viernes, junio 06, 2008

Anticipar lo peor


¿Qué pasa cuando dejo de estar en el presente y me mudo a un futuro tenebroso y terrible? ¿Qué sucede cuando lejos de imaginarme un final feliz para mi historia, pienso en todo lo malo que puede sucederme?

Esos pensamientos anticipados y nefastos son llamados “Fantasías catastróficas”. No sólo se tratan de malas noticias o situaciones terribles, sino que suelen generar angustia y malestar.

Suelen aparecer cuando experimentamos cambios importantes en nuestra vida: un nuevo trabajo, una mudanza, una nueva pareja. Es allí, cuando se activa la película de nuestra mente y comenzamos a pensar en todo lo terrible que me puede suceder en esta novedad.

El inconveniente no es que aparezca, sino que no me dé cuenta que se hacen presentes. Es igual de problemático cuando me paralizan estos pensamientos y opacan mi realidad actual.

La primera tarea por hacer tiene que ver con darme cuenta cuándo surgen estas fantasías. No tratar de detenerlas o paralizarlas, solo observar el momento en el que aparecen.

Luego que puedas percatarte de su existencia, puedes hacer un ejercicio para enfocarte y quedarte en el presente. Prueba de la siguiente manera: Cuando aparezca la fantasía, mira a tu alrededor y haz un inventario de las cosas y personas que se encuentran a tu alrededor. Por ejemplo: una mesa, dos sillas, una mujer, papeles, lápices, un cuaderno y un libro.

Esta es una manera sencilla de llamarte al aquí y al ahora. Cuando puedes ver que lo que tienes en frente es diferente a lo que tu mente está planteando, las cosas cambian. Primero, porque te anclas en el presente y luego, porque le bajas el volumen a tus fantasías nefastas.

Si quieres concertar una cita o te interesa tratar algún tema en particular, me puedes contactar a través del siguiente número de teléfono: 15-63649171 o a través del correo electrónico: raizaramirez@gmail.com

Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica

sábado, mayo 24, 2008

¿Llueve o hace sol?




Hay situaciones en la vida de las personas que pueden hacer que éstas necesiten protegerse. Por ejemplo, quizá si a un hombre a una mujer le rompieron el corazón, para la siguiente relación, este ser humano puede sentirse receloso para entrar a una nueva experiencia.

Es parecido a haberse mojado bajo un gran chaparrón de lluvia –símil de la relación anterior- y haber padecido neumonía luego de la mojada –analogía con el sufrimiento o duelo-. Esta situación previa puede hacer que se sienta temor, ante incluso un mal tiempo que asoma una posible tormenta. Pues, una nueva oportunidad, puede significar volver a enfermarse y por lo tanto, a pasarla mal.

Bajo esta mirada, la persona decide vivir con el paraguas abierto las 24 horas del día, los 365 días del año. Esto, con la finalidad o fantasía de garantizar que no pueda mojarse de nuevo y, por lo tanto, minimizar la posibilidad de enfermarse. Este ejemplo no es más que protegerme, no exponerme, no mirar ni permitir que me observen, de tal manera que no hay chance de que me rompan el corazón.

Si bien cuando me protejo, puedo creer que garantizo mi bienestar. Si me cierro, no hay posibilidad para el encuentro, para el contacto, ni para experimentar lo dulce de la lluvia. Así sería si vives con el paraguas abierto permanentemente.

No tener paraguas o tenerlo olvidado y cerrado, puede hacer que la lluvia te pesque sin darte cuenta. Exponerte demasiado puede hacerte vulnerable, un blanco fácil.

Si se pudiera hablar de un “ideal”, sería el siguiente: tener el paraguas a la mano, estar pendiente del tiempo y probar. A veces será el momento de abrirlo porque el cielo anuncia tormenta y otras veces de cerrarlo pues el sol está resplandeciente.

Te invito a que te fijes si vives con el paraguas abierto o cerrado. Cómo es tu historia. Quizá antes de cerrarlo, necesitas sacar la mano para saber que ya no llueve y que es tiempo de mirar el cielo azul y los rayos del sol. Si por el contrario, sientes gotas, déjalo abierto. Ya pasará la tormenta.

Si quieres concertar una cita o te interesa tratar algún tema en particular, me puedes contactar a través del siguiente número de teléfono: 15-63649171 o a través del correo electrónico: raizaramirez@gmail.com

Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica

jueves, marzo 06, 2008

Equilibrio total

Los seres humanos anhelan estar sanos, no sólo físicamente sino mentalmente. ¿De qué depende? Especialistas del área de la salud brindan 15 tips para encontrar el tan deseado balance.

El día a día, la rutina, el tráfico, los problemas, lo que falta, lo que sobra, el pasado que atormenta, el futuro que aún no llega, el presente que no mejora.

