sábado, agosto 28, 2010

La empresa con un solo empleado


Por muchos años esta mujer tuvo y mantuvo una empresa de múltiples empleados. Estaba tan atareada con sus ocupaciones que se olvidó de ella misma. A veces no se pagaba el sueldo, hubo años en los que no vio utilidades. Hubo momentos en los que una conversación para desahogarse era necesaria, pero prefería utilizar sus oídos para atender a sus empleados, a esos que dependían de ella. En el fondo, era feliz. En el fondo, era infeliz. De cualquier manera, pensó que valía la pena este sacrificio.

Pasó el tiempo. Sus empleados fueron creciendo, cambiando, mutando. Fueron sintiendo otras cosas. Comenzaron a necesitar cambios. Fueron renunciando. Poco a poco, uno a uno. La mujer, jefe por mucho tiempo de esa empresa maravillosa, casi no notó los cambios. Estaba inmersa y dedicada a hacerlos a todos los que estaban muy felices. Su vida seguía más o menos igual. A veces no cobraba sueldo, casi no pasaba por su oficina.


Un día, un día que amaneció diferente. La mujer llegó a su empresa, a su bella empresa y se quedó perpleja. No había nadie. Ni un alma. Estaba todo vacío. El primer sentimiento que la invadió fue la sorpresa. No lo podía creer. Buscó en su libro de empleados y solo le quedaba uno en la nómina: ella misma.

Luego de la sorpresa llegó la tristeza. Se sentía sola. Profundamente sola. Ya no tenía a quién atender y a quién solucionarle sus temas laborales. Ahora el negocio no solo dependía de ella, sino que era solo para ella.

Pasó un tiempo antes de que pudiera disfrutar esta nueva empresa unipersonal en la que se había convertido su vida. El día que comprendió que los ingresos eran todos para ella en este momento, el día que supo que las utilidades ya no las tendría que compartir, el día que se dio cuenta que tenía mucho tiempo para ella y sus necesidades, ese día comenzó a disfrutar su propia empresa, su propia historia, su propia vida.



NOTA:
Esta historia es una analogía de alguien que en vez de dedicarse a vivir su propio destino, por amor a los suyos, decidió hacerse cargo de su familia por muchos años, olvidándose de ella misma.
Luego de hacer un movimiento de Constelaciones Familiares, su empresa quedó sin empleados y ella comenzó a hacerse cargo de su propio destino. Primero, con mucho dolor; luego, con mucho amor por ella misma y por los suyos.

Los que nos aman sonríen cuando nosotros somos felices.
Los que nos aman lloran cuando nosotros lloramos.
El sacrificio no hace crecer a la familia. El movimiento sí!

Autor del texto: Raiza Ramírez

jueves, agosto 26, 2010

La familia: Membresía asegurada




En una Constelación en la que tuve la oportunidad de participar recientemente surgió una imagen muy hermosa.

La paciente (una mujer adulta) narra cuánto se esmera y "lucha" por ayudar a sus hermanos y en general a los miembros de su familia. Se esfuerza, les demuestra a todos cuán buena es ella, realiza acciones por todos (incluso cosas que ellos no le piden). Y sigue siendo infeliz. Sigue sintiéndose mal. Y sigue sin ver los resultados de su lucha titánica.

En la imagen cuando ella se acercaba a sus hermanos, ellos se alejaban. Si ella iba al norte, ellos se iban al sur. Si ella iba al sur, ellos iban al norte. Esta visión dejó a la mujer muy perpleja. "¿Por qué se alejan de mí? ¿Qué pasa que no me miran? Si yo lo único que quiero es ayudarlos... ", eran algunas de sus frases.

Adicionalmente, se agregó un representante secreto (nadie sabía quién era). Era el destino de la paciente. La representante del destino de la paciente manifestaba que se quería ir y que había algo pesado que la hacía querer tirarse al piso. Pasados unos minutos, se sentó en el piso. No tenía fuerza. Estaba absolutamente aplastada. La cliente o paciente no miraba a su destino, seguía mirando a los integrantes de su familia.

