
En una Constelación en la que tuve la oportunidad de participar recientemente surgió una imagen muy hermosa.
La paciente (una mujer adulta) narra cuánto se esmera y "lucha" por ayudar a sus hermanos y en general a los miembros de su familia. Se esfuerza, les demuestra a todos cuán buena es ella, realiza acciones por todos (incluso cosas que ellos no le piden). Y sigue siendo infeliz. Sigue sintiéndose mal. Y sigue sin ver los resultados de su lucha titánica.
En la imagen cuando ella se acercaba a sus hermanos, ellos se alejaban. Si ella iba al norte, ellos se iban al sur. Si ella iba al sur, ellos iban al norte. Esta visión dejó a la mujer muy perpleja. "¿Por qué se alejan de mí? ¿Qué pasa que no me miran? Si yo lo único que quiero es ayudarlos... ", eran algunas de sus frases.
Adicionalmente, se agregó un representante secreto (nadie sabía quién era). Era el destino de la paciente. La representante del destino de la paciente manifestaba que se quería ir y que había algo pesado que la hacía querer tirarse al piso. Pasados unos minutos, se sentó en el piso. No tenía fuerza. Estaba absolutamente aplastada. La cliente o paciente no miraba a su destino, seguía mirando a los integrantes de su familia.
Más allá de la "solución" en esta Constelación o en este movimiento sistémico, hay dos aspectos importantes que me gustaría destacar:
El primero es la idea poderosa de que no es necesario luchar tanto ni tan duro por pertenecer a nuestra familia. Tenemos ese carnet y esa membresía ganada desde que mamá y papá hacen el amor y ella queda embarazada. Es un carnet que me dan apenas piso este planeta y el cual, aunque lo borre, lo gaste, lo maltrate, siempre está vigente y sirve. No hay mucho que hacer para pertenecer a mi familia. Solo asentir a ella como es.
El segundo pensamiento tiene que ver con esto tan importante que es "mirar mi destino". Si estoy tan metida en el destino del otro o de los otros y no miro al mío, ¿qué le pasa a mi destino? ¿Cuáles son las consecuencias? Lo más interesante es que haga lo haga, nadie se va a encargar de mi destino por mí, o quizá sí, alguien que me ame mucho (como un hermano o un hijo) y ese sea su precio.
Si la familia es una orquesta y cada quien toca un instrumento... busca tu instrumento, el tuyo, el propio, el que te tocó. Y tócalo mejor que nadie! Dale con todas tus fuerzas que ése es tu destino. No intentes tocar el instrumento del otro. Es demasiado para ti.
Una última idea: llevemos con orgullo y dignidad el carnet que nos tocó en nuestra familia. Es único y nos lo regalaron los mejores: los que vinieron antes que nosotros.
Raiza Ramirez
2 comentarios:
HOLA RAIZA, EXCELENTE ARTICULO, LO DEL CARNET FAMILIAR ES GENIAL, ESA MEMBRESIa es eterna mientas vivamos. gracias
HOLA RAIZA, EXCELENTE ARTICULO, LO DEL CARNET FAMILIAR ES GENIAL, ESA MEMBRESIa es eterna mientas vivamos. gracias
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