Todo lo anterior, unido y mezclado en un gran envase, es lo que hace que las personas pierdan su equilibrio y comiencen a experimentar las sensaciones clásicas de los siglos modernos: cansancio, pesadez, estrés, dolores musculares, falta de sueño, angustia, alteraciones en el ánimo, sólo por nombrar los signos más benévolos.

Lo que pareciera un espiral sin salida o un círculo vicioso, puede ser revertidoo alterado. ¿Cómo? Ésa es la gran pregunta.

Comenzar por el principio
A pesar de que un individuo no puede por sí mismo —y más allá de su buena intención—cambiar el planeta entero, sí puede hacer modificaciones en su propia historia, en su pequeño mundo, en su entorno más cercano.

Este pensamiento es quizá el primero para conseguir cierto balance en la existencia: cada quien es responsable de su vida, de su mundo, de su historia. Esto no quiere decir que la persona puede controlar todo lo que le sucede; sin embargo, puede, a través de sus elecciones, buscar diferentes caminos para llegar a su destino anhelado.

Más allá de los paradigmas extremistas que rezan que para que alguien pueda cambiar, necesita realizar un giro de 180 grados en su existencia, algunos especialistas coinciden en que con hacer pequeñas modificaciones en la rutina diaria, poco a poco, el equilibrio irá apareciendo. Cuestión de paciencia y continuidad.

Primeras definiciones
Antes de intentar tener salud mental, valdría la pena saber qué es. Según la Organización Mundial de la Salud , este concepto que, varía su definición según la cultura, incluye el bienestar, la autosuficiencia, autonomía, competitividad, dependencia intergeneracional y la actualización del intelecto y de la potencialidad emocional.

Para Carolina Arria, médico con especialización en pediatría, puede definirse como el bienestar biopsicosocial del ser humano y no solamente como la ausencia de una enfermedad.

Desde otra perspectiva, la psicólogo clínico Antonella Barbarito, indica lo siguiente sobre las personas que poseen una buena salud mental: “Están integradas. Pueden centrarse. Se enfocan en sus necesidades, es decir, están atentas a lo que quieren y desean. Son seres humanos que comen bien, duermen adecuadamente, invierten tiempo en su bienestar físico e igualmente se cultivan interiormente”.

Pasos para…
Aunque no hay recetas escritas para conseguir el equilibrio mental, los especialistas consultados se animan a dar algunas ideas sencillas que todos pueden —si quieren— llevar a la práctica en sus vidas para estar mejor.

Respirar
Si bien es una actividad que todos los seres vivos realizan a diario y constantemente, también es una de las más olvidadas o menos tomadas en cuenta.
“Es importante que aprendamos a hacerlo adecuadamente”, dice Antonella Barbarito. Cada quien debe encontrar su propio ritmo y su profundidad. Las personas no siempre respiran igual. Si están agitadas o molestas, es más superficial; en los momentos de tranquilidad, paz o placer, se hace más profunda.
Un pequeño ejercicio: tomarse un par de minutos para hacer contacto con la respiración. Cerrar los ojos y sentir cómo el aire va entrando y cómo va saliendo. Sin intentar apurarlo o frenarlo, sólo observando.

Lo rico y lo sano
Tan perjudicial es estar a dieta de manera constante, como vivir en una perenne bacanal alimenticia. El equilibrio en esta área es también crucial para la salud. “Puedes comer sano y no estar a dieta. Ingiere alimentos que además que te gusten, te hagan bien”, dice Barbarito.
El terapeuta Ronald Altuve, recomienda cuidar lo que se ingiere y no comer más de lo que el cuerpo necesita. “No nos acordamos del cuerpo hasta que nos enfermamos”, añade.
Carolina Arria, por su parte, señala que acompañando a la alimentación, la hidratación es fundamental. “Es tan importante el líquido que entra a nuestro cuerpo, como el que se evacua. Cuando estamos mejor hidratados, podemos manejar mejor lo que ingerimos en la dieta diaria”, señala.

El buen dormir
El descanso debe ser reparador. En este caso, Antonella Barbarito indica que es importante escuchar al cuerpo. “Hay personas que con cinco horas de sueño, se sienten como nuevas y otras, necesitan diez”. Es igualmente esencial, dedicarle tiempo a la preparación del dormir. Tener un rito previo, puede hacer que el cuerpo se prepare para este lapso. Bien sea, tomar un vaso de agua, ver televisión, escuchar música, leer, meditar o decir una oración.

A mover el esqueleto
Comenzar a hacer ejercicio no significa estar metido en el gimnasio todo el día. Iniciar con una rutina de por lo menos media hora, durante tres o cuatro veces a la semana es más que suficiente para oxigenar el cuerpo, poner a funcionar los músculos y acelerar el metabolismo. Poco a poco, según los gustos y capacidades, se podrá incrementar el tiempo y la frecuencia.