Más allá de la "solución" en esta Constelación o en este movimiento sistémico, hay dos aspectos importantes que me gustaría destacar:

El primero es la idea poderosa de que no es necesario luchar tanto ni tan duro por pertenecer a nuestra familia. Tenemos ese carnet y esa membresía ganada desde que mamá y papá hacen el amor y ella queda embarazada. Es un carnet que me dan apenas piso este planeta y el cual, aunque lo borre, lo gaste, lo maltrate, siempre está vigente y sirve. No hay mucho que hacer para pertenecer a mi familia. Solo asentir a ella como es.

El segundo pensamiento tiene que ver con esto tan importante que es "mirar mi destino". Si estoy tan metida en el destino del otro o de los otros y no miro al mío, ¿qué le pasa a mi destino? ¿Cuáles son las consecuencias? Lo más interesante es que haga lo haga, nadie se va a encargar de mi destino por mí, o quizá sí, alguien que me ame mucho (como un hermano o un hijo) y ese sea su precio.

Si la familia es una orquesta y cada quien toca un instrumento... busca tu instrumento, el tuyo, el propio, el que te tocó. Y tócalo mejor que nadie! Dale con todas tus fuerzas que ése es tu destino. No intentes tocar el instrumento del otro. Es demasiado para ti.

Una última idea: llevemos con orgullo y dignidad el carnet que nos tocó en nuestra familia. Es único y nos lo regalaron los mejores: los que vinieron antes que nosotros.


Raiza Ramirez

lunes, agosto 23, 2010

El Terapeuta en Constelaciones Familiares


Después de algunos años (no tantos) de experiencia con el trabajo de Constelaciones Familiares me atrevo a escribir algunas ideas del rol del facilitador que aplica este tipo de terapia, bien sea para grupos o de manera individual. Son reflexiones basadas en la experiencia y sobre todo en el trabajo con los grupos de formación. Es mi humilde visión. No una verdad absoluta.



Una de las primeras frases que me viene a la mente cuando pienso en un terapeuta de Constelaciones Familiares es la siguiente: “El constelador pone el 50% en el trabajo y el otro 50% lo coloca el paciente”. Éste es un buen comienzo de la consulta.

Técnicamente hay varias maneras de hacer una constelación. Creo que el estilo y los recursos de cada terapeuta son lo que marcarán la diferencia en cada caso. Y no hay casos iguales.

Ver a cada persona como única y a su tema y a su familia como algo único es quizá una de las mejores herramientas que podemos tener para abordar un caso. Es importante no dar nada por sentado.

Otra de las ideas importantes es el lugar que ocupo como terapeuta. No se más que mi paciente, jamás. Él es quien sabe su historia y la cuenta como puede. Yo solo soy una hormiga delante de su sistema. De su sistema perfecto como es.

Mi trabajo tiene que ver con mirar compasivamente al que tengo en frente y saber que ha hecho lo mejor para su familia, aunque sea desde el amor ciego, infantil y con la lealtad ciega que caracteriza a los embrollos sistémicos.

Lo primero es no juzgar. En ningún momento. No hay buenos ni malos. Los hilos de cada familia se tejen como pueden. Y así es perfecto. El trabajo, a través de la entrevista o preguntas tiene que ver más con encontrar repeticiones, ver a quién o a qué se excluyó y cómo ese sistema familiar encontró su forma de compensación para mantenerse.

Hay dos preguntas que suelo hacer al principio del trabajo y que me gustan mucho. No son originales ni de mi creación. Las he tomado prestadas de gente que sabe mucho más que yo, como Carola Castillo y Joan Garriga.

Las preguntas son simples y muy complejas al mismo tiempo:
1) ¿Cuál es tu tema o qué quieres mirar?
2) Si hacemos la constelación, ¿Qué vas a lograr?, ¿Qué va a cambiar o será diferente?











Una vez hecha la entrevista, seleccionado el tema y conversado con el paciente, el terapeuta escoge los representantes con los que se comienza el trabajo. Hay un principio que me gusta aplicar y que aprendí en la formación: mientras menos, mejor. Esto quiere decir que mientras menos representantes escojamos, puede ser mejor para el trabajo.

Cuando tenemos a los representantes ubicados, comienza el trabajo. Bien sea individual o grupal la constelación, es importante que al sistema se le dé un tiempo para comience el movimiento. Aquí es donde es importante la espera y la observación.

