rechazar o no aceptar un hecho fáctico imposible de modificar. ¿Cómo modificar el derrumbe de la mina? ¿Cómo modificar el hecho de que estos 33 hombres se quedaron atrapados 700 metros bajo tierra?

Ahora bien, ¿Qué pasa si me quedo instalada en el RESENTIMIENTO? ¿Qué pasa si me paralizo en NO aceptar lo que NO se puede cambiar? Desde este estado de ánimo será difícil activar acciones que puedan llevarme a sentirme mejor. Si me instalo allí puede comenzar la desesperanza, en el caso de Chile, tanto para los que estaban encerrados como para los que estaban afuera –familiares y autoridades-.




El primer mensaje del Gobierno Chileno fue “Haremos todo lo humanamente posible para rescatar a los sobrevivientes”. ¿Qué estado de ánimo se puede encontrar detrás de esta frase? AMBICIÓN.

Por una parte, el Presidente Chileno indica que harán “lo humanamente posible”, desde el lenguaje esto habla de accionar desde LA POSIBILIDAD, desde lo que sí puede ser. Y en segundo lugar, habla de “rescatar a los sobrevivientes”. Aquí puede haber un dejo de PAZ (entre líneas), pues en el momento de emitir ese mensaje, aún no se sabía en qué estado de salud se encontraban los mineros y si estaban vivos todos. En la PAZ logro aceptar eso que no puedo cambiar, como por ejemplo, hubiera podido ser el hecho de que alguno de los trabajadores se encontrara lesionado o hubiera fallecido alguno en el derrumbe.

La RESIGNACIÓN pudo hacerse presente de una manera tenue, cuando el 12 de agosto (una semana luego del accidente), el Ministro de Minería expresa que son escasas las posibilidades de encontrar a los mineros con vida. A pesar de las posibilidades (diferentes formas de rescate), las acciones pudieron haberse paralizado por la falta de noticias de los 33 hombres atrapados bajo tierra.




Sin embargo, la AMBICIÓN parece haberse instalado desde el momento en que las autoridades recibieron un mensaje escrito en papel que decía “Estamos bien, los 33, en el refugio”. Ambición tanto para los mineros, como para los familiares y las autoridades a cargo del caso.

A partir de ese momento y hasta el 12 de octubre de 2010, en horas de la noche, cuando el Fénix 2 comenzó a bajar para rescatar a los 33 mineros más famosos y conocidos del momento, la AMBICIÓN sería el estado de ánimo que les permitió a todos los involucrados mover recursos, accionar y generar movimientos que finalizaron en un día completo lleno de emociones, lágrimas, abrazos y éxito.

Esa AMBICIÓN se traduce en ver las posibilidades y accionar en torno a ellas para lograr una meta o alcanzar un objetivo.

Para poder estar en la AMBICIÓN, necesito mirar esas posibilidades, ver lo que SÍ se puede hacer, e incluso buscar otros ojos que me ayuden a mirar (tal y como lo hizo el Gobierno Chileno al pedir ayuda a otros países como Suiza y Estados Unidos).

Para estar en la AMBICIÓN necesito una meta que, en este caso, estaba muy clara: rescatar a los 33 mineros, traerlos de regreso a la tierra.

Y este mismo estado de ánimo fue el que tuvo que estar presente en los mineros dentro del refugio donde se encontraban. La AMBICIÓN es el estado de ánimo que les permitió mantenerse saludables, activos, en movimiento a pesar del espacio reducido. Este mismo estado de ánimo los ayudó a organizarse, tener una rutina y aprovechar los recursos posibles y sus propios recursos. Organizaron tres grupos, les colocaron nombres, hubo líderes. Cada hombre fue reconocido por sus cualidades (uno de los mineros fue apodado “el médico” porque sabía más de primeros auxilios, por ejemplo)

Cada vez que veía salir el Fénix 2 y aparecía un nuevo minero saludable y lleno de emoción abrazando a sus familiares y a las autoridades que los esperaron a todos durante las casi 24 horas que duró el rescate, pensaba en esa palabra y lo poderosa que puede ser: AMBICIÓN. Y me decía: ese es el estado de ánimo que movilizó al país entero para poder lograr esta hazaña. Es este el estado de ánimo en el que se pudieron mover los involucrados en el caso para accionar desde las posibilidades y alcanzar la meta.



Cuando llegó la noche del 13 de octubre y el Presidente de Chile agradeció a todos y dijo que era el tiempo del descanso, se cerró este capítulo de la historia chilena. Y creo que hay un gran aprendizaje dentro de ella.

Las últimas preguntas que quisiera hacer en este escrito son más bien reflexivas: ¿En qué estado de ánimo te encuentras? ¿Lo logras identificar? ¿Quieres estar allí? ¿Hacia dónde deseas moverte? ¿Qué ganas y qué pierdes si te quedas en el estado en el que estás? El tiempo es AHORA. Y seguro que lo puedes hacer.


Autor del texto: Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares
Actualmente cursando la Formación de Coaching en Indelser, Venezuela.

lunes, octubre 04, 2010

Cómo trabaja el Coaching?

En el pasado mes de julio de 2010 comencé una formación en Coaching Ontológico.
Es un nuevo capítulo de aprendizaje. Y una manera de sumar herramientas para mi trabajo.
Les dejo un video que encontré y que explica de una manera muy clara cómo trabaja el Coaching! Espero lo disfruten.
Raiza


sábado, agosto 28, 2010

La empresa con un solo empleado


Por muchos años esta mujer tuvo y mantuvo una empresa de múltiples empleados. Estaba tan atareada con sus ocupaciones que se olvidó de ella misma. A veces no se pagaba el sueldo, hubo años en los que no vio utilidades. Hubo momentos en los que una conversación para desahogarse era necesaria, pero prefería utilizar sus oídos para atender a sus empleados, a esos que dependían de ella. En el fondo, era feliz. En el fondo, era infeliz. De cualquier manera, pensó que valía la pena este sacrificio.