Escapar de la rutina
No hacer siempre lo mismo, es la máxima que indica la psicóloga consultada. La persona puede darse el permiso de probar nuevas experiencias, bien sea en un momento serio o un instante relajado.
Por ejemplo, buscar nuevas vías para ir al trabajo y no tomar siempre la misma ruta. Desayunar en lugares diferentes. Ir a hacer las compras en otro supermercado. Pequeños detalles pueden hacer la diferencia. Probar algo nuevo puede dar nuevas perspectivas. Quizá en esa panadería desconocida hacen el mejor pan de la ciudad.

Buscar tiempo y espacio
Es sano buscar un momento del día para estar a solas, para pensar, reflexionar, leer un libro, escuchar música, darse un baño o cualquier actividad preferida.
En este sentido, Ronald Altuve comenta que es vital mantener el equilibrio entre el descanso, el trabajo y la diversión. “Que el trabajo no ocupe mayor tiempo que el descanso y que éste no sea mayor que la diversión. Es necesario procurar que cada cosa tenga su lugar”, indica el terapeuta.

Vivir en el presente
El pasado ya pasó, el futuro aún no llega. Así que el único tiempo real que las personas poseen es el presente. Quedarse en el aquí y el ahora es una manera de estar en contacto.
“La gente suele estresarse porque se va para lo que aún no ha sucedido. Aunque es importante tener visión de futuro, no se puede vivir en una permanente presión”.Un ejercicio simple para permanecer en el ahora es el siguiente: mirar alrededor y hacer un inventario de los objetos reales y tangibles que allí se encuentran, por ejemplo, un árbol, una mesa, dos sillas. De esta manera, la mente y el cuerpo se ubican en el momento actual y no huye a otro tiempo.

La congruencia
Ser coherente. ¿Qué significa esto? Que lo que se piensa, se siente y se haga vaya en la misma línea. Por ejemplo, si alguien siente tristeza y piensa que está triste, es congruente cuando se da el permiso de manifestar esta emoción, de la manera que su organismo lo crea conveniente: en silencio, llorando, escribiendo, meditando.
Cuando se siente una cosa y se lleva a cabo otra, el organismo de alguna manera se quiebra internamente. En este caso, cada quien debe mirarse y hacer contacto con lo que piensa y siente y, a partir de allí, decidir qué desea hacer.

Pensamientos positivos
“Agradecer es muy importante”, dice Antonella Barbarito. Poder tomar un tiempo para hacer el inventario de lo bueno que tiene la vida ayuda mucho, da fuerzas para seguir andando. Los pensamientos pueden ser mucho más poderosos de lo que se puede imaginar. La psicóloga recomienda disponer de una frase positiva para comenzar o terminar el día.

Ejercitar la mente
Hacer crucigramas, sudokus o ejercicios para el cerebro, no sólo ayudan a desarrollar la memoria sino que mantienen ágil la mente de las personas. Pensar es una actividad que mientras más se practica, más beneficios trae para el cerebro.
La psicóloga Antonella Barbarito hace una diferencia entre pensar y “rumiar”. “Hay que tener cuidado y trabajar las rumiaciones, es decir, esos pensamientos cíclicos queno van acompañados de acciones y no ayudan”, dice. Por su parte, el terapeuta Ronald Altuve invita a la gente a pensar en lo que hacen y/o dejan de hacer.

Aprender a poner límites
“60 por ciento de los problemas nacen de la ausencia de límites. Es necesario establecer un espacio propio. Si no los tienes, te vuelves invisible”, dice Ronald Altuve. Añade que en este tema, es necesario empezar por cada quien.
Aprender a decir “no” cuando no se desea una situación es fundamental para el equilibrio mental. No se puede dar una respuesta afirmativa ni a todo, ni a todos.
En este sentido, Carolina Arria señala que los límites están vinculados al contacto. “Cuando una situación te hace daño o es nociva para ti, es necesario detenerse y decir hasta aquí”.

Metas realizables
Si bien plantearse objetivos es importante, establecerlos de manera objetiva y realista lo es mucho más. “Cuando nos colocamos metas que podemos cumplir, nos sentimos mejor con nosotros mismos y podemos lograr un mejor desempeño”, dice la doctora Arria.
A lo que Ronald Atuve agrega: “No te pongas fantasías, fíjate planes concretos”. Una vez que los objetivos estén allí, frente a la persona, es tiempo de leerlos nuevamente. Y allí determinar varios aspectos: en primer lugar, si realmente son actividades que se desean llevar a cabo; segundo, de quién dependen; tercero, si puedo fragmentarlas en tareas más pequeñas que sean más fáciles de alcanzar.