Es fundamental ver los movimientos corporales de los representantes que están dentro de la Constelaciones. Y también es muy importante conectarse con el trabajo para percibir qué emociones pueden manifestarse en el trabajo.

Personalmente, creo que el trabajo es en una gran medida fenomenológico. Es decir, seguimos el movimiento tal y como se va dando. Solo lo seguimos. Desde la observación.

Dejamos a un lado el miedo y lo transformamos en respeto. Dejamos a un lado las intenciones de que venga lo que creemos que es “la solución” y las transformamos en un asentimiento y rendición ante lo que es más grande que nosotros. Miramos y acompañamos al paciente en esta mirada. No le explicamos nada. A veces si la mente no entiende, lo estamos haciendo muy bien. Este trabajo, ha dicho Bert Hellinger, que es para el alma y para el gran alma familiar.

Respetamos los movimientos que se den. Esto forma parte de asentir al sistema del otro. No buscamos un final feliz en la Constelación, a pesar de que las palabras de resolución que indiquemos sean para que todo el sistema esté un poco mejor que cuando empezamos.

Posteriormente a los movimientos, integración de nuevos representantes (o no) y nuevos movimientos del sistema, vienen las palabras de resolución. Si bien hay algunas frases muy utilizadas en los trabajos de Constelaciones, he integrado la posibilidad de que los representantes o el cliente diga lo que desee y le nazca decir.

Uno de los “secretos” de las Constelaciones es que las frases de resolución deberían funcionar para el sistema entero y sabemos que decimos la frase indicada, cuando le persona luego de pronunciarla respira profundamente, reporta un alivio o dice sentirse mejor que antes. Ese es el trabajo. Sin intención de que suceda. Solo va a suceder lo que tenga que suceder.

El cierre del trabajo depende igualmente de cada terapeuta y su estilo. Hay quienes terminan con una frase de reflexión o con una tarea. Otros, pueden usar un anclaje sobre lo que se vio en el trabajo, esto quiere decir, una frase que quede grabada en el cliente.

Personalmente, suelo revisar o chequear con el paciente cómo se siente ante el trabajo realizado. Y le indico que puede hacer una pregunta y que puede que yo la conteste o no. Lo anterior no es un acto de soberbia, es que el trabajo del constelador no está en explicar lo que se hizo. El movimiento es invisible y poderoso. Y se lleva dentro.

Hay muchas preguntas que pueden surgir, especialmente para las personas que están comenzando a transitar esta vía. La mejor manera de responder esas dudas es trabajando. Con respeto y sin miedo. De a poco. Llegando hasta donde puedo y hasta donde puede mi paciente. No forzando la barra ni deseando realizar algún movimiento en particular. Dejar la intención a un lado es la mejor garantía de que el trabajo se dará como tiene que darse.

El sistema es lo suficientemente parlanchín o chismoso como para forzarlo. Nuestro trabajo realmente consiste en tener los ojos bien abiertos, así como el corazón, para acompañar sin juicios, intenciones y con mucho respeto a quien amorosamente nos pide que lo ayudemos a mirar.

En pocas palabras: respeto, asentimiento, no juicios, no miedo, ojos abiertos y la conciencia de que mi paciente y su destino van de la mano. Y que mi destino y yo también lo hacemos.



Autor del texto: Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares.

sábado, agosto 21, 2010

Ser y parecer


Hace poco conversaba con una paciente sobre estas dos palabras y la importancia de su vinculación: ser y parecer.

Y es que una cosa es SER y otra PARECER. Parece simple, ¿realmente lo es? ¿Soy o parezco? ¿Soy y parezco? ¿Parezco pero no soy? ¿No parezco lo que soy? ¿Soy una cosa y parezco otra?

Es mucho más que un juego de palabras. Tiene que ver conmigo y con mi ser y estar en el mundo.

Por ejemplo: Una mujer puede ser la más dulce y sensible del mundo y parecer muy dura por fuera. ¿Con qué se quedan las personas que la miran? ¿Con lo que la mujer es o con lo que parece? ¿Con qué se queda ella o con qué se identifica ella? ¿Con lo que es o con lo que parece?

