jueves, febrero 19, 2009

El síndrome de Pinocho


“Si mientes te crecerá la nariz como a Pinocho”, le dicen las madres a los niños para evitar que éstos digan embustes. Todo un clásico entre padres e hijos. ¿Funciona el muñeco de madera para evitar que el pequeño invente o falsee una historia? Puede que sí, puede que no.

Las mentiras en el caso de los niños dependen en buena medida de dos aspectos:

1) En primer lugar, la congruencia de los padres o adultos que lo rodean en este tema. Si una madre le dice a su hijo que no mienta, y luego le inventa un cuento al esposo sobre por qué no pudo hacer determinada tarea pendiente, realmente ¿Qué le está enseñando al pequeño? Y ellos, los niños, saben mucho mejor que los adultos cuando alguien en sincero con ellos o no.

2) En segundo lugar, la tranquilidad y seguridad que experimente cada pequeño en su hogar o lugar donde pase más tiempo es fundamental. Cuando un infante se siente cómodo con los adultos que se encuentran a su alrededor y en el sitio que le resulta sano para su crecimiento, no tiene necesidad de inventar. De lo contrario, puede comenzar a alterar la realidad.

En este último punto es importante señalar que para un niño, cuando la realidad sea hace muy apabullante o difícil de manejar, entonces él la altera, la cambia de tal manera que le resulte manejable y agradable.

Las mentiras, en el caso de los pequeños, pueden esconder un miedo no dicho. Es por ello que es importante, más que reprimirlos o regañarlos por el embuste, averiguar qué hay detrás de esa mentira. Puede haber temor, inseguridad y angustia. Una vez que estos aspectos se minimizan, ya no hay necesidad de decir las cosas diferentes a como son en realidad.

Igualmente, las mentiras (tanto en niños como en adultos) pueden servir para complacer a otro, para ser aceptados y para pertenecer a un grupo. En este sentido, es importante la observación, tanto para el padre como para el niño sobre lo que digo, cómo lo digo y para qué lo digo.

Mentir puede ser una forma de encubrir, no sólo una realidad que no me gusta, sino una parte de mí que no quiero mostrar por temor a ser rechazado.

Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

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