Rescatar la lentitud
La rapidez con la que las sociedades modernas funcionan, lejos de acercar a los seres humanos, los aleja. Todo es a mucha velocidad: internet, la comida, los viajes, salir, ir, venir. De vez en cuando, hacer alguna actividad de manera más lenta (o menos rápida), puede brindar una perspectiva diferente.
Se puede comenzar por la comida. Intentar masticar de manera pausada, tratando de saborear cada ingrediente, cada sabor, cada detalle. Tomando tiempo y lugar para ese momento. Al realizar dos o tres actividades en simultáneo, lejos de ser más efectivos, las personas se aíslan más. ¿Qué tal sería realizar solo una actividad en un momento determinado y hacerla pausadamente?

Observar, no juzgar
Aprender a mirarse modifica la existencia. Si una persona se juzga de manera constante y se maltrata con la palabra, no crece, no aprende, no cambia. Si un ser humano comienza a mirarse compasivamente, esto quiere decir, con pasión y con amor hacia sí mismo, cosas maravillosas comienzan a sucederle. De esta manera, puede darse cuenta de lo que le pasa —por dentro y por fuera—, puede saber qué le falta o qué le sobra, puede notar si está en un ambiente adecuado para él o no y al final, es capaz de comenzar a movilizarse para lograr lo que necesita, desea y quiere para sí mismo.
Cuando un hombre deja de juzgarse a sí mismo, inmediatamente, dejará de hacerlo con el afuera. Y eso ya resulta un gran cambio de vida.

Asumir la responsabilidad
Hacerse cargo. Con esto tiene que ver la responsabilidad: con la capacidad de responder ante las diferentes circunstancias que se presentan, saber que cada quien toma las decisiones que cree son mejores para sí mismo y que humor y calidad de vida no depende de una segunda o tercera persona.
Ser responsable no es sólo pagar las cuentas a tiempo o cuidar a los hijos adecuadamente. Está vinculado además con dejar de pensar que lo bueno está afuera y significa encontrar eso mismo dentro de cada uno.

Articulo publicado en la revista Estampas Temática (Salud) del día sabado 2 de febrero de 2008.
Autor del texto: Raiza Ramírez

lunes, febrero 11, 2008

Terapia para dos

Cada pareja es un mundo. Posee sus propios esquemas, características y ritmos. Con el tiempo algunas relaciones se deterioran, ¿es la consulta con un psicoterapeuta la solución?

Los cuentos de hadas son cuentos de hadas, y muchos veces el “vivieron felices por siempre” es una fantasía. En la vida real, parejas se crean y se disuelven a diario. Se aman y se pelean. Se encuentran y se desencuentran. Se muestran afecto y se manifiestan rabia. Todo sucede casi de manera simultánea.

El mundo de dos seres que deciden estar juntos por un tiempo determinado, está lleno de matices, cambios, bondades, dulzuras, defectos, historias, pasado, malestar, dolor y amor.

La psicoterapeuta Irene Specht, cuando habla del tema, de entrada plantea lo siguiente: “Pareja es par. Y no es tener sino ser”. Este pensamiento va dirigido a las personas que poseen a un novio(a) o esposo(a) como un objeto más de un inventario de cosas que conforman su existencia.

“Ser pareja tiene una implicación de respeto, consideración y responsabilidad. Uno se siente agradecido con la vida por haberse encontrado con esta persona”, indica la especialista. Cuando la relación marcha bien, hombre y mujer se mantienen juntos y contentos, parece que no hay nada que modificar, la unión marcha sobre rieles. Cuando el ambiente cambia y comienzan ciertos roces o inconvenientes, la distancia se hace presente. Y es, en estos segundos momentos, cuando alguna de las partes pronuncia la frase: “Necesitamos ir a terapia”.

La selección del especialista y el tipo de abordaje depende de muchos factores. Dado que en 99% de los casos, la pareja asiste cuando está pasando por un temporal o tormenta —según el caso—, lo más común es que sea uno de los dos quien escoja al terapeuta, bien sea por la recomendación de un amigo, conocido o familiar, la lectura de una revista o la búsqueda a través de Internet. 

Llegar es sólo el primer paso, quedarse en el consultorio es uno de lo retos
más grandes que se presentan, sin contar con el hecho de tener que hacer ajustes para seguir en el camino de dos. 