A veces podemos necesitar tanto PARECER que nos olvidamos del SER. ¿Y a dónde nos puede llevar esto?

Si PAREZCO pero no SOY, es una fachada. Si SOY pero no parezco, me sigo ocultando tras la fachada. ¿Dónde estoy y dónde quiero estar?

El SER tiene que ver con mi esencia. Con lo que se parece a mi naturaleza, por lo menos en este momento. Tiene que ver con lo que se parece a mí, con lo que me siento cómoda o cómodo. Con lo que vibro o vibra conmigo. No siempre me muestro tal y como SOY, puedo elegirlo y mostrar parte de mí.

El PARECER tiene que ver con “mi fachada”. Lo que aparento. No necesariamente tiene que parecerse a mi SER. O por el contrario, puede parecerse a mi SER. ¿De quién depende esto? De mí. Yo lo elijo.

Podemos ir por la vida SIENDO una cosa y PARECIENDO otra. También podemos elegir que nuestro SER y nuestro PARECER se unan más. Y también puedo SER, saber que soy y elegir cuánto muestro a los otros y en qué momento lo hago.

¿Qué eliges hoy?









Autor de texto: Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares

viernes, agosto 06, 2010

Víctimas y perpetradores


No hay paz hasta que las víctimas y los perpetradores no se encuentran.
Ambos sienten alivio cuando logran estar juntos. Y de esta manera, el sistema vuelve a tener equilibrio.

Recientemente, un amigo murió. Y mi ejercicio personal, al mirar su ataúd, fue observar a su lado a la persona que lo mató. Aunque pueda sonar escabroso o raro, fue mi mejor acto de balance. Ellos deben estar juntos. Así lo decidieron. Y mi mejor acto de respeto y amor por su sistema es poder mirarlos juntos, sin juicios.

Mirándolo sistémicamente:

¿Qué pasa cuando en un sistema se excluye a un perpetrador? Un tío de la familia X mató a un hombre hace muchos años. Fue a la cárcel y ninguno de los miembros de su familia quiso visitarlo, no hablaban de él, sentían vergüenza y fue excluido.

En otra familia, la Y, un hombre fue asesinado, y se convirtió en una víctima. El dolor fue tan grande que no se habló de este tema. Se callaron las circunstancias.

En cada una de estas familias hay un desbalance, un lugar vacío. En la familia X, el excluido es el perpetrador. En la familia Y, el excluido es la víctima. ¿Qué sucede luego?

En las generaciones posteriores, y para lograr balance, alguien en la familia mirará esto que para los demás fue difícil mirar. Y entonces, un miembro de la familia X buscará a un perpetrador, para darle lugar a este tío asesino que fue excluido. Y un miembro de la familia Y, buscará una víctima para su propio sistema.

X y Y se encuentran y sucede lo inevitable. Y mata a X. En nombre de esta lealtad familiar e invisible de cada uno. Así, y solo así, nuevamente víctima y perpetrador pueden estar juntos.

¿Cómo se soluciona este embrollo?

Dando lugar a ambos: a las víctimas y a los perpetradores de tu sistema. Honrando a los que dieron su vida buscando a un excluido o mirando algo que ningún otro pudo ver. Con amor y con dolor, dejamos a los muertos en el lado de los muertos. Para que los vivos puedan hacer algo con sus vidas.

Mirarlo, asentir al destino del otro, saber que ese que murió o dio muerte también pertenece y que tiene su lugar.



“Te dejo en la muerte. Con amor y dolor. Honro tu destino. Por favor, mírame con cariño si me quedo con vida y lo hago un poquito diferente. Te miro y miro a tu perpetrador. Ambos tienen un lugar en mi corazón”



Autor del texto:
Raiza Ramirez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares

martes, julio 06, 2010

Manipulador y manipulado: dos caras de la misma moneda


La manipulación me resulta un proceso humano super interesante. Especialmente porque creo que todos los seres humanos, alguna vez echamos mano a esta forma de estar en el mundo y de tratarme a mí y al otro.

Primero: ¿Qué es manipular?

Apegada a la teoría de la Psicoterapia Gestalt y también al lenguaje: manipular significa transformar "algo" (situación, cosa o persona) de tal manera que se convierta en lo que yo quiera. Con un elemento adicional, que en vez de utilizar "mis recursos", uso los recursos del otro.

