lunes, mayo 26, 2014

Abriendo caminos


Desde este mes de mayo de 2014, tomé un nuevo rumbo: Buenos Aires. Argentina. 

Y con el viaje, llegan nuevos retos y posibilidades. A partir de este mes estoy atendiendo en Buenos Aires (Capital Federal) Para Constelaciones Familiares o consultas de Psicoterapia, me puedes llamar a mi móvil +54 911 63649171 o escribirme a mi correo raizaramirez@gmail.com

Y nuy pronto vienen talleres y cursos. Ya estaré publicando más información.

Gracias por seguir la página!




































Las personas de Venezuela, interesadas en consultas o constelaciones, me puedes escribir a mi correo para coordinar atención vía SKYPE o recomendarles alguien que los pueda ver en la ciudad en la que se encuentren.


martes, noviembre 05, 2013

Qué es una Constelación Familiar



El ejemplo de la orquesta.





A veces me preguntan: “Qué es una Constelación Familiar?” Y no siempre es tan fácil de explicar.

Suelo decir de manera más técnica y “seria” que es un abordaje terapéutico creado por el alemán Bert Hellinger y que integra varios abordajes para lograr sanar ciertos temas de una persona. Y por sobre todas las cosas, ordenar el lugar de esa persona en su sistema familiar.

Pasado un tiempo y luego de pensarlo con calma, la mejor manera que he encontrado de explicar lo que es una Constelación Familiar es la siguiente:

La familia es como una orquesta. Cada miembro tiene su silla (su lugar) y su instrumento (su destino). Y cada uno de nosotros tiene un puesto asegurado en esa orquesta, así sea tocando los platillos o siendo el concertino.

Como toda orquesta, tiene sus características particulares. El repertorio de algunas es de clásicos: otras, deciden modernizar sus piezas. Es parecido a los temas de cada familia: para algunos es el dinero, para otros la violencia, para otros las mujeres que se quedan solas o los hombres que se van. Ese es su repertorio.



A veces faltan personas en la orquesta. Y no por ello, ésta deja de tocar o presentarse una noche. Es lo que en Constelaciones conocemos como los excluidos, personas que por alguna razón u otra, parecen quedar “fuera” de la familia, sin derecho a pertenecer (por ejemplo los ladrones, las prostitutas, los asesinos, los adictos, los discapacitados, los que hicieron algún mal, entre otros)
Así como en la música, la familia sigue su curso, sigue tocando, sigue dando vida, sólo que con un detalle importante: hay algunas sillas vacías que ocupaban esos músicos que fueron excluidos, y quedan algunos instrumentos sin tocar. Y parece que “algo” falta en la historia.

Entonces, como puede pasar en una orquesta, algún músico se sienta en la silla del que no está. Y comienza a tocar su instrumento (que no es el propio o el que le tocaba a él o a ella), es el de otra persona, la silla es de alguien más. La cosa se puede complicar aún más si este músico sustituto trata de tocar su propio instrumento y el otro. Eso, desde el punto de vista familiar, se da cuando decimos que una persona “toma el destino” de otra en su historia y comienza a repetir la historia. Y es cuando vemos que en un grupo filiar, las mujeres se enferman de los pulmones, o los hombres mueren del corazón, o a las mujeres les cuesta salir embarazadas o tienen hijos a muy temprana edad. Cualquiera que sea el destino repetido, podríamos decir que es una lealtad ciega a quien vino antes, a quien ocupaba esa silla y por alguna razón ya no está allí.

¿Y cuál es la solución?












Y es allí, cuando constelamos. ¿Cómo?
Lo primero es armar la historia de esa orquesta a la que pertenece la persona. Reconocer las repeticiones, contar a los excluidos y ubicar hechos importantes que hayan marcado el devenir de ese grupo.

Lo segundo, es armar la orquesta. Colocar a cada músico es su lugar con su silla y su instrumento. Esto quiere decir, incluir a los excluidos y honrarlos, toquen lo que toquen y como lo hayan hecho. Respetar su silla y su partitura.


Y, por último, que el paciente o cliente tome su propio lugar, el que le corresponde, el que es para él o para ella. Y que se haga cargo de su silla, su partitura y su instrumento. Y que suene lo mejor que pueda. Con la música que el alma familiar le susurra al oído y la que su propia alma decide plasmar en el pentagrama de la vida.