Ya en el consultorio

De entrada, hay una forma instantánea de saber si una pareja tiene futuro o no. Lo indica el terapeuta alemán Bert Hellinger, creador de las Constelaciones Familiares: cuando dos personas tienen energía suficiente para discutir o pelear, hay posibilidad de salvar al par. Cuando reina la indiferencia, no hay nada que hacer. El amor se acabó cuando el otro o lo que le suceda al otro, da igual. “La energía del conflicto puede ser la del contacto, es decir, la forma en la que este par instrumentó su acercamiento. Ellos necesitan ayuda si quieren hacerlo distinto. A veces pasa que cuando dejan de pelear, se acaba la relación, porque eso era los que los mantenía unidos”, dice la terapeuta consultada. Otro aspecto que habla de la unión de estos dos seres es la risa. ¿Se ríen entre ellos, los chistes aún causan gracia, se sonríen entre ellos cuando conversan, cuando se hacen un favor, cuando están juntos? Sobre este tema, la experta consultada señala: “Cuando una pareja deja de reírse entre ellos, para mí la relación va en vías de terminarse”.

El top ten de los temas

Hay casos como parejas existen. Cada una está escribiendo su propia historia día a día. La especialista reflexiona en este sentido: “Las parejas forman juegos dialécticos que vienen de generación en generación. Cada nueva pareja es una síntesis de una historia que viene de atrás y se encuentran justamente para hacer una nueva tesis que servirá a las generaciones posteriores”. A pesar de lo anterior, al consultorio suelen llegar temáticas parecidas o con aristas similares. A continuación algunas de las más escuchadas:

1) Un tercero
“Uno de los casos más comunes es el de la infidelidad, bien sea de parte del hombre o de la mujer”, dice la especialista. Los cuernos, al parecer, tienen cura. Una buena dosis de amor, compasión del uno por el otro y, por sobre todas las cosas, poder darse cuenta que en una relación, la responsabilidad es compartida, lo que significa que no sólo “el infiel” es el culpable de la situación. Es allí cuando, aunque no se entienda, cabe la pregunta: “¿Qué hice o dejé de hacer para que esto sucediera?”

2) ¿Quién es el mejor?
Este par llega a terapia porque uno de los dos vive una crisis de incompetencia. “Dejan de ser competentes para convertirse en competidores, para demostrar que tiene la razón”, indica terapueta. Son parejas que en vez de buscar complementarse, compiten entre ellos. Su conversación suele tener las siguientes frases: “Pero es que él”, “Pero es que yo”. “Son parejas que no están con, sino en contra”, indica la terapeuta.

3) Lealtad familiar
Tanto mujeres como hombres repiten patrones ancestrales, muchas veces sin darse cuenta. Por ejemplo, si en una familia, todas las féminas son madres solteras, este es un esquema que se perpetúa en el tiempo. “Es la forma en la que él o ella aprendieron a ser pareja, así conocen el amor”, dice la especialista. Es por ello que es necesario y sano que cada uno de los integrantes del par, revise su historia familiar. De esta manera, podrá darse cuenta desde dónde está uniéndose a otra persona.
En terapia, a través de las Constelaciones Familiares, por ejemplo, se puede mirar el sistema de cada cual y así, poner orden en el mismo, para que luego él o ella puedan decidir qué desean hacer y si lo quieren realizar igual o diferente a los suyos.

4) Olvido propio
Hay casos en los que alguno de los dos miembros de la relación se olvida de sí mismo —como persona— y se dedica solo a los otros roles que tiene: madre o padre, esposo o esposa, profesional, hijo o hija. Allí, se puede observar cómo son seres humanos que viven para el otro y de alguna manera se descuidan, bien sea física, mental o espiritualmente. Si esta persona decide cambiar y comienza a pensar en sí misma, se pueden presentar inconvenientes en la relación. Será el momento para que ambos pongan su parte y puedan negociar una unión diferente.

5) Estar y no estar
La presencia física no es siempre sinónimo de disponibilidad. Hay oportunidades en las que por más que dos personas “estén juntas” e incluso vivan en la misma casa, la ausencia de uno o de ambos se nota en la relación. “Servir un plato de comida no quiere decir 'estoy contigo'”, explica la terapeuta. Indica que existen mujeres tan ocupadas que no están presentes para la relación. Con los hombres puede pasar de manera similar. Se mantienen en el matrimonio por los hijos,
se llenan de trabajo y no se comprometen con su pareja. La falta de compromiso en la pareja está vinculada con la ausencia de valor hacia sí mismo. Este tipo de personas suelen estar en conflicto con su familia de origen, lo que de alguna manera les imposibilita el estar plenamente para la relación. La solución puede llegar cuando el paciente —de manera individual— puede mirar a su familia entera, honrarlos y luego asumir la responsabilidad de su vida y la posibilidad de hacerlo diferente.

