domingo, marzo 29, 2009

La herida del abandono

Todas las personas tenemos una herida de abandono impresa en nuestro organismo. Bien sea porque mi mamá no estuvo presente en mi infancia, mi papá murió cuando yo era muy pequeña, mis padres tuvieron que irse de viaje y me dejaron con mis abuelos, crecí separada de mis hermanos, etc.

Esta es una herida, que si no se sana, late durante toda la existencia como si hubiera sucedido ayer. Y cuando aparece alguna amenaza de posible dolor, la cicatriz cobra vida y vuelve la sensación de malestar.

Ante la posibilidad del sufrimiento, y como el individuo no quiere pasar por la sensación triste otra vez, pueden haber tres salidas: huir, paralizarse o pelear.

Cuando huyo, generalmente la persona abandona antes de que lo abandonen. Hay una fantasía de que lo pueden dejar (esto aplica para el trabajo, relaciones, familia, pareja), entonces prefiere ser él quien deje el vínculo, pensando que así no sufrirá. Sin darse cuenta, que de la misma forma, se lo pasa mal. La herida sigue viva.

Si se paraliza, es como si quedara congelado. No sabe qué hacer. Escoge no hacer, creyendo que así estará a salvo. Y la herida sigue viva.

Cuando pelea, desde su dolor se enfrenta al otro. Vienen los conflictos, no sabe cómo o por qué e igualmente lo hace. Se enfrenta con su “oponente” desde su herida. Tratando de que el otro sienta al menos un poco de esa sensación que tiene en su cuerpo. ¿Y la herida? Sigue viva.

Para sanar la herida, hay que trabajarla, mirarla, reconocerla, asentir a ella, a la historia, al pasado, a lo que fue como fue, sin pretender cambiar nada. Solo así, mi encuentro con el mundo podrá ser un poquito diferente.


Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

viernes, marzo 20, 2009

¿Cuáles son tus sueños?


¿Eres de lo que quiere ganarse la lotería y aún no compras el ticket? ¿Deseas viajar a Europa y aún no has averiguado cuánto cuesta el boleto? ¿Sueñas con ser un escritor famoso y aún no escribes la primera palabra de tu novela?
Alguna vez escuché la siguiente frase: “Las cosas materiales se crean dos veces, cuando las piensas y cuando las logras”. Antes de llegar a la meta es necesario comenzar a la carrera. Y antes de comenzar, es necesario plantearse la meta, el objetivo, el sueño, como quieras llamarlo.

Hace pocos días conversaba con unos amigos. Hablábamos de los sueños. Cuando les pregunté sobre lo que cada uno deseaba lograr, el silencio se hizo presente en la mesa. Parecía que no tenían sueños. Entonces, ¿cómo llegar a la meta si ni siquiera nos hemos planteado una?

En este punto es cuando caben las preguntas: ¿Cuáles son tus sueños? ¿Qué deseas lograr en los próximos meses, en un año, en dos años? ¿Qué necesitas para lograrlo?
Vayamos por partes. En primer lugar, haz una lista de metas. Pueden ser personales, profesionales o familiares. No hay límites. Imagina todas esas cosas que quieres hacer, tener, alcanzar o lograr.

Una vez que tengas esta lista, escoge uno de los objetivos, el que desees. Cierra tus ojos, concéntrate en él, e imagina que ya alcanzaste esta meta. Fíjate desde esta visualización qué miras, qué escuchas y qué sientes una vez que la lograste. ¿Se siente bien? ¿Es agradable? ¿Es lo que imaginabas? ¿Te gusta?



Del sueño al logro

Ya diste el primer paso. Tienes un objetivo y lo visualizaste. Ahora viene la segunda parte: llevarlo a cabo. ¿Cómo?

Una vez tengas esta meta clara, te propongo lo siguiente:
• Enúncialo de manera positiva. Ir hacia lo que quieres.
• Asume tu responsabilidad en el objetivo. Haz que el logro dependa de ti. Si lo dejas en manos de un tercero o de otros, es como si dijeras con tus actos que no puedes lograrlo.
• Fíjate límites de tiempo. Y sé realista con este punto. Es mejor lograr dos pasos en tres meses que ninguno en un mes.
• Fíjate con qué recursos cuentas para llegar a la meta.
• Observa si te motiva lo suficiente o si necesitas algo más para comenzar este proyecto.

Lo demás es trabajar por alcanzar la meta. Mover tus recursos para llegar al objetivo. Y luego: a celebrar y a comenzar otra carrera.

Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

martes, marzo 17, 2009

El duelo y el vaso roto


¿A quién no se le ha roto un vaso de vidrio alguna vez en su vida?
¿A quién no se le ha roto el corazón alguna vez en su vida?

¿En qué se parece un corazón roto a un vaso roto?

Todos los seres humanos pasan por algún momento doloroso. Perder a un ser amado, un objeto importante, quedarse sin un trabajo, puede generar mucho dolor. Esta experiencia, incluso, puede parecer inmanejable.
En esos instantes pueden surgir algunas preguntas: ¿Cuánto tiempo durará mi duelo? ¿En qué momento sabré que superé el dolor? ¿Cuándo se me va a pasar esto?

Haciendo una analogía, el duelo es parecido a cuando se quiebra un vaso de vidrio.

En un primer momento puede haber sorpresa, miedo y un no saber qué hacer.