Autor del texto: Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestalt, Terapeuta en Constelaciones Familiares y Coach Ontológico.

lunes, octubre 28, 2013

La Fertilidad desde la visión de Constelaciones Familiares

Cuando concebir un hijo 
está vinculado a nuestra historia familiar

 

Como Psicoterapeuta y Consteladora Familiar tengo dos creencias que, aunque puedan parecer paradójicas, se integran y conviven: la primera, es que todos los procesos físicos y corporales están vinculados con el mundo emocional; y la segunda, que una Constelación como terapia quizá no sea la única salida o solución para resolver un tema que resulte difícil de transitar. 

En el caso de los temas de fertilidad o las dificultades que puede presentar una pareja a la hora de tener un hijo, las Constelaciones Familiares ofrecen un acercamiento que puede ayudar a la mujer, al hombre o, a ambos a organizar su lugar dentro de su sistema familiar, para romper alguna repetición o alguna lealtad invisible que les esté imposibilitando esto de “ser papás”. 

 Antes de empezar 

Si bien creo en las Constelaciones Familiares como un abordaje terapéutico capaz de generar cambios es nuestra manera de estar en el mundo y en nuestra vinculación con nuestro sistema familiar, no creo que hacerla sea una garantía de éxito al 100%. Para decirlo de manera más clara: Si una pareja no está pudiendo concebir, la terapia no es un pasaporte directo al embarazo. 

 Pero, ¿puede ayudar? Sí, puede ayudar. ¿Cómo? Desenredando los hilos invisibles que nos atan de una manera dolorosa a nuestros ancestros. Veamos algunas posibilidades.

Referencias ancestrales 

La historia de nuestra familia marca nuestra propia historia. Solemos repetir (con conciencia o no) lo que hicieron los que vinieron antes que nosotros, sea bueno o no tan bueno. Es parte de la buena conciencia y de la necesidad de pertenecer al sistema.

En los casos de fertilidad, es importante revisar en nuestra historia personal, algunos de estos temas:

• Abortos (naturales o espontáneos) que haya experimentado alguno de los miembros de la pareja. De parejas previas de algunos de ellos. O de los padres de ella o de él.

• La muerte de alguna madre en el parto en la historia familiar.

• El fallecimiento de algún bebé al momento de nacimiento o en su primera infancia.

• Si la mujer de la pareja tiene algún tema pendiente con las mujeres de su familia. Sea porque las rechaza o reniega de ellas de alguna manera. Lo mismo aplica con el hombre de la pareja con los hombres de su historia.

• Si alguno de los dos tiene un tema vinculado con la vida o la muerte no resuelto. Por ejemplo, si está implicado sistémicamente con el fallecimiento de alguna persona de su historia.

 Siempre es necesario revisar en una entrevista el sistema familiar de la pareja a fin de chequear estos puntos mencionados anteriormente.

 De todas maneras, el trabajo de Constelaciones es “chismoso” y, muchas veces, aunque la persona no conozca la información exacta de su sistema, al desplegar su historia, se muestra de manera espontánea lo que pudiera estar dificultando (desde la perspectiva familiar y sistémica) la posibilidad de tener descendencia.


Desenredar y romper lealtades 

¿En qué consiste entonces la Constelación de Fertilidad? ¿Cómo se hace?

Yo recomiendo trabajar en pareja. Aunque también puede hacerse de manera individual.

Se realiza una entrevista previa armar la historia de la familia y ubicar los temas que pudieran estar dificultando a la pareja.

Y se procede a Constelar. A realizar el trabajo terapéutico como tal. Es difícil dar detalles de una constelación, pues cada una es una experiencia diferente y cada quien la vive de una manera particular.

El objetivo al final es sanar. Y lograr que cada quien ocupe su lugar y que tome su propio destino. Dejar de cargar el destino de los ancestros, honrar lo que ellos hicieron y seguir con nuestra vida, con la posibilidad de dar la vida, que es lo que garantiza la continuidad del gran sistema al que pertenecemos.




Autor del texto: Lic. Raiza Ramírez Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares 

 Si es tu tema o te interesa… puedes contactarte conmigo por el siguiente correo electrónico raizaramirez@gmail.com o por el teléfons: 15-63649171.


lunes, febrero 11, 2013

Te (me) quiero más que a mi vida...

¿Cuántas veces has dicho las siguientes frases? ¿Te suenan?