Pasó el tiempo. Sus empleados fueron creciendo, cambiando, mutando. Fueron sintiendo otras cosas. Comenzaron a necesitar cambios. Fueron renunciando. Poco a poco, uno a uno. La mujer, jefe por mucho tiempo de esa empresa maravillosa, casi no notó los cambios. Estaba inmersa y dedicada a hacerlos a todos los que estaban muy felices. Su vida seguía más o menos igual. A veces no cobraba sueldo, casi no pasaba por su oficina.


Un día, un día que amaneció diferente. La mujer llegó a su empresa, a su bella empresa y se quedó perpleja. No había nadie. Ni un alma. Estaba todo vacío. El primer sentimiento que la invadió fue la sorpresa. No lo podía creer. Buscó en su libro de empleados y solo le quedaba uno en la nómina: ella misma.

Luego de la sorpresa llegó la tristeza. Se sentía sola. Profundamente sola. Ya no tenía a quién atender y a quién solucionarle sus temas laborales. Ahora el negocio no solo dependía de ella, sino que era solo para ella.

Pasó un tiempo antes de que pudiera disfrutar esta nueva empresa unipersonal en la que se había convertido su vida. El día que comprendió que los ingresos eran todos para ella en este momento, el día que supo que las utilidades ya no las tendría que compartir, el día que se dio cuenta que tenía mucho tiempo para ella y sus necesidades, ese día comenzó a disfrutar su propia empresa, su propia historia, su propia vida.



NOTA:
Esta historia es una analogía de alguien que en vez de dedicarse a vivir su propio destino, por amor a los suyos, decidió hacerse cargo de su familia por muchos años, olvidándose de ella misma.
Luego de hacer un movimiento de Constelaciones Familiares, su empresa quedó sin empleados y ella comenzó a hacerse cargo de su propio destino. Primero, con mucho dolor; luego, con mucho amor por ella misma y por los suyos.

Los que nos aman sonríen cuando nosotros somos felices.
Los que nos aman lloran cuando nosotros lloramos.
El sacrificio no hace crecer a la familia. El movimiento sí!

Autor del texto: Raiza Ramírez

jueves, agosto 26, 2010

La familia: Membresía asegurada




En una Constelación en la que tuve la oportunidad de participar recientemente surgió una imagen muy hermosa.

La paciente (una mujer adulta) narra cuánto se esmera y "lucha" por ayudar a sus hermanos y en general a los miembros de su familia. Se esfuerza, les demuestra a todos cuán buena es ella, realiza acciones por todos (incluso cosas que ellos no le piden). Y sigue siendo infeliz. Sigue sintiéndose mal. Y sigue sin ver los resultados de su lucha titánica.

En la imagen cuando ella se acercaba a sus hermanos, ellos se alejaban. Si ella iba al norte, ellos se iban al sur. Si ella iba al sur, ellos iban al norte. Esta visión dejó a la mujer muy perpleja. "¿Por qué se alejan de mí? ¿Qué pasa que no me miran? Si yo lo único que quiero es ayudarlos... ", eran algunas de sus frases.

Adicionalmente, se agregó un representante secreto (nadie sabía quién era). Era el destino de la paciente. La representante del destino de la paciente manifestaba que se quería ir y que había algo pesado que la hacía querer tirarse al piso. Pasados unos minutos, se sentó en el piso. No tenía fuerza. Estaba absolutamente aplastada. La cliente o paciente no miraba a su destino, seguía mirando a los integrantes de su familia.

Más allá de la "solución" en esta Constelación o en este movimiento sistémico, hay dos aspectos importantes que me gustaría destacar:

El primero es la idea poderosa de que no es necesario luchar tanto ni tan duro por pertenecer a nuestra familia. Tenemos ese carnet y esa membresía ganada desde que mamá y papá hacen el amor y ella queda embarazada. Es un carnet que me dan apenas piso este planeta y el cual, aunque lo borre, lo gaste, lo maltrate, siempre está vigente y sirve. No hay mucho que hacer para pertenecer a mi familia. Solo asentir a ella como es.

El segundo pensamiento tiene que ver con esto tan importante que es "mirar mi destino". Si estoy tan metida en el destino del otro o de los otros y no miro al mío, ¿qué le pasa a mi destino? ¿Cuáles son las consecuencias? Lo más interesante es que haga lo haga, nadie se va a encargar de mi destino por mí, o quizá sí, alguien que me ame mucho (como un hermano o un hijo) y ese sea su precio.

Si la familia es una orquesta y cada quien toca un instrumento... busca tu instrumento, el tuyo, el propio, el que te tocó. Y tócalo mejor que nadie! Dale con todas tus fuerzas que ése es tu destino. No intentes tocar el instrumento del otro. Es demasiado para ti.

Una última idea: llevemos con orgullo y dignidad el carnet que nos tocó en nuestra familia. Es único y nos lo regalaron los mejores: los que vinieron antes que nosotros.


Raiza Ramirez

lunes, agosto 23, 2010

El Terapeuta en Constelaciones Familiares


Después de algunos años (no tantos) de experiencia con el trabajo de Constelaciones Familiares me atrevo a escribir algunas ideas del rol del facilitador que aplica este tipo de terapia, bien sea para grupos o de manera individual. Son reflexiones basadas en la experiencia y sobre todo en el trabajo con los grupos de formación. Es mi humilde visión. No una verdad absoluta.



Una de las primeras frases que me viene a la mente cuando pienso en un terapeuta de Constelaciones Familiares es la siguiente: “El constelador pone el 50% en el trabajo y el otro 50% lo coloca el paciente”. Éste es un buen comienzo de la consulta.