Esto último es lo que marca o caracteriza a la manipulación: NO USO MIS RECURSOS, uso los del otro. No uso mis recursos bien sea porque creo que no los poseo o simplemente porque deseo no movilizarme y hacer que el otro se mueva.

¿Cómo hago para usar los recursos del otro?

Desde la mirada gestáltica, una de las formas características que se usa en la manipulación es colocarme una "máscara" y actuar desde allí. Me convierto en una víctima, en la responsable, en una diva, en un pobrecito, en un dictador, entre otros. Y desde este rol, "juego" conmigo y con el otro.

Y por ejemplo, en vez de decirle a alguien: "Quiero agua, por favor, dame un vaso con agua"
Le digo: "Tú que eres tan bella y dadivosa... y yo que no puedo levantarme de esta silla... verdad que me quieres dar un poquito de agua?"

Aunque parezca un ejemplo muy básico, en el fondo de la frase manipuladora está la base de esta vinculación: Me coloco una máscara, actúo desde allí, trato de usar tus recursos en vez de usar los míos y alcanzo mi meta o logro satisfacer mi necesidad.

Manipulador y manipulado

En esta forma de actuar y de estar en el mundo, el manipulador no está solo, necesita a un otro que se deje manipular. Al encontrarse se arma la llave perfecta: uno dice y el otro hace. Ambos en un juego perfecto en el que ambos se necesitan.

Ambos terminan siendo dos caras de la misma moneda.




El manipulador puede creer (verdaderamente) que no cuenta con los recursos para satisfacer sus necesidades o lograr sus objetivos. Y por ello, necesita al otro para aproximarse a lo que quiere.
Y la otra característica del manipulador es que se colocar esta careta o actúa desde este rol, pues no es capaz de hacer un pedido directo a la otra persona, pues suele temer recibir una NO o una negativa como respuesta. Antes de exponerse al rechazo, manipula.



El manipulado por su parte, quizá sufre de aspectos parecidos al manipulador. ¿En qué sentido? El manipulado compra el rol del otro y puede llegar a creer que verdaderamente su interlocutor no puede alcanzar su meta. Y desde allí, siente que lo ayuda.
Igualmente, le cuesta dar un NO como respuesta. Si dice que no, las consecuencias pueden ser terribles para él y pueden incluir "perder" a esta persona que ellos también necesitan.

Entre ambos se forja un vínculo tipo "llave y cerradura". Calzan perfectamente. Uno tiene lo que el otro necesita.

¿Soluciones?

Un vínculo entre manipulador y manipulado puede funcionar por mucho tiempo. Siempre y cuando ambos reciban lo que necesitan.

El problema se da cuando a alguno de los dos le deja de funcionar este nexo. Cuando el manipulado, por ejemplo, comienza a decir que no.

Una posible solución para que este vínculo sea elaboradora de una manera más sana, apuntaría a lo siguiente:

+ Lograr que el manipulador se dé cuenta del rol que usa para satisfacer sus necesidades.
+ Lograr que el manipuladora pueda hacer un inventario de los recursos con los que cuenta para satisfacer sus necesidades.
+ En caso de que realmente no posea los recursos, mostrarle que puede pedir y acercarse al otro de manera directa. Y que puede exponerse a una negativa sin que ello signifique una pérdida total.

En el caso del manipulado:

+ Lograr que el manipulado se dé cuenta del rol que usa el otro para vincularse con él. Y que pueda mirar el rol que él mismo toma en este nexo.
+ Lograr que el manipulado pueda asumir el riesgo de decir que no a los pedidos indirectos del otro.
+ Hacerle ver al manipulado que el manipulador cuenta con los recursos para satisfacer sus necesidades.
+ Hacerle ver al manipulado que puede tener una relación con el otro basada en la interdependencia y no en "yo te soluciono tus problemas".

La manipulación puede ser un proceso hermoso y maravilloso. Del que todos podemos aprender. Quizá podamos comenzar a ver en qué lado de la historia estamos. Quizá a veces manipulamos y otras somos manipulados. Lo importante no es estar dentro, sino ver que estamos allí, para poder salir.