Si tú no estás, me falta el aire.
Mi vida sin ti no tiene sentido.
Tú le das razón a mi existencia.
Gracias a tí soy feliz.
Tu compañía me hace fuerte y grande.
Contigo puedo pasar cualquier momento, bueno o malo.
Es tu abrazo lo que necesito para ser feliz.
Cuando estoy contigo, mi vida tiene sentido.
Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
Te amo y te necesito para seguir.


Ahora, haz una prueba: Lee estas mismas frases en PRIMERA PERSONA.

















Sin MI no puedo vivir. 

Si YO no ESTOY, me falta el aire.
Mi vida sin MI no tiene sentido.
Yo le DOY razón a mi existencia.
Gracias a MI soy feliz.
MI compañía me hace fuerte y grande.
CONMIGO puedo pasar cualquier momento, bueno o malo.
Es MI abrazo lo que necesito para ser feliz.
Cuando estoy CONMIGO, mi vida tiene sentido.
SOY lo mejor que me ha pasado en la vida.
ME amo y ME necesito para seguir.

No se trata de ser AUTOSUFICIENTE y creer que no necesito a alguien para convivir, co existir, estar en el mundo, compartir.

Se trata de saber que YO soy YO y TÚ eres TÚ. Y que aunque TÚ existes, YO me necesito para estar conmigo y luego, para estar contigo.

Raiza Ramirez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares

martes, octubre 09, 2012


La historia de Hugo y Henrique



Hugo era un hombre adulto. En su historia, su madre ocupaba un lugar importante. Se había criado solo con ella. Su padre era un desconocido, casi un fantasma, un ser que nunca estuvo presente físicamente.

Hugo tuvo varias mujeres a lo largo de su vida, pero hubo una que le quitó el sueño y el aliento. Se llamaba Venezuela. Era hermosa, fecunda, tenía todo lo que cualquier hombre pudiera desear, incluso más.

De ese amor intenso nacieron unos morochos: Hugo, se llamó uno, como su padre. Al otro, le pusieron Henrique (con H para que tuviera la inicial de su papá). Si bien los dos muchachitos tenían la misma edad y eran idénticos físicamente, eran completamente diferentes en su forma de ser. A Hugo papá esta diferencia lo desconcertaba. Y como no había tenido a su papá, le resultaba difícil ser papá.

Un ejemplo simple. Henrique, desde que tenía unos cinco meses, lograba agarrar el tetero con sus pequeñas manitas, lo sostenía y comía solito. Mientras que Hugo hijo, no lograba tomar la botella entre sus manos. Ahí era cuando su padre, los miraba a los dos y elegía hacer lo que le parecía mejor: ayudar al que no podía hacerlo solo y dejar al otro por su cuenta.

Nuevamente sucedió cuando los pequeños estaban aprendiendo a amarrarse las trenzas de sus zapatos. Henrique, un poco más independiente que Hugo hijo, se fijó bien cuando le explicaron cómo hacerlo y luego de varios intentos, pudo lograrlo. Al principio no fue fácil, pero insistió en hacerlo solo, en poder, en equivocarse varias veces, hasta que lo logró. Se amarró las trenzas de sus zapatos. Sonrió orgulloso de sí mismo. Se sentía importante. Y cuando fue a mostrarle a su papá lo que había logrado, encontró a Hugo papá amarrándole las trenzas a Hugo hijo. Hugo papá estaba ocupado con el hijo que más lo necesitaba y no le hizo caso a Henrique.

 “Necesito que me necesites”

A Hugo papá le gustaba sentirse necesitado por su hijo Hugo. Henrique le parecía a veces muy orgulloso, soberbio. Parecía que no lo necesitaba. Que podía hacerlo todo solo. Que él no tenía nada para mostrarle. Por eso, a veces, pasaba más tiempo con Hugo hijo: él sí lo necesitaba, le pedía, Hugo papá era útil para al menos uno de sus hijos.

Cuando los muchachitos comenzaron a leer, pasó algo parecido a lo narrado anteriormente. Henrique se fajaba en la mesa del comedor con el “ma, me, mi, mo, mu”. No siempre entendía, pero insistía. Hugo hijo, mientras tanto, estaba en el patio de la casa jugando metras o en el cuarto mirando tele. Esperaba a su papá para que lo ayudara con la lección. Por dos razones simples: primero, le parecía que no era tan inteligente como Henrique y que no podía solo; y segundo, su papá seguro lo iba a ayudar como lo hacía siempre.