Técnicamente hay varias maneras de hacer una constelación. Creo que el estilo y los recursos de cada terapeuta son lo que marcarán la diferencia en cada caso. Y no hay casos iguales.

Ver a cada persona como única y a su tema y a su familia como algo único es quizá una de las mejores herramientas que podemos tener para abordar un caso. Es importante no dar nada por sentado.

Otra de las ideas importantes es el lugar que ocupo como terapeuta. No se más que mi paciente, jamás. Él es quien sabe su historia y la cuenta como puede. Yo solo soy una hormiga delante de su sistema. De su sistema perfecto como es.

Mi trabajo tiene que ver con mirar compasivamente al que tengo en frente y saber que ha hecho lo mejor para su familia, aunque sea desde el amor ciego, infantil y con la lealtad ciega que caracteriza a los embrollos sistémicos.

Lo primero es no juzgar. En ningún momento. No hay buenos ni malos. Los hilos de cada familia se tejen como pueden. Y así es perfecto. El trabajo, a través de la entrevista o preguntas tiene que ver más con encontrar repeticiones, ver a quién o a qué se excluyó y cómo ese sistema familiar encontró su forma de compensación para mantenerse.

Hay dos preguntas que suelo hacer al principio del trabajo y que me gustan mucho. No son originales ni de mi creación. Las he tomado prestadas de gente que sabe mucho más que yo, como Carola Castillo y Joan Garriga.

Las preguntas son simples y muy complejas al mismo tiempo:
1) ¿Cuál es tu tema o qué quieres mirar?
2) Si hacemos la constelación, ¿Qué vas a lograr?, ¿Qué va a cambiar o será diferente?











Una vez hecha la entrevista, seleccionado el tema y conversado con el paciente, el terapeuta escoge los representantes con los que se comienza el trabajo. Hay un principio que me gusta aplicar y que aprendí en la formación: mientras menos, mejor. Esto quiere decir que mientras menos representantes escojamos, puede ser mejor para el trabajo.

Cuando tenemos a los representantes ubicados, comienza el trabajo. Bien sea individual o grupal la constelación, es importante que al sistema se le dé un tiempo para comience el movimiento. Aquí es donde es importante la espera y la observación.

Es fundamental ver los movimientos corporales de los representantes que están dentro de la Constelaciones. Y también es muy importante conectarse con el trabajo para percibir qué emociones pueden manifestarse en el trabajo.

Personalmente, creo que el trabajo es en una gran medida fenomenológico. Es decir, seguimos el movimiento tal y como se va dando. Solo lo seguimos. Desde la observación.

Dejamos a un lado el miedo y lo transformamos en respeto. Dejamos a un lado las intenciones de que venga lo que creemos que es “la solución” y las transformamos en un asentimiento y rendición ante lo que es más grande que nosotros. Miramos y acompañamos al paciente en esta mirada. No le explicamos nada. A veces si la mente no entiende, lo estamos haciendo muy bien. Este trabajo, ha dicho Bert Hellinger, que es para el alma y para el gran alma familiar.

Respetamos los movimientos que se den. Esto forma parte de asentir al sistema del otro. No buscamos un final feliz en la Constelación, a pesar de que las palabras de resolución que indiquemos sean para que todo el sistema esté un poco mejor que cuando empezamos.

Posteriormente a los movimientos, integración de nuevos representantes (o no) y nuevos movimientos del sistema, vienen las palabras de resolución. Si bien hay algunas frases muy utilizadas en los trabajos de Constelaciones, he integrado la posibilidad de que los representantes o el cliente diga lo que desee y le nazca decir.

Uno de los “secretos” de las Constelaciones es que las frases de resolución deberían funcionar para el sistema entero y sabemos que decimos la frase indicada, cuando le persona luego de pronunciarla respira profundamente, reporta un alivio o dice sentirse mejor que antes. Ese es el trabajo. Sin intención de que suceda. Solo va a suceder lo que tenga que suceder.

El cierre del trabajo depende igualmente de cada terapeuta y su estilo. Hay quienes terminan con una frase de reflexión o con una tarea. Otros, pueden usar un anclaje sobre lo que se vio en el trabajo, esto quiere decir, una frase que quede grabada en el cliente.

Personalmente, suelo revisar o chequear con el paciente cómo se siente ante el trabajo realizado. Y le indico que puede hacer una pregunta y que puede que yo la conteste o no. Lo anterior no es un acto de soberbia, es que el trabajo del constelador no está en explicar lo que se hizo. El movimiento es invisible y poderoso. Y se lleva dentro.

Hay muchas preguntas que pueden surgir, especialmente para las personas que están comenzando a transitar esta vía. La mejor manera de responder esas dudas es trabajando. Con respeto y sin miedo. De a poco. Llegando hasta donde puedo y hasta donde puede mi paciente. No forzando la barra ni deseando realizar algún movimiento en particular. Dejar la intención a un lado es la mejor garantía de que el trabajo se dará como tiene que darse.

El sistema es lo suficientemente parlanchín o chismoso como para forzarlo. Nuestro trabajo realmente consiste en tener los ojos bien abiertos, así como el corazón, para acompañar sin juicios, intenciones y con mucho respeto a quien amorosamente nos pide que lo ayudemos a mirar.

En pocas palabras: respeto, asentimiento, no juicios, no miedo, ojos abiertos y la conciencia de que mi paciente y su destino van de la mano. Y que mi destino y yo también lo hacemos.



Autor del texto: Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares.

sábado, agosto 21, 2010

Ser y parecer


Hace poco conversaba con una paciente sobre estas dos palabras y la importancia de su vinculación: ser y parecer.