Otro texto vinculado al tema: Yo Manipulo


Autora del texto: Raiza Ramirez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares


sábado, junio 26, 2010

La frustración, ¿Qué hacer con ella?

La frustración
El tema no es sentirla, sino qué hacer con ella

Si nos imaginamos a un niño de unos 5 años a quien le acaban de comprar una barquilla repleta de helado de fresa, y a los minutos al pequeño se le cae al piso su helado, ¿Qué crees que sentirá? ¿Cómo reaccionará? ¿Qué hace o dice el adulto que lo acompaña?

Es probable que el niño llore o se moleste. Perdió algo que deseaba, que tenía entre sus manos y que le gustaba. En dos palabras: siente frustración.

Si un adulto viene y le dice “Tranquilo pequeño, todo está bien”, “No pasó nada”, “No llores, es solo un helado”, es probable que lejos de sentirse mejor, el niño se sienta aún más rabioso.

La frustración es una de esas sensaciones que tiene mala publicidad. Parece que es “malo” sentirse frustrado. El solo pensar que alguien dice “Eres una frustrada”, puede generar malestar.

Ahora bien, ¿Es tan malo frustrarse? ¿Qué tan terrible es sentir frustración?




Desde mi perspectiva, creo que si hay algo que se encuentra a la vuelta de la esquina es la frustración. No todo sale como lo deseamos. Ejemplos: Quiero que salga el sol y llueve. Deseo ganar más dinero y este mes no alcancé la meta. Me quiero ir de viaje y no puedo. Quiero dormir hasta tarde y debo levantarme para ir a mi trabajo. Todos los anteriores son muestras de “pequeñas” frustraciones que vivimos a diario, quizá la diferencia sea la forma en la que la maneja cada quien.

No creo que un síntoma de la madurez o el crecimiento personal sea NO frustrarse. Desde otra mirada, creo que lo interesante en qué hago cuando toco esta sensación de no haber logrado lo que deseaba, de haber perdido lo que tenía, de que las cosas no salieron como yo esperaba, entre otras.

Tengo dos visiones al respecto y ambas tienen que ver como cómo me acompaño en este trayecto de sensaciones.

Una primera mirada, ¿Dónde coloco el foco de mi atención? ¿En la situación que me genera frustración o en otro lugar? Por ejemplo, si no logré algo que deseaba, puedo solo enfocarme en esa meta que no alcancé y de esta manera, sentir aún más frustración. En cambio, si logro ampliar mi mirada, quizá pueda ver lo a mi alrededor y encontrar una nueva respuesta o una nueva opción.

Lo segundo. ¿Cómo me acompaño en este tránsito? ¿Cómo soy conmigo en este camino? ¿Me ayudo o me regaño y critico? Si me “mal trato”, el sentimiento negativo puede incrementarse. Sería como decirle al niño que se le cayó helado que fue su culpa y darle toda una lección sobre el hecho.

El secreto, si puede llamarse de alguna manera, es descubrir cómo deseo caminar conmigo. Entender a mi frustración y saber que hay “algo” que quería y no tengo y que esa situación me genera pesar o molestia. Ser tolerante conmigo y darme más ayuda y menos críticas.

Realmente la meta no es NO sentir frustración. Sino atravesarla de la mejor manera, para que al final de este trayecto, pueda haber sacado algún aprendizaje de la experiencia y esté listo para la próxima aventura.

Autora del texto:
Raiza Ramirez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares.

lunes, mayo 03, 2010

Entre angelito y diablito


Los desacuerdos internos se presentan cuando la persona boxea entre lo que desea para sí y lo que le impone la realidad. ¿Se ha confrontado usted con ese dilema?

por NÉSTOR LUIS LLABANERO | imagen: WWW.SHUTTERSTOCK.COM | DOMINGO 2 DE MAYO DE 2010


Una mujer que actúa poseída por el espíritu pacifista de Batichica no invalida la esencia guerrerista de la Gatúbela que lleva dentro. Por extremas que resulten, ambas cualidades -representadas en estos personajes de la ficción televisiva- forman parte de un todo. Sólo que la pugna exhibida en la serie entre la chica buena y la gata mala sólo tiene el objetivo de ver cómo el bien supera al mal. En la vida real, la situación opera diferente.