Ya para ese momento, Hugo papá lo tenía claro: Henrique lo necesitaba menos que Hugo hijo. Por lo tanto, pasaba más tiempo con quien lo necesitaba más. Para sus adentros pensaba: “Cuando yo sea viejo, Hugo se quedará a mi lado. Me acompañará. Seguro Henrique se va y me deja solo”.

El rechazo

Hugo hijo comenzó a rechazar a su hermano Henrique. Si bien eran igualitos físicamente, usaban las mismas franelas y hasta los mismos juguetes, en la práctica, eran bien diferentes. A Hugo le daba rabia que Henrique supiera tanto, que parecía ser más inteligente. “Él tiene cosas que yo no tengo, él puede cosas que yo no puedo”, se decía para sus adentros. Y eso le daba rabia. Pero no le pidió ayuda a su hermano, ni aprendió de él. Hugo hijo se creyó la frase que escuchó muchas veces de la boca de su padre: “Deja eso Hugo, yo lo hago por ti, tú no sabes hacerlo, tú no puedes. Yo te ayudo”.

Henrique, por su parte, si bien sabía cosas y lograba arreglárselas por su cuenta muchas veces, prácticamente no tenía con quién compartir esos logros. Su papá solía estar siempre ocupado con su hermano morocho. Muchas veces se sintió excluido, fuera de lugar, poco querido. En algunos momentos llegó a pensar: “Será que tengo que hacerme el que no puede o el que no sabe hacer las cosas para que mi papá me haga caso?”.

Henrique también empezó a rechazar a su hermano. No entendía cómo otro ser (igualito a él) podía no saber, no poder, no hacer. No lo entendía. “Pero si no es tan difícil”, se decía para sus adentros. En el fondo, más allá de lo que pensaba, Henrique quería sentir que pertenecía a esa familia, que era uno más de ellos, que ser diferente no era sinónimo de exclusión. Pero esa sensación no llegaba, no aparecía. Henrique solía sentirse fuera de lugar.

Hugo papá también desarrolló rechazo por su hijo Henrique. No lo entendía. “Por qué no me necesita?”, se preguntaba. Por otra parte, este hijo le recordaba lo que él no pudo hacer de muchacho, lo que él no había logrado, esa independencia que él tampoco tuvo. Así que sin saber cómo tratar a su hijo Henrique, terminaba por hacer lo de siempre: rechazarlo, ignorarlo o aleccionarlo y, pasar más tiempo con Hugo hijo.
El tiempo hizo que esa casa se convirtiera en un espacio con dificultades para estar y vivir. La tensión entre los tres se hizo presente. Los mejores momentos pasaban cuando los Hugos podían compartir juntos sin Henrique.  Y para Henrique, cuando lograba estar a solas o salir un rato de la casa sin ellos.

La adolescencia

Los muchachos cumplieron 14 años. Entraron en la adolescencia. La dinámica familiar seguía igual. Poco había cambiado en todo ese tiempo. Hugo hijo seguía jugando en el patio o mirando tele, mientras su papá llegaba a ayudarlo con sus trabajos y tareas. Henrique, por su parte, seguía en la soledad de la mesa del comedor, tratando de entender los polinomios de las matemáticas de segundo año, decidido a sacar muy buenas notas y ser el mejor de su clase.

Henrique quería que las cosas cambiaran en su casa, en su familia. No sabía cómo, pero era lo que deseaba. Lo que Henrique soñaba era que Hugo papá o Hugo hijo cambiaran. Quería que su papá fuera un poco más atento con él, no que le hiciera las tareas, pero que al menos lo mirara hacerlas. Deseaba que su hermano fuese capaz de ser más independiente y que necesitara menos a papá. Pero mientras deseaba el cambio de los Hugos, él seguía haciendo lo mismo. Y nada cambiaba.

Hugo papá y Hugo hijo también deseaban que Henrique cambiara, que se pareciera más a ellos. Pero ellos tampoco hacían algo diferente. Así que todo seguía igual.
Henrique pensó muchas veces irse de su casa. Romper con todos los lazos que lo unían a ese padre y a ese hermano, de los cuales se sentía cada vez más alejado. Y al mismo tiempo sentía dolor, por él mismo y su necesidad de afecto y amor, e incluso sentía dolor por su madre Venezuela.