Y es que una cosa es SER y otra PARECER. Parece simple, ¿realmente lo es? ¿Soy o parezco? ¿Soy y parezco? ¿Parezco pero no soy? ¿No parezco lo que soy? ¿Soy una cosa y parezco otra?

Es mucho más que un juego de palabras. Tiene que ver conmigo y con mi ser y estar en el mundo.

Por ejemplo: Una mujer puede ser la más dulce y sensible del mundo y parecer muy dura por fuera. ¿Con qué se quedan las personas que la miran? ¿Con lo que la mujer es o con lo que parece? ¿Con qué se queda ella o con qué se identifica ella? ¿Con lo que es o con lo que parece?

A veces podemos necesitar tanto PARECER que nos olvidamos del SER. ¿Y a dónde nos puede llevar esto?

Si PAREZCO pero no SOY, es una fachada. Si SOY pero no parezco, me sigo ocultando tras la fachada. ¿Dónde estoy y dónde quiero estar?

El SER tiene que ver con mi esencia. Con lo que se parece a mi naturaleza, por lo menos en este momento. Tiene que ver con lo que se parece a mí, con lo que me siento cómoda o cómodo. Con lo que vibro o vibra conmigo. No siempre me muestro tal y como SOY, puedo elegirlo y mostrar parte de mí.

El PARECER tiene que ver con “mi fachada”. Lo que aparento. No necesariamente tiene que parecerse a mi SER. O por el contrario, puede parecerse a mi SER. ¿De quién depende esto? De mí. Yo lo elijo.

Podemos ir por la vida SIENDO una cosa y PARECIENDO otra. También podemos elegir que nuestro SER y nuestro PARECER se unan más. Y también puedo SER, saber que soy y elegir cuánto muestro a los otros y en qué momento lo hago.

¿Qué eliges hoy?









Autor de texto: Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares

viernes, agosto 06, 2010

Víctimas y perpetradores


No hay paz hasta que las víctimas y los perpetradores no se encuentran.
Ambos sienten alivio cuando logran estar juntos. Y de esta manera, el sistema vuelve a tener equilibrio.

Recientemente, un amigo murió. Y mi ejercicio personal, al mirar su ataúd, fue observar a su lado a la persona que lo mató. Aunque pueda sonar escabroso o raro, fue mi mejor acto de balance. Ellos deben estar juntos. Así lo decidieron. Y mi mejor acto de respeto y amor por su sistema es poder mirarlos juntos, sin juicios.

Mirándolo sistémicamente:

¿Qué pasa cuando en un sistema se excluye a un perpetrador? Un tío de la familia X mató a un hombre hace muchos años. Fue a la cárcel y ninguno de los miembros de su familia quiso visitarlo, no hablaban de él, sentían vergüenza y fue excluido.

En otra familia, la Y, un hombre fue asesinado, y se convirtió en una víctima. El dolor fue tan grande que no se habló de este tema. Se callaron las circunstancias.

En cada una de estas familias hay un desbalance, un lugar vacío. En la familia X, el excluido es el perpetrador. En la familia Y, el excluido es la víctima. ¿Qué sucede luego?

En las generaciones posteriores, y para lograr balance, alguien en la familia mirará esto que para los demás fue difícil mirar. Y entonces, un miembro de la familia X buscará a un perpetrador, para darle lugar a este tío asesino que fue excluido. Y un miembro de la familia Y, buscará una víctima para su propio sistema.

X y Y se encuentran y sucede lo inevitable. Y mata a X. En nombre de esta lealtad familiar e invisible de cada uno. Así, y solo así, nuevamente víctima y perpetrador pueden estar juntos.

¿Cómo se soluciona este embrollo?

Dando lugar a ambos: a las víctimas y a los perpetradores de tu sistema. Honrando a los que dieron su vida buscando a un excluido o mirando algo que ningún otro pudo ver. Con amor y con dolor, dejamos a los muertos en el lado de los muertos. Para que los vivos puedan hacer algo con sus vidas.

Mirarlo, asentir al destino del otro, saber que ese que murió o dio muerte también pertenece y que tiene su lugar.



“Te dejo en la muerte. Con amor y dolor. Honro tu destino. Por favor, mírame con cariño si me quedo con vida y lo hago un poquito diferente. Te miro y miro a tu perpetrador. Ambos tienen un lugar en mi corazón”



Autor del texto:
Raiza Ramirez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares

martes, julio 06, 2010

Manipulador y manipulado: dos caras de la misma moneda


La manipulación me resulta un proceso humano super interesante. Especialmente porque creo que todos los seres humanos, alguna vez echamos mano a esta forma de estar en el mundo y de tratarme a mí y al otro.

Primero: ¿Qué es manipular?

Apegada a la teoría de la Psicoterapia Gestalt y también al lenguaje: manipular significa transformar "algo" (situación, cosa o persona) de tal manera que se convierta en lo que yo quiera. Con un elemento adicional, que en vez de utilizar "mis recursos", uso los recursos del otro.

Esto último es lo que marca o caracteriza a la manipulación: NO USO MIS RECURSOS, uso los del otro. No uso mis recursos bien sea porque creo que no los poseo o simplemente porque deseo no movilizarme y hacer que el otro se mueva.

¿Cómo hago para usar los recursos del otro?

Desde la mirada gestáltica, una de las formas características que se usa en la manipulación es colocarme una "máscara" y actuar desde allí. Me convierto en una víctima, en la responsable, en una diva, en un pobrecito, en un dictador, entre otros. Y desde este rol, "juego" conmigo y con el otro.

Y por ejemplo, en vez de decirle a alguien: "Quiero agua, por favor, dame un vaso con agua"
Le digo: "Tú que eres tan bella y dadivosa... y yo que no puedo levantarme de esta silla... verdad que me quieres dar un poquito de agua?"