Cuando Raiza Ramírez, especialista en terapia Gestalt -rama de la psicología humanista-, menciona ambas actitudes como parte de una coexistencia, lo hace para graficar la encrucijada en la que muchas personas se encuentran a la hora de tomar decisiones, trascendentales o no para sus vidas. Se refiere a la batalla simbólica entre el angelito y el diablito, la cual no es ajena tampoco a los hombres.

"Todos atravesamos por esos momentos de debate personal, y cuando se impone el angelito no quiere decir que el diablito desaparezca de nuestra naturaleza, sino que en ese momento prevaleció uno de los dos".

De lo que se trata es de advertir a la gente que este duelo de pensamientos y sentimientos extremos forma parte de lo que el terapeuta argentino Norberto Levy llama "desacuerdos internos", una especie de diálogo donde las dos voces que hablan, a veces, no alcanzan un consenso, o se consigue lentamente generando malestar interno innecesario.


Sucede, por ejemplo, en casos tan cotidianos como el hijo casado enfrentado al dilema del deber que supone llamar a diario a su madre para saludarla y preguntarle cómo está. "La respuesta a esa interrogante debe partir de la necesidad que siente de llamar o no a la progenitora", especifica Irene Specht, presidenta del Instituto Venezolano de Escuelas Holísticas, IVEHO. "Hacerlo sólo por el deber es un mero cumplimiento de un rol que otros le establecieron".

Lo grave de privilegiar la mirada ajena, opina Specht, es que quien realice algo desatendiendo sus elecciones, corre el riesgo de irse convirtiendo en un ser desarticulado en sí mismo. "Actuar por lo que otro nos diga, no sólo nos aniquila sino que nos coloca en el último lugar de nuestras prioridades más esenciales".

EL DESACUERDO INTERIOR
Todas las personas dialogan con ellas mismas. Esto es normal y hasta sano. Son conversaciones o transacciones emocionales que permiten a cualquier individuo evaluarse, premiarse o regañarse. Al pronunciar estos puntos de vista, Raiza Ramírez dice que "lo interesante no es el diálogo interno sino la calidad del mismo".

Entonces pasa a comentar que si el diálogo es amoroso, éste se traduce en apoyo y compañía que ratifica el acuerdo interior. Es lo que representaría al angelito que habla.

Caso contrario, si el diálogo se basa en lo punitivo, éste se traduce en zozobra y compañía inadecuada, creándose el desacuerdo interior. Es el diablito contrapuesto al angelito.

Ramírez cita al autor argentino Norberto Levy, creador del abordaje terapéutico llamado Autoasistencia Psicológica, para precisar que el organismo humano funciona como una empresa con diversas gerencias. "Si dos gerencias de esa empresa (parte del organismo) están molestas, entonces se genera un desacuerdo interior. Pero, la complicación no es que exista el desacuerdo (en las mejores relaciones lo hay), sino que éste se cristalice o persista en el tiempo".

Ahora bien, dejarse llevar sólo por el angelito a la hora de tomar decisiones no imposibilita que una persona se autocuestione. Criticarse, subraya Ramírez, puede ser provechoso para el crecimiento. "Claro, el cuestionamiento a mí misma puedo hacerlo desde un llamado de atención sin llegar a herirme".

Por ejemplo, hay individuos que intentan erradicar su lado dadivoso luego de haber vivido experiencias de ingratitud con gente inescrupulosa. Es allí donde el angelito y el diablito van templando a la persona para que se defina entre esconder o mantener su rasgo dadivoso. "Si la decisión es erradicarlo creyendo que así se resguarda, está echando a un lado un aspecto interesante de la personalidad. Lo que debe hacer la persona es ajustar ese rasgo, administrarlo mejor, pero no penalizarse por lo que es en esencia", reflexiona Ramírez. "Buscar un equilibrio en la personalidad es una buena forma de conducirse".

¿PUEDE CAMBIAR UN MAYOR?
Mientras más adulta sea una persona, más compleja resulta la posibilidad de aprender a conversar consigo misma pretendiendo producir cambios a su vida. La razón es que cuando alguien va haciéndose mayor acumula historias que refuerzan formas de pensar difíciles de mover, aunque se encuentre ante la necesidad de hacerlo. Diferente ocurre con los niños, quienes al estrenarse a la vida se tornan dúctiles.