La resolución

La historia de esta familia aún no termina. Siguen inmersos en este círculo de alianzas entre los que “son iguales” y de rechazo entre los que “son diferentes”. Siguen pensando que quien debe cambiar es el otro. Siguen en sus mismas posturas.

La madre Venezuela los mira y suspira. A veces llora lágrimas de lluvia. A veces se enoja en fuego. A veces se cruza de brazos y dice “no hago nada más”. Ella sabe que es un tema de ellos tres. Ella los ama a todos por igual. Los reconoce. Los abraza cuando es necesario.

Quizá las cosas cambiarían si Hugo papá pudiera mirar a sus dos hijos. Y si a ambos pudiera decirles: “Hijos, para mí está bien si lo hacen igual o diferente a mí. Ustedes pertenecen a este sistema. Ambos pertenecen”.

Quizá las cosas cambiarían si Hugo papá dejara de hacer cosas para ser necesitado por el otro y confiara en los recursos de su hijo Hugo y en sus posibilidades. Sobre todo, si comenzara a confiar que su hijo lo amará igual si le hace la tarea o si no se la hace.

Quizá las cosas cambiarían si Hugo hijo comienza a confiar en sí mismo y en sus recursos. Si deja de ser fiel a Hugo papá y le logra decir: “Papá, bendíceme si lo hago diferente a ti”.

Quizá las cosas cambiarían si Henrique asume su diferencia, su mala conciencia y sin culpa logra tomar su destino y hacer lo suyo. Quizá cambiaría todo si logra decirle a su padre: “Papá, me haces falta, tanta falta como te hizo tu papá a ti. Sonríeme si te necesito menos, si puedo solo, si soy feliz. Sé que a donde vaya, estás en mi corazón. Y te reconozco como el grande. Delante de ti, soy pequeño”.

Quizá las cosas cambiarían si Henrique mira a su hermano Hugo, a su morocho, a su igual y le dice: “Hermano, te veo. Veo el precio que has pagado para pertenecer a este sistema. Te honro por ese precio. Tú has pagado un precio más alto que el mío y recién lo puedo mirar. Te doy las gracias por ello. Y sigo mi camino más liviano. Mi camino diferente, mi destino”.
Al final, Hugo y Henrique son hermanos morochos. Paridos por la misma madre: Venezuela. Y ambos pertenecen al sistema, con buena o mala conciencia.

Escrito por: Raiza Ramírez

NOTA de la autora:
Este cuento es solo una analogía. Quizá escrita por mí para mí misma, empujada por la necesidad de cerrar internamente lo sucedido el 7 de octubre de 2012 con las elecciones presidenciales de Venezuela. No pretendo tener razón. Solo intento, a través de la metáfora y de la mirada sistémica, integrar dos fuerzas que están allí y que siguen desintegradas.
Hay algo que no miraba el domingo pasado que ahora comienzo a mirar. Si estas líneas te sirven, qué bueno. Si no, sigue de largo y encuentra otras que te hagan sentido.
Honro a mi Venezuela amada. A los que vinieron antes que Hugo y Henrique. A los que estamos ahora y somos Hugos y Henriques. A los que vendrán después, que ojalá, tengan algo de los morochos y logren tomar su vida y destino entre sus manos y caminar con un poco de paz por esta tierra bendita.
Raiza

lunes, abril 30, 2012

Constelaciones Familiares es un abordaje terapéutico que buscar "ordenar" el lugar del paciente dentro de su sistema familiar. Busca, que se puede hacer cargo de su destino, sin culpas, sin lamentos, sin juicios.




Si quieres leer algunos textos sobre este tema, te invito a visitar los siguientes LINKS

Sobre Constelaciones Familiares 


Sobre los Órdenes del Amor


Sobre tomar la vida, que corre como el agua de una cascada.


Artículo: Quién es el bueno y quién es el malo?


La Familia y la tubería rota.


La madre y el padre: el principio de TODO.



viernes, enero 21, 2011

Actualizarme... ¿Qué significa eso?


No soy la misma de ayer. No soy la misma de mañana. Hoy soy quien soy hoy. No es un juego de palabras. Si miro con cuidado mi pasado, puedo ver que he cambiado de gustos, de creencias, de maneras, físicamente seguro también he cambiado. No soy la misma.

Esta idea que parece obvia, puede llegar a convertirse en un problema para mí si no me actualizo en estas modificaciones que voy teniendo día a día.

Colocaré un ejemplo simple y exagerado, solo para ilustrar lo que quiero decir en este post.