Aunque parezca un ejemplo muy básico, en el fondo de la frase manipuladora está la base de esta vinculación: Me coloco una máscara, actúo desde allí, trato de usar tus recursos en vez de usar los míos y alcanzo mi meta o logro satisfacer mi necesidad.

Manipulador y manipulado

En esta forma de actuar y de estar en el mundo, el manipulador no está solo, necesita a un otro que se deje manipular. Al encontrarse se arma la llave perfecta: uno dice y el otro hace. Ambos en un juego perfecto en el que ambos se necesitan.

Ambos terminan siendo dos caras de la misma moneda.




El manipulador puede creer (verdaderamente) que no cuenta con los recursos para satisfacer sus necesidades o lograr sus objetivos. Y por ello, necesita al otro para aproximarse a lo que quiere.
Y la otra característica del manipulador es que se colocar esta careta o actúa desde este rol, pues no es capaz de hacer un pedido directo a la otra persona, pues suele temer recibir una NO o una negativa como respuesta. Antes de exponerse al rechazo, manipula.



El manipulado por su parte, quizá sufre de aspectos parecidos al manipulador. ¿En qué sentido? El manipulado compra el rol del otro y puede llegar a creer que verdaderamente su interlocutor no puede alcanzar su meta. Y desde allí, siente que lo ayuda.
Igualmente, le cuesta dar un NO como respuesta. Si dice que no, las consecuencias pueden ser terribles para él y pueden incluir "perder" a esta persona que ellos también necesitan.

Entre ambos se forja un vínculo tipo "llave y cerradura". Calzan perfectamente. Uno tiene lo que el otro necesita.

¿Soluciones?

Un vínculo entre manipulador y manipulado puede funcionar por mucho tiempo. Siempre y cuando ambos reciban lo que necesitan.

El problema se da cuando a alguno de los dos le deja de funcionar este nexo. Cuando el manipulado, por ejemplo, comienza a decir que no.

Una posible solución para que este vínculo sea elaboradora de una manera más sana, apuntaría a lo siguiente:

+ Lograr que el manipulador se dé cuenta del rol que usa para satisfacer sus necesidades.
+ Lograr que el manipuladora pueda hacer un inventario de los recursos con los que cuenta para satisfacer sus necesidades.
+ En caso de que realmente no posea los recursos, mostrarle que puede pedir y acercarse al otro de manera directa. Y que puede exponerse a una negativa sin que ello signifique una pérdida total.

En el caso del manipulado:

+ Lograr que el manipulado se dé cuenta del rol que usa el otro para vincularse con él. Y que pueda mirar el rol que él mismo toma en este nexo.
+ Lograr que el manipulado pueda asumir el riesgo de decir que no a los pedidos indirectos del otro.
+ Hacerle ver al manipulado que el manipulador cuenta con los recursos para satisfacer sus necesidades.
+ Hacerle ver al manipulado que puede tener una relación con el otro basada en la interdependencia y no en "yo te soluciono tus problemas".

La manipulación puede ser un proceso hermoso y maravilloso. Del que todos podemos aprender. Quizá podamos comenzar a ver en qué lado de la historia estamos. Quizá a veces manipulamos y otras somos manipulados. Lo importante no es estar dentro, sino ver que estamos allí, para poder salir.



Otro texto vinculado al tema: Yo Manipulo


Autora del texto: Raiza Ramirez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares


sábado, junio 26, 2010

La frustración, ¿Qué hacer con ella?

La frustración
El tema no es sentirla, sino qué hacer con ella

Si nos imaginamos a un niño de unos 5 años a quien le acaban de comprar una barquilla repleta de helado de fresa, y a los minutos al pequeño se le cae al piso su helado, ¿Qué crees que sentirá? ¿Cómo reaccionará? ¿Qué hace o dice el adulto que lo acompaña?

Es probable que el niño llore o se moleste. Perdió algo que deseaba, que tenía entre sus manos y que le gustaba. En dos palabras: siente frustración.

Si un adulto viene y le dice “Tranquilo pequeño, todo está bien”, “No pasó nada”, “No llores, es solo un helado”, es probable que lejos de sentirse mejor, el niño se sienta aún más rabioso.

La frustración es una de esas sensaciones que tiene mala publicidad. Parece que es “malo” sentirse frustrado. El solo pensar que alguien dice “Eres una frustrada”, puede generar malestar.

Ahora bien, ¿Es tan malo frustrarse? ¿Qué tan terrible es sentir frustración?




Desde mi perspectiva, creo que si hay algo que se encuentra a la vuelta de la esquina es la frustración. No todo sale como lo deseamos. Ejemplos: Quiero que salga el sol y llueve. Deseo ganar más dinero y este mes no alcancé la meta. Me quiero ir de viaje y no puedo. Quiero dormir hasta tarde y debo levantarme para ir a mi trabajo. Todos los anteriores son muestras de “pequeñas” frustraciones que vivimos a diario, quizá la diferencia sea la forma en la que la maneja cada quien.

No creo que un síntoma de la madurez o el crecimiento personal sea NO frustrarse. Desde otra mirada, creo que lo interesante en qué hago cuando toco esta sensación de no haber logrado lo que deseaba, de haber perdido lo que tenía, de que las cosas no salieron como yo esperaba, entre otras.

Tengo dos visiones al respecto y ambas tienen que ver como cómo me acompaño en este trayecto de sensaciones.

Una primera mirada, ¿Dónde coloco el foco de mi atención? ¿En la situación que me genera frustración o en otro lugar? Por ejemplo, si no logré algo que deseaba, puedo solo enfocarme en esa meta que no alcancé y de esta manera, sentir aún más frustración. En cambio, si logro ampliar mi mirada, quizá pueda ver lo a mi alrededor y encontrar una nueva respuesta o una nueva opción.

