
Tengo la idea de que la vida de una persona está formada por tres círculos principales: Yo, la pareja y la familia.
En el Yo, está inmerso mi profesión, mis deseos y necesidades más personales e íntimas, mis gustos, mis estudios, mis pasiones, lo que me contiene, mis metas. Es un círculo en el que estoy solo o sola.
En el de la pareja, estamos los dos. Yo y mi pareja. Allí se encuentran nuestros planes juntos, el proyecto de vida que tenemos, nuestro espacio, el amor, el sexo, la intimidad, los sueños de dos. Es un espacio para dos.
El tercero es el de la familia. Allí estamos todos. Los hijos, padres, suegros, hermanos, cuñadas y cuñados. Es nuestro espacio como conjunto. Aquí están papá, mamá e hijos, además de otros miembros del sistema.
Si se puede definir un ideal, éste sería que los tres círculos estén equilibrados, es decir, que podamos distribuir nuestro tiempo y energía entre todos.
Sin embargo, no siempre es así. Muchos problemas de la persona, de las parejas y de las familias, pueden estar vinculados a la repartición que una persona hace entre estos tres aspectos que son importantes y valiosos por separado y que juntos, son los que hacen que el individuo se sienta en equilibrio y tranquilidad o no.
La invitación es a que te fijes en tus propios círculos:
• ¿Cómo están conformados? ¿Qué hay dentro? ¿Te gusta lo que tienen?
• ¿Cómo es la distribución de tu tiempo y dedicación entre ellos? ¿Hay alguno al que le dediques más tiempo?
• ¿Te gusta la manera en la que están distribuidos tus círculos en este momento?
• ¿Quisieras mantenerlo así o desearías cambiarlo?
• Si quieres modificar algo, ¿Qué sería? ¿Qué necesitas hacer para que esto ocurra?
Tomar conciencia de tus propios círculos, quizá te ayude a hacer algunos cambios para estar un poco mejor.
Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares
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