Sin embargo, tampoco es verdad el dicho popular aplicado a los humanos según el cual loro viejo no aprende a hablar. "Si la persona no tiene entrenamiento, por supuesto que le costará más hacer transformaciones", acuerda Irene Specht, presidenta del Instituto Venezolano de Escuelas Holísticas, IVEHO. "La coraza se hace más sólida y, en consecuencia, se atreve menos a salir de ésta".

Sin embargo, la especialista en terapia Gestalt, asegura que "las personas asimilan formas de conducirse a cualquier edad, con mayor o menor flexibilidad de acuerdo con el ambiente donde se haya criado".

Su opinión está fundamentada en el siguiente ejemplo: "Mientras una persona viva apegada totalmente a la cultura de su país, menos opciones tiene de ensanchar sus conocimientos sobre otras culturales nacionales. Así mismo pasa cuando alguien se expone sólo a un ambiente".

Y claro que, convertidos en adultos, existe la posibilidad de emprender viajes por sí solos. Pero, incluso, la forma cómo se realizan esas expediciones también influye en los logros de esa ampliación. "La psicoterapia es una forma de viajar más rápida al fondo de sí mismo. Y es un viaje que todos -unos más, otros menos- necesitamos hacer", asegura Specht.

La también especialista en adicciones y codependencias recuerda una verdad que justifica porque todos tenemos la necesidad: "los padres no llegaron al mundo con un manual, así que han tenido que adaptarse a distintas eras para ejercer bien su rol".

Conviene saber, según Specht, que cuando un individuo se esmera por acoplarse a nuevas realidades sociales, pueden producirse confusiones, hasta consigo mismo. Por eso, vale saber que una actitud no convierte a un ser humano en bueno ni malo. "Sencillamente porque en la vida nadie vive más allá del bien y del mal sino que vive en el bien y en el mal, y de lo que se trata es de no perecer en su objetivo de crecer como ser humano".

nllabanero@eluniversal.com
Twitter: @llabanero

Coordenadas
Raiza Ramírez 15-63649171

Entrevista publicada en la revista ESTAMPAS, del Diario El Universal. Caracas, Venezuela. Domingo, 2 de mayo de 2010.
Link: http://www.estampas.com/2010/05/02/

Qué es Bebé Gestalt

Mamá y Papá: el principio de todo.

Mamá y Papá: el principio de todo.
La vida viene de mamá y papá. Y yo, como hijo soy 50% mamá y 50% papá. Estoy conectado una suerte de “hilos invisibles” a ellos y a los que vinieron antes que ellos y que hicieron posible mi vida. A donde me mueva y vaya, los hilos van conmigo. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

¿Neurótico yo?

¿Neurótico yo?
Fritz Perls, creador de la Terapia Gestáltica, escribió que todos los seres humanos somos neuróticos. Esta aseveración quizá puede resultar antipática para algunos, ¿cómo es posible esto? A continuación podrás leer algunas pistas que te ayudarán a saber si eres neurótico o no. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

¿Llueve o hace sol?

¿Llueve o hace sol?
Si se pudiera hablar de un “ideal”, sería el siguiente: tener el paraguas a la mano, estar pendiente del tiempo y probar. A veces será el momento de abrirlo porque el cielo anuncia tormenta y otras veces de cerrarlo pues el sol está resplandeciente. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

La pareja y el morral

La pareja y el morral
Una mujer, luego de pasar un tiempo sin pareja, conoce a dos hombres: A y B. El “A” parece tener todas las cualidades “buenas” que ellos “deben tener”: es soltero, tiene una buena posición económica, está disponible para ella, es cariñoso, de buena familia. El “B”, pareciera cargar una mochila más grande: tiene un hijo, una ex mujer y algunos problemas sin resolver. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

La empresa de un solo empleado

La empresa de un solo empleado
Por muchos años esta mujer tuvo y mantuvo una empresa de múltiples empleados. Estaba tan atareada con sus ocupaciones que se olvidó de ella misma. A veces no se pagaba el sueldo, hubo años en los que no vio utilidades. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)