Lo segundo. ¿Cómo me acompaño en este tránsito? ¿Cómo soy conmigo en este camino? ¿Me ayudo o me regaño y critico? Si me “mal trato”, el sentimiento negativo puede incrementarse. Sería como decirle al niño que se le cayó helado que fue su culpa y darle toda una lección sobre el hecho.

El secreto, si puede llamarse de alguna manera, es descubrir cómo deseo caminar conmigo. Entender a mi frustración y saber que hay “algo” que quería y no tengo y que esa situación me genera pesar o molestia. Ser tolerante conmigo y darme más ayuda y menos críticas.

Realmente la meta no es NO sentir frustración. Sino atravesarla de la mejor manera, para que al final de este trayecto, pueda haber sacado algún aprendizaje de la experiencia y esté listo para la próxima aventura.

Autora del texto:
Raiza Ramirez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares.

lunes, mayo 03, 2010

Entre angelito y diablito


Los desacuerdos internos se presentan cuando la persona boxea entre lo que desea para sí y lo que le impone la realidad. ¿Se ha confrontado usted con ese dilema?

por NÉSTOR LUIS LLABANERO | imagen: WWW.SHUTTERSTOCK.COM | DOMINGO 2 DE MAYO DE 2010


Una mujer que actúa poseída por el espíritu pacifista de Batichica no invalida la esencia guerrerista de la Gatúbela que lleva dentro. Por extremas que resulten, ambas cualidades -representadas en estos personajes de la ficción televisiva- forman parte de un todo. Sólo que la pugna exhibida en la serie entre la chica buena y la gata mala sólo tiene el objetivo de ver cómo el bien supera al mal. En la vida real, la situación opera diferente.

Cuando Raiza Ramírez, especialista en terapia Gestalt -rama de la psicología humanista-, menciona ambas actitudes como parte de una coexistencia, lo hace para graficar la encrucijada en la que muchas personas se encuentran a la hora de tomar decisiones, trascendentales o no para sus vidas. Se refiere a la batalla simbólica entre el angelito y el diablito, la cual no es ajena tampoco a los hombres.

"Todos atravesamos por esos momentos de debate personal, y cuando se impone el angelito no quiere decir que el diablito desaparezca de nuestra naturaleza, sino que en ese momento prevaleció uno de los dos".

De lo que se trata es de advertir a la gente que este duelo de pensamientos y sentimientos extremos forma parte de lo que el terapeuta argentino Norberto Levy llama "desacuerdos internos", una especie de diálogo donde las dos voces que hablan, a veces, no alcanzan un consenso, o se consigue lentamente generando malestar interno innecesario.


Sucede, por ejemplo, en casos tan cotidianos como el hijo casado enfrentado al dilema del deber que supone llamar a diario a su madre para saludarla y preguntarle cómo está. "La respuesta a esa interrogante debe partir de la necesidad que siente de llamar o no a la progenitora", especifica Irene Specht, presidenta del Instituto Venezolano de Escuelas Holísticas, IVEHO. "Hacerlo sólo por el deber es un mero cumplimiento de un rol que otros le establecieron".

Lo grave de privilegiar la mirada ajena, opina Specht, es que quien realice algo desatendiendo sus elecciones, corre el riesgo de irse convirtiendo en un ser desarticulado en sí mismo. "Actuar por lo que otro nos diga, no sólo nos aniquila sino que nos coloca en el último lugar de nuestras prioridades más esenciales".

EL DESACUERDO INTERIOR
Todas las personas dialogan con ellas mismas. Esto es normal y hasta sano. Son conversaciones o transacciones emocionales que permiten a cualquier individuo evaluarse, premiarse o regañarse. Al pronunciar estos puntos de vista, Raiza Ramírez dice que "lo interesante no es el diálogo interno sino la calidad del mismo".

Entonces pasa a comentar que si el diálogo es amoroso, éste se traduce en apoyo y compañía que ratifica el acuerdo interior. Es lo que representaría al angelito que habla.

Caso contrario, si el diálogo se basa en lo punitivo, éste se traduce en zozobra y compañía inadecuada, creándose el desacuerdo interior. Es el diablito contrapuesto al angelito.

Ramírez cita al autor argentino Norberto Levy, creador del abordaje terapéutico llamado Autoasistencia Psicológica, para precisar que el organismo humano funciona como una empresa con diversas gerencias. "Si dos gerencias de esa empresa (parte del organismo) están molestas, entonces se genera un desacuerdo interior. Pero, la complicación no es que exista el desacuerdo (en las mejores relaciones lo hay), sino que éste se cristalice o persista en el tiempo".

Ahora bien, dejarse llevar sólo por el angelito a la hora de tomar decisiones no imposibilita que una persona se autocuestione. Criticarse, subraya Ramírez, puede ser provechoso para el crecimiento. "Claro, el cuestionamiento a mí misma puedo hacerlo desde un llamado de atención sin llegar a herirme".

Por ejemplo, hay individuos que intentan erradicar su lado dadivoso luego de haber vivido experiencias de ingratitud con gente inescrupulosa. Es allí donde el angelito y el diablito van templando a la persona para que se defina entre esconder o mantener su rasgo dadivoso. "Si la decisión es erradicarlo creyendo que así se resguarda, está echando a un lado un aspecto interesante de la personalidad. Lo que debe hacer la persona es ajustar ese rasgo, administrarlo mejor, pero no penalizarse por lo que es en esencia", reflexiona Ramírez. "Buscar un equilibrio en la personalidad es una buena forma de conducirse".

¿PUEDE CAMBIAR UN MAYOR?
Mientras más adulta sea una persona, más compleja resulta la posibilidad de aprender a conversar consigo misma pretendiendo producir cambios a su vida. La razón es que cuando alguien va haciéndose mayor acumula historias que refuerzan formas de pensar difíciles de mover, aunque se encuentre ante la necesidad de hacerlo. Diferente ocurre con los niños, quienes al estrenarse a la vida se tornan dúctiles.