6) Cuando cambie, seré feliz
Es muy común escuchar en un consultorio de terapia a una mujer o a un hombre, pidiéndole a su pareja que cambie tal o cual rasgo, tal o cual hábito de vida, tal
o cual actitud. En estos casos, la persona que solicita esta modificación piensa que es lo más justo para los dos y suele creer que luego de que esta transformación ocurra, van a ser verdaderamente felices. En este sentido, la especialista explica: “Cuando intento cambiar a alguien es para usarlo según mis necesidades. No amo a la persona por lo que es, la amo según las expectativas que me hice de ella”. Es cuando uno de los dos intenta, cual escultor, esculpir al otro según su imagen y no aceptando lo que tiene en frente.
La salida para este tipo de problemática puede ser: la persona se queda en la relación tratando de cambiar al otro; la persona se queda en la relación aceptando al otro; la persona se da cuenta que no tiene lo que desea y se marcha.

7) ¿Y si cambio yo?
La contraparte de lo anterior. Uno de los dos se convierte en lo que su pareja desea. Si a él le gustan las películas de terror, ella se convierte en una fanática (da igual si le agrada o no este tipo de cintas). “Dejo de ser yo, para convertirme en otro”, dice la terapeuta. Y agrega: “Al final no me quieren a mí, sino a ese en que me convertí”.

8) Una vida, mil parejas
Ya en una consulta individual puede llegar un ser humano que no se queda en ninguna relación. Cambia de pareja cada cierto tiempo porque ninguna persona le acomoda a sus estándares. “Una persona que no se encuentra, busca en el otro lo que no consigue en sí mismo. Lleva relaciones tipo tarzán, es decir, van de liana en liana. No hay experiencia de contacto, ni consigo y mucho menos con el otro”, dice al respecto la experta consultada. Añade que al tener tantas necesidades insatisfechas, requiere a muchas personas para llenar ese vacío. Y mientras más experiencias tiene, va perdiendo su capacidad de relacionarse.

9) Veto a la familia política
Lo ideal es que ambos miembros de la pareja se miren de tú a tú, esto quiere decir de igual a igual. Ninguno de los dos es mejor que el otro. Esto incluye las familias de ambos. Es importante comenzar por agradecer a la familia del otro, pues sin ellos, la relación simplemente no sería posible. “Cada quien funciona desde lo que cree que es el amor”, indica. Explica que si una persona desprecia a la familia de su pareja, es necesario revisar esa unión, pues hay algún tema que resolver en ese sistema. Igualmente, digno de revisar es el caso contrario, cuando uno de los dos ama a la familia de su pareja más que a su par. “Aquí es necesario explorar su propia historia porque quizá esta persona está buscando una familia en la que pueda apoyarse”, dice la terapeuta.

10) Los ex
Si hay algo que no se puede cambiar es el pasado. Luchar en contra de una relación anterior de la pareja es una batalla perdida. “Si trata con respeto, será tratada con respeto”, indica Specht. La nueva pareja debe asumir que ella es la segunda, la tercera o la quinta, ése es su lugar, según el pasado del hombre o de la mujer que eligió para compartir. Si hay hijos previos a la unión, es muy importante tratarlos con amor, de esta manera, su pareja podrá estar completamente para ella y no habrá competencia. Ahora bien, si una de las dos partes no hay cerrado el ciclo anterior, la nueva unión tiene pocas probabilidades para avanzar y establecerse. “Siempre habrá un fantasma en esa relación, será una pareja de tres o de más personas”, dice la especialista.

EN RETIRADA
Los paradigmas sociales indican que terminar una relación es igual a sumarse un fracaso sentimental. Pareciera que es necesario estar en pareja, aunque la misma
no funcione. Cuántas personas se mantienen unidas a otras aunque no se amen, aunque no se respeten, aunque no se quieran, aunque no tengan nada en común. Más de
las que realmente lo asumen. Desde el punto de vista terapéutico, a veces lo más sano es retirarse. “Si cuando una persona hace el balance en una relación y al
final dice “yo no puedo vivir con esto”, lo mejor es separarse, más allá del dolor que pueda generar”, dice Irene Specht.


AMAR Y NECESITAR
Lo sano
1. Decir: “Te necesito porque te amo”
2. Aceptar al otro tal y como es. Con sus virtudes y defectos.
3. Mirar con respeto las parejas previas del consorte. Asentir al pasado y que cada quien ocupe su lugar.
4. Escucharse amorosamente. Mirarse con compasión (con-pasión)
5. Decir: “Me siento agradecido(a) por haberme encontrado con este ser humano”.

Lo no sano
1. Decir: “Te amo porque te necesito”
2. Querer cambiar a la pareja. Moldearla según los deseos y las necesidades.
3. Desear ser más importante que los hijos o que alguna de sus parejas previas.
4. No escuchar o hacerlo desde la propia historia. Creer que siempre se tiene la razón.
5. Decir: “Tengo apartamento, novio, carro, trabajo y salud”. Como un inventario de elementos que forman la vida.