Hace 10 años una mujer usaba talla 4. En el presente, usa talla 8 (dos tallas más que hace 10 años) Va a una tienda (en el presente) y pide un pantalón talla 4. Cuando va al probador, obviamente, NO le queda. La mujer sale molesta de la tienda. ¿Qué le pasó? Al no actualizarse con ella misma, la mujer no se había enterado (o no se había querido enterar) del cambio que ha vivido su cuerpo en este lapso. Fue a comprar con una "idea vieja" en su mente y no con la realidad del presente. ¿Cuáles son los resultados de esta falta de actualización? Que no logro encontrar lo que deseo, que no me queda, que no me sirve, que ya no se trata de mí.

Estos cambios aplican en diferentes aspectos de mi vida. Las amistades, los trabajos, las relaciones, los gustos, las creencias, solo por nombrar algunos.

Como escribí anteriormente, esta NO actualización de mí mismo, puede causarme problemas. ¿Cómo? Si no se quién soy HOY, ¿Cómo salgo a la calle a lograr mis metas? ¿Cómo pido adecuadamente lo que necesito? ¿Cómo puedo ofertar lo que tengo, si no se qué tengo?




Es en este punto, en el que interviene la llamada ACTUALIZACIÓN.

La actualización de mi ser o de mi persona significa ponerme al día conmigo. Conocer quién soy hoy. Lo que me gusta y lo que me mueve. Lo que siento, lo que pienso sobre cierto tema. Sobre mis necesidades (las actuales), mis creencias. Actualizarme además me permite cambiar paradigmas personales.




¿Cómo puedo hacer esta actualización?

Puede ser tan profunda o superficial como yo desee. Puede ser simple o complicada. Las reglas las coloca cada quien.
Personalmente, recomiendo ir desde lo más simple a lo más profundo. Algunos ejemplos:
Ir a una heladería y actualizar mi sabor de helado preferido. Sigue siendo Chocolate o cambió? Escuchar al que era mi cantante preferido hace unos años y ver si siento lo mismo ahora por él y su música. Ver una película que hace tiempo me impactó y medir ese impacto en el presente.

También puedo preguntarme en mi día a día, qué pienso sobre este tema o el otro. Cómo me siento ante esta experiencia que estoy viviendo. El elemento importante es indagar en mi persona, cómo estoy siendo en este momento, cómo pienso en este momento y no quedarme anclada en el pasado, en alguien que fui alguna vez.

De esta manera, podré decir orgullosamente que "Yo se quién soy" (al menos aquí y ahora)




Autor del texto: Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares

Qué es Bebé Gestalt

Mamá y Papá: el principio de todo.

Mamá y Papá: el principio de todo.
La vida viene de mamá y papá. Y yo, como hijo soy 50% mamá y 50% papá. Estoy conectado una suerte de “hilos invisibles” a ellos y a los que vinieron antes que ellos y que hicieron posible mi vida. A donde me mueva y vaya, los hilos van conmigo. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

¿Neurótico yo?

¿Neurótico yo?
Fritz Perls, creador de la Terapia Gestáltica, escribió que todos los seres humanos somos neuróticos. Esta aseveración quizá puede resultar antipática para algunos, ¿cómo es posible esto? A continuación podrás leer algunas pistas que te ayudarán a saber si eres neurótico o no. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

¿Llueve o hace sol?

¿Llueve o hace sol?
Si se pudiera hablar de un “ideal”, sería el siguiente: tener el paraguas a la mano, estar pendiente del tiempo y probar. A veces será el momento de abrirlo porque el cielo anuncia tormenta y otras veces de cerrarlo pues el sol está resplandeciente. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

La pareja y el morral

La pareja y el morral
Una mujer, luego de pasar un tiempo sin pareja, conoce a dos hombres: A y B. El “A” parece tener todas las cualidades “buenas” que ellos “deben tener”: es soltero, tiene una buena posición económica, está disponible para ella, es cariñoso, de buena familia. El “B”, pareciera cargar una mochila más grande: tiene un hijo, una ex mujer y algunos problemas sin resolver. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

La empresa de un solo empleado

La empresa de un solo empleado
Por muchos años esta mujer tuvo y mantuvo una empresa de múltiples empleados. Estaba tan atareada con sus ocupaciones que se olvidó de ella misma. A veces no se pagaba el sueldo, hubo años en los que no vio utilidades. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)