Sin embargo, tampoco es verdad el dicho popular aplicado a los humanos según el cual loro viejo no aprende a hablar. "Si la persona no tiene entrenamiento, por supuesto que le costará más hacer transformaciones", acuerda Irene Specht, presidenta del Instituto Venezolano de Escuelas Holísticas, IVEHO. "La coraza se hace más sólida y, en consecuencia, se atreve menos a salir de ésta".

Sin embargo, la especialista en terapia Gestalt, asegura que "las personas asimilan formas de conducirse a cualquier edad, con mayor o menor flexibilidad de acuerdo con el ambiente donde se haya criado".

Su opinión está fundamentada en el siguiente ejemplo: "Mientras una persona viva apegada totalmente a la cultura de su país, menos opciones tiene de ensanchar sus conocimientos sobre otras culturales nacionales. Así mismo pasa cuando alguien se expone sólo a un ambiente".

Y claro que, convertidos en adultos, existe la posibilidad de emprender viajes por sí solos. Pero, incluso, la forma cómo se realizan esas expediciones también influye en los logros de esa ampliación. "La psicoterapia es una forma de viajar más rápida al fondo de sí mismo. Y es un viaje que todos -unos más, otros menos- necesitamos hacer", asegura Specht.

La también especialista en adicciones y codependencias recuerda una verdad que justifica porque todos tenemos la necesidad: "los padres no llegaron al mundo con un manual, así que han tenido que adaptarse a distintas eras para ejercer bien su rol".

Conviene saber, según Specht, que cuando un individuo se esmera por acoplarse a nuevas realidades sociales, pueden producirse confusiones, hasta consigo mismo. Por eso, vale saber que una actitud no convierte a un ser humano en bueno ni malo. "Sencillamente porque en la vida nadie vive más allá del bien y del mal sino que vive en el bien y en el mal, y de lo que se trata es de no perecer en su objetivo de crecer como ser humano".

nllabanero@eluniversal.com
Twitter: @llabanero

Coordenadas
Raiza Ramírez 15-63649171

Entrevista publicada en la revista ESTAMPAS, del Diario El Universal. Caracas, Venezuela. Domingo, 2 de mayo de 2010.
Link: http://www.estampas.com/2010/05/02/

jueves, febrero 25, 2010

La madre y el padre: el principio de todo

Sobre Constelaciones Familiares
La madre y el padre: el principio de todo



Mi mamá y mi papá se amaron y yo soy la mejor prueba”
“Mi mamá es la mejor, encontró a mi papá”
Frases de la terapia ambulante de Carola Castillo


La vida viene de mamá y papá. Y yo, como hijo soy 50% mamá y 50% papá.

Estoy conectado una suerte de “hilos invisibles” a ellos y a los que vinieron antes que ellos y que hicieron posible mi vida. A donde me mueva y vaya, los hilos van conmigo.

De ellos tomo la vida. Renegar o negar a alguno de mis padres, es igual a renegar parte de mí.
Cuando tomo a mis padres, a su historia, a lo que fue, a lo que pasó, a lo que sucedió, puedo estar en sintonía con la vida.

Principio fundamental en Constelaciones Familiares:
Los padres dan, los hijos toman.

+ La mejor manera que tienen los hijos de dar a los padres es viviendo su vida, haciendo algo productivo con ella y dando vida.

Otro principio en Constelaciones Familiares:
Los hijos son más pequeños que los padres y solo son hijos.
Los padres son más grandes que los hijos.

+ Delante de la historia de mis padres, soy pequeño y no puedo hacer nada para cambiarla.
+ Querer cambiar la historia de mis padres, hace que pierda mi sintonía con la vida.

Tomar la vida
La vida corre como una cascada de agua: de arriba hacia abajo.
Los de arriba representan a nuestros ancestros, los que vinieron antes, de los que tomamos la vida. Los de abajo, son los más pequeños (los hijos), que van tomando la vida de los que vienen arriba.
Tal y como en una cascada, el agua no puede ir hacia arriba, como la vida. Mi trabajo, es tomar el agua que viene de mis padres y a su vez, de sus padres, quienes las tomaron de sus padres y así sucesivamente.
Es gracias a “esa agua” y gracias a que ha seguido corriendo “esa agua” que tengo la vida y puedo hacer algo con ella (y esto último es mi responsabilidad)
Como hijo, no puedo cambiar el curso de la corriente de agua. No puedo enviar el líquido hacia arriba.

+ Si estoy en sintonía con la vida: es como si me pusiera bajo esta cascada y me baño en ella sin juzgar el agua, temperatura, color o sabor. Solo me baño en ella.
+ Si NO estoy en sintonía con la vida: me quito de la cascada, la critico, creo que el agua que tengo es mejor que la que recibo.





















Carola Castillo, en su libro “Ecos del pasado”, escribe cómo saber si estoy desconectado con mis padres:
+ Hago lo que ellos dicen.
+ Hago lo opuesto a lo que ellos dicen.
+ No tengo contacto con ellos.
+ Quiero que mis padres cambien.





La ausencia de la madre o el padre
Podemos estar hablando de una ausencia física o emocional.
Puede ser que alguno de los hijos tome el lugar de sus padres y deje de vivir su destino, para embrollarse en sus progenitores, pensando que de esta manera podrá “ayudarlos” o hacerle su carga más liviana.