Luego, viene el proceso de ir recogiendo, cuidadosamente, los pedazos más grandes. Tratando de no cortarnos o hacernos daño.

Después, los trozos más pequeños. Cada quien con su técnica y estilo. Siempre con cuidado para no herirnos.

Lo curioso de un vaso de vidrio roto, es que por más que te esmeres en recolectar todos los pedazos, hay algunos que quedan por allí. Y quizá más tarde, cuando ya casi te olvidaste de este recipiente que se fue de tus manos, aparece un minúsculo vidrio que puede hacerte revivir ese hecho. E incluso, quizá puedas cortarte.

Del mismo modo, sucede con los duelos. A veces podemos creer que ya pasó el dolor y algún pequeño acontecimiento puede revivir algo del malestar experimentado, así como sucede con los pedazos de vidrio más pequeños.

Saber esto no aminora el pesar. Y sin embargo, puede hacerte ver que solo el tiempo hará que esos pequeños trozos de vidrio desaparezcan completamente, de tal manera que el dolor, lo haga también.

Si quieres concertar una cita o te interesa tratar algún tema en particular, me puedes contactar a través del siguiente número de teléfono: 15-63649171 o a través del correo electrónico: raizaramirez@gmail.com

Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

viernes, marzo 06, 2009

Emociones embotelladas



Imagínate una botella llena de refresco. Ahora imagina que ese recipiente está cerrado y lleno hasta la mitad. Ahora piensa que, por el momento, no puedes abrirlo y se cae al piso. El contenido se bate, se mueve.

¿Qué pasa si abres la botella rápidamente? Probablemente, el líquido se desborde y moje todo a su alrededor, incluyéndote a ti.

¿Qué pasa si, por el contrario, la abres poco a poco, dándole tiempo al contenido, dejando que las burbujas suban y vuelvan a bajar?

Algo parecido a este ejemplo pasa con tus emociones. Tus sensaciones y sentimientos están allí, en ti, contenidos como el refresco dentro de la botella.

Si los vives, los sientes, los dejas estar y los dejas manifestarse abiertamente, es probable que no haya problemas o no te sientas mal. Es como si cuando sintieras la necesidad, abrieras la botella y sirvieras parte del líquido en un vaso. Es lo más sano y lo que necesita tu organismo.

Si no vives tus sensaciones o te niegas a experimentarlas es como si tuvieras ese líquido encerrado en esa botella. Contenido en tu organismo. Con la tapa de la botella cerrada. Nada entra y nada sale.

Cuando la botella cae al piso y el líquido es batido por el movimiento, es como cuando algún acontecimiento externo te moviliza. Algo te pasa por dentro, te duele o te alegra, te emociona, palpita el corazón.

Es allí cuando tienes dos opciones: abrir la botella rápida o lentamente.

Cuando abres la botella rápidamente es cuando sacas esa emoción que ha estado contenida por un tiempo de una manera abrupta. Es como si cobraras un retroactivo emocional. Y todo queda mojado por el líquido. Lo difícil puede ser recogerlo y que las cosas vuelvan a estar como antes.

¿Cuál es la invitación? Pues a estar en contacto con las emociones y sensaciones que están dentro de esa botella que te pertenece. Y cuando se movilice ese líquido, puedas abrirla poco a poco, parte irle dando lugar al sentimiento.


Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares





lunes, marzo 02, 2009

Lo bueno de estar solo



La soledad tiene mala publicidad. Estar solo es malo, dicen. No pases mucho tiempo solo. Te vas a enfermar de tanto estar solo. Son algunas de las frases más comunes. ¿Cuánto de cierto hay en esto? ¿Qué pasa con este estado? ¿Cómo puedes sacarle provecho?

Nacemos solos. Nos morimos solos. Incluso, los bebés que llegan como gemelos, al momento de salir de la panza de mamá, lo hacen individualmente. Comemos con nuestra boca, no con la del otro. Respiramos con nuestros pulmones, no con los de lo otra persona. Y así, infinidad de ejemplos.

Diferentes autores dividen a la soledad en tipos. Muchos coinciden en que hay una diferencia fundamental entre la soledad buscada y la no deseada. Esta última suele generar malestar, angustia y pesar en el individuo; mientras que la primera puede ser provechosa para la persona, pues le permite tener tiempo para ella misma.

Igualmente, estudiosos del tema hacen énfasis en la diferente entre pasar un momento de soledad a experimentar una soledad crónica o sostenida en el tiempo.

Ahora bien, la soledad buena o sana tiene un poco de las anteriores: puede ser buscada, porque la persona siente la necesidad de estar con ella misma y tener contacto consigo. Tiene una duración determinada, porque si bien el individuo experimenta bienestar estando consigo mismo, igualmente requiere del otro para compartir sus experiencias, pensamientos y afectos.

En esta soledad, no hay angustia. Porque la persona sabe que cuenta con sus propios recursos para estar en el mundo. La mujer o el hombre saben que tienen pies y manos para andar, para satisfacer sus necesidades y para estar bien.

Incluso, en los momentos en los que llega la soledad no deseada, por alguna razón, la persona puede atravesar este momento sabiendo que puede hacerlo, que pasará la sensación de malestar que experimenta y que volverá a estar de pie con él mismo en algún momento.

Al final, la soledad puede ser muy provechosa si cada quien se escucha y se dedica tiempo para sí mismo.

Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

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