Articulo publicado en la revista Estampas Temática (Pareja) del día sabado 9 de febrero de 2008. 
Autor del texto: Raiza Ramírez

lunes, enero 14, 2008

¿Qué me contiene?

La vida está llena de cambios. De altos y bajos. De momentos agradables y otros menos divertidos. Es así. Sucedo todo el tiempo, de forma constante, continua.

El detalle está en que los seres humanos preferimos los buenos momentos que los malos. La tristeza, la rabia y el dolor tienen mala publicidad. Sentirlas se tiene como “no bueno” o más bien, como “malas”.

Todas las emociones son válidas y legítimas. Lo sano es dar espacio a cada una de ellas, tanto a las que consideramos mejores, como las que tildamos de peores.

Ahora bien, cuando las cosas no van “tan bien” como me gustaría, ¿Qué hago? ¿Cómo me comporto? ¿Qué me ayuda? ¿Cómo mejoran mis emociones?

En este punto de la historia es importante contar con lo que se llama “Mi Contenedor”. Esto quiere decir, alguna actividad que me contenga, que me alivie, que me calme, que me ayude.

Fíjate por un momento en esto que te contiene. Observa a ver si tienes alguna actividad que te sirva y te ayude a equilibrar tus emociones.

Ahora, chequea si se trata de una actividad que puedes hacer solo o necesitas a alguien para realizarla. Observa si se trata de una persona cercana a ti y mira si dependes de alguna manera de otro ser humano para sentirte mejor. Entonces, ¿qué te pasa si él o ella no están disponibles para ti?

Digamos que lo ideal, por decirlo de alguna manera, sería encontrar un contenedor que te brinde paz y que puedas realizar por tu cuenta, en solitario y sin necesidad de grandes gastos de energía, dinero o movilización.

Por ejemplo, puedes utilizar la meditación, la oración si eres creyente, escuchar música, ir al cine, mirar televisión, caminar, pasear, ir de compras, irte a la peluquería, escribir, respirar, o cualquiera que se te pueda ocurrir.

Quizá, lo más importante de esto, es encontrar este contenedor personal. Puedes ir probando diferentes actividades hasta que encuentres la que más te funcione.

Si quieres concertar una cita o te interesa tratar algún tema en particular, me puedes contactar a través del siguiente número de teléfono: 15-63649171 o a través del correo electrónico: raizaramirez@gmail.com

Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica

lunes, diciembre 10, 2007

Mis necesidades

Puedo olvidar al mundo y no a mí mismo. Puedo postergar a todos y no puedo hacer lo mismo conmigo. ¿Cómo me niego un vaso de agua si tengo sed o un plato de comida si tengo hambre?

Desde lo más básico, las personas no pueden obviar sus necesidades primarias. Ellas aparecen y resulta prioritario atenderlas. Al final, cuando ya está satisfecha, se cierra la situación y aparece una nueva que atender. Así funciona el organismo.

La cuestión es que este esquema no sólo funciona con lo primario. También aparece en el plano emocional. Cada persona tiene necesidades internas, diferentes y variadas, según sus propias experiencias, vivencias y procesos. Éstas, también deben ser satisfechas. Allí puede comenzar el verdadero problema.

¿Qué pasa si no logro satisfacer mis necesidades emocionales?
Me siento perdido, angustiado, insatisfecho, molesto incluso sin saber por qué razón. Y puedo sentir que tengo “algo” pendiente que no termina de concluir.

¿Qué pasa si no logro identificar lo que necesito?
Esto es más común de lo que puedes imaginar. Si no estoy al tanto de lo que necesito, puedo ir vamos buscando como ciego la salida del laberinto. Esto me puede llenar de frustración e incluso de desesperación.

¿Qué pasa si creo que necesito algo que no preciso realmente?
Es parecido a la siguiente imagen: vas buscando un plato de frutas cuando lo que requieres es un vaso de agua. Puedes encontrar diferentes tesoros pero ninguno te resultará satisfactorio.

¿Qué pasa en vez de ocuparme de mí me preocupo por satisfacer las necesidades del otro?
Si me postergo no podré cerrar mis ciclos y por lo tanto acumularé situaciones inconclusas. No puedo atender al otro si no me atiendo a mí.

Escucharme, observarme
La satisfacción comienza en el momento en que comenzamos a tener contacto con nosotros mismos y podemos identificar lo que necesitamos.
El siguiente paso es movilizar nuestros recursos para satisfacer este requerimiento (No busco ni manipulo para que otro lo haga por mí)
Luego, vendrá el cierre del ciclo y el chequeo de si es suficiente para mí de esta manera o si necesito algo más. Y el ciclo se reinicia nuevamente.

Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica

martes, diciembre 04, 2007

Lo que necesito

Todos los seres humanos tienen necesidades. De diferentes tipos, tamaños, maneras, colores y sabores. Empezando por las más básicas como comer, dormir, ir al baño, pasando por las de ser reconocidos, queridos, admirados, entre otras.

Ahora bien, ¿Alguna vez te has detenido a pensar en ellas?

El organismo puede tener más de una necesidad, sin embargo, siempre habrá una que emerja como la más vital o importante, la que de alguna manera reclama ser satisfecha. Una vez atendida, se alcanza el bienestar o equilibrio y luego de esto, es posible pasar a atender un nuevo tema. Es un ciclo constante en la vida.

¿Qué pasa cuando no escuchas tus necesidades?
Si no las reconoces ni sabes cuáles son, es poco probable que puedas satisfacerlas, cerrar sanamente el ciclo y poder ocuparte de una nueva. Esto puede hacer que se vayan acumulando en tu vida, esperando ser resueltas.

¿Qué pasa cuando postergas tus necesidades?
Puede sucederte que, en vez de prestar atención a ti mismo y lo que te sucede, centres tu mirada hacia el otro (tu familia, tu pareja, tus amigos, tu jefe, por ejemplo) Entonces te resultará más sencillo creer saber lo que necesita el otro y quizá te cuesta hacer contacto con lo que te sucede a ti.
Quizá entonces decides ocuparte “luego” de ti mismo y comenzar a tomar acciones para que “el otro” esté satisfecho y contento. Eso pasa cuando por ejemplo, decides no pedirle algo a tu pareja (que necesitas), porque crees que aún no es tiempo para él o ella, o porque él o ella requieren algo diferente.

Si esto te sucede, quizá es tiempo de mirarte.

Te sugiero que te tomes unos minutos a solas. Toma una hoja de papel y un lápiz. Ahora, haz una lista de lo que necesitas en este momento, aquí y ahora. Date el permiso de colocar en este papel todo lo que pase por tu mente. Pueden ser cosas materiales, emocionales o espirituales.
Una vez que hagas la lista, léela y fíjate si lo que anotaste es realmente lo que requieres y si hay algo que no necesitas en el presente. ¿Es una lista de lo que necesitas o de lo que crees que necesitas? Haz los ajustes que creas convenientes.

Ahora, escoge una de tus necesidades, la que te parezca más importante en este momento de tu vida. Es el momento de ocuparte de ti y satisfacerla.

Si quieres concertar una cita o te interesa tratar algún tema en particular, me puedes contactar a través del siguiente número de teléfono: 15-63649171 o a través del correo electrónico: raizaramirez@gmail.com

Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica

martes, noviembre 13, 2007

El vacío o no sé qué hacer

"En el vacío está todo"

¿Qué pasa cuando me doy cuenta de que lo que venía haciendo hasta ahora ya no me funciona y aún no sé cómo hacerlo diferente?

Aparece el vacío y generalmente una sensación de angustia. Es parecido a la siguiente imagen: una persona está en el medio del océano, muy lejos de la isla que dejó y a la que no desea volver, y aparentemente alejada de la nueva tierra o el sitio al que quiere llegar.

Si no tengo conciencia de lo que está sucediendo en mi vida, lo más probable es que repita una y otra vez las mismas "soluciones" ante los mismos problemas –porque es la manera en la que aprendí a "resolver" estas situaciones o mas bien, responder ante ellas-. Da igual si realmente soluciono o no el inconveniente.

Ahora bien, si esta forma comienza a generarme malestar o causarme daño, puedo decidir hacer algunos cambios en mi vida. En este viaje de transformación interna, comienzo a notar que este mecanismo de respuesta no me funciona o que caducó para mí. Es el momento de inventarme de nuevo y de buscar una nueva respuesta.

En este proceso, paso por un momento de vacío, silencio, hueco, oscuridad, angustia y algunos sinónimos más. Es justamente el momento en el que aún no sé cómo es esa nueva manera de atender mis asuntos.

¿Qué hacer? La respuesta es: nada.

Lo mejor que puedo hacer es quedarme en este vacío y confiar en mi cuerpo y en mis recursos. Mi organismo y su propia sabiduría encontrarán una respuesta nueva. Y sólo probando, podré saber si funciona o no para mí, y si este nuevo ajuste realmente me satisface o no.

Quedarme en la nada y en el silencio quizá pueda generar angustia, lo cierto es que es allí en este vacío donde se encuentra todo, donde comienza lo nuevo y donde puedo encontrar algo diferente para mi vida. Al final, como dicen los budistas "no se puede llenar una taza a menos que esté vacía".

Este principio aplica también a mi existencia. No puedo encontrar "lo nuevo" a menos que deseche "lo viejo" o lo que ya no me funciona.

Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica

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