Algunos casos o posibilidades:
+ Si la madre muere en el parto.
+ Si la madre muere y deja hijos muy pequeños.
+ Si la madre pierde a un hijo y no se encuentra disponible para sus otros hijos (quizá uno de los hijos mayores toma el lugar de la madre)
+ Si la madre está involucrada emocionalmente con su primer amor o con una pareja previa. En este caso, un hijo o hija puede tomar el lugar de la madre y convertirse “en la esposa” del padre, siendo fiel a ambos.
+ Si la madre está embrollada con su sistema de origen y no está disponible para su nuevo sistema.
+ Si a un padre también le faltó su padre. Esto lo hace menos disponible para sus hijos.
+ Si la pareja tuvo una pérdida (aborto o muerte de un niño)
+ Si el padre está embrollado con su familia de origen y no logra estar para su nuevo sistema.


Posibles consecuencias para los hijos de la ausencia materna y/o paterna
+ La persona toma el lugar de la madre, convirtiéndose en la “pareja” del padre, o viceversa. Le será más difícil conseguir pareja y hacer su propio sistema.
+ Ante una madre a la que le faltó su mamá: el individuo toma el lugar de la abuela materna y se convierte en la mamá de su mamá, se transforma en “la grande” de la relación. ¿Consecuencias? Se le puede dificultar su propio ser madre.
+ Esto también puede pasar con un padre que le haya faltado su papá. En este caso, pueden presentarse casos de alcoholismo. Es como si el hijo dijera “Papá, te bebo en cada trago”.
+ Ante la muerte de mamá (sea cual sea la edad), el hijo o la hija pueden desear acompañar a mamá en la muerte. Igualmente puede pasar con el padre. Es lo que Hellinger indica como “Te sigo hacia la muerte”. El hijo o hija, apaga su vida, le cuesta más ser feliz, le cuesta disfrutar de la vida.






Las mejores palabras

Desde el lugar de los hijos, algunas palabras de resolución:

“Mamá, tomo la vida de ti. Por favor, mírame con bien si lo hago diferente a ti”

“Mamá, Papá, tomo la vida de ustedes. Por favor bendíganme si lo hago igual o diferente a ustedes. Cada vez que sea feliz, lo haré en honor a ustedes”.

“Mamá o Papá, con amor y dolor te dejo en la muerte. Ahora, yo me quedo con la vida. Mírame bien si me quedo en la vida. Ya nos encontraremos”

“Mamá, Papá, la historia de ustedes es más grande que yo. Yo no puedo ocuparme de sus destinos, es mucho para mí. Gracias por la vida que me dieron. Es mi trabajo hacer algo con ella”

“Mamá, Papá, ahora puedo ver tu dolor y cuánta falta te hicieron tus padres, la misma falta que tú me has hecho a mí”


Desde el lugar de los padres, algunas palabras de resolución:

“Te bendigo si lo haces igual o diferente a mí.”

“Mi historia es mía y es mucho para ti si intentas cargarla. No hay nada que puedas hacer por mí o por mi destino. Tú tienes tu historia y yo tengo la mía. Para mí está bien si te vas y te ocupas de tu vida.”

“La historia de mamá y papá es solo de nosotros. Es muy grande para ti. Es nuestra historia y no puedes meterte en ella. Para nosotros está bien como lo hagas.”

“A mí también me hizo falta mi mamá (o mi papá) Hice por ti lo que pude. Te di la vida, ahora es tu turno de hacer algo con ella.”

“Tomo la vida cuando estoy de acuerdo con las posibilidades y los límites”.


Sí, sí y mil veces sí
Por favor
Gracias

domingo, febrero 07, 2010

La vida corre como el agua de la cascada


La vida corre como el agua de una cascada.

De arriba hacia abajo. Naturalmente.

De arriba, donde se encuentran nuestros ancestros y todos los que vinieron antes, tomamos la vida.

Y abajo, estamos nosotros, los que llegamos después. Los que nos bañamos con el agua que nos dan mamá y papá y a los que nos toca seguir corriendo este líquido hacia abajo, hacia nuestros hijos. Nos toca dar vida y hacer algo con la vida que nuestros padres nos dieron.

No tomar

Puede pasar que como hijo me parezca que el agua que viene de mis padres es mala, escasa o simplemente no me gusta (siguiendo la analogía que hace Joan Garriga en el cuento "¿Dónde están las monedas?"), entonces decido quitarme de esa cascada. Y quedo seco. No puedo tomar la vida de mis padres y por lo tanto, no puedo pasarla a mis hijos. Es probable que así me sienta desdichado e infeliz. Que me cueste un poco más la vida.

También puede pasar que yo crea que puedo tomar una cubeta o tobo, llenarla con el agua que me llega de mis ancestros y reenviarla hacia arriba, creyendo de esta manera que mis padres se van a nutrir de mi agua, que puedo darles agua a ellos. Y esto, no es más que una ilusión, porque el agua siempre correrá hacia abajo.
Estos son los casos de los hijos que desean hacerse cargo de los padres (emocionalmente), que creen que pueden arreglar la vida de sus ancestros (por la lealtad invisible que los une a ellos), que cree que si cede su agua a los que vinieron antes, toda la cascada o familia va a estar mejor. Sin darse cuenta de que ése es un precio muy algo para quien vino después.
No puedo hacer nada por los que vinieron antes de mí. Solo puedo tomar de ellos y dejar que fluya esta corriente a donde tiene que ir.

Tomar o el mejor baño de mi vida

Lo que puedo hacer, lo que mejor puedo hacer es tomar mi lugar. Pararme debajo de ese chorro de agua, sea pequeño o grande, sea transparente o de cualquier otro color, sea caliente o frío, y dejarme mojar por él, por la vida, por los que vinieron antes.
Lo mejor que puedo hacer es mirar hacia arriba y mirar. Mirar y mirar. Honrar a esos que llegaron antes que yo y que pasaron la vida de una generación a otra. Los que hicieron posible que yo esté aquí hoy.
Ese es mi mejor trabajo. Mi verdadero destino se muestra cuando ocupo mi lugar.

Raiza Ramirez




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