Prejuicio es un juicio previo. Todos los seres humanos los tenemos y los usamos. La razón es simple, vivimos experiencias que “contaminan” o dictaminan cómo será en el futuro nuestra relación con ciertas situaciones o tipos de personas. Y si no las experimentamos, escuchamos de terceros cómo “son” las cosas y las creemos fielmente.
Por ejemplo, desde lo más básico. Si a una persona la mordió un perro y esto le generó dolor y problemas, es probable que luego tenga cierto recelo ante estos animales. Una experiencia puede condicionar un juicio.
Los prejuicios funcionan como grandes etiquetas: “Todos los hombres son mentirosos”, “Todas las mujeres sin interesadas”, “Las mujeres que usan escotes pronunciados son más fáciles que las que no lo hacen”, “Los hombres sólo quieren tener sexo con las mujeres”, entre otros. Estas frases quizá la has escuchado muchas veces, incluso pueden haber salido de tu boca alguna vez. ¿Son ciertas, falsas, son tuyas, son ajenas? ¿Para qué te sirven?
Lo sano de los prejuicios.
Es fundamental saber y asumir que existen, tanto en mi vida como en la del otro. Luego, es importante chequear nuestra idea preconcebida y mirar si realmente me pertenece a mí (por una experiencia previa) o es algo que cargo encima como parte de mi herencia social.
Un prejuicio nos puede servir, si lo sabemos utilizar, para cuidarnos, preservarnos y protegernos ante ciertas situaciones. Esto se hace, utilizando nuestra experiencia previa y aprovechándola para evitar eso que no es dañino y vivir lo que necesitamos.
Lo no sano de los prejuicios.
Algunas veces, estas etiquetas previas pueden alejarnos de las personas. Si de entrada nos acercamos al otro con nuestra maleta llena de prejuicios, lo más probable es que no logremos contactarnos genuinamente con el otro, pues en entre esa persona y yo, habrá una serie de etiquetas previas que no nos dejarán comunicarnos desde quien somos realmente.
Tómate un tiempo y revisa tu lista de prejuicios. Fíjate si te pertenecen a ti o son de alguien más. Y trata de vivir la experiencia de contactarte con el otro sin esta mochila de etiquetas. Notarás la diferencia.
Si quieres concertar una cita o te interesa tratar algún tema en particular, me puedes contactar a través del siguiente número de teléfono: 15-63649171 o a través del correo electrónico: raizaramirez@gmail.com
Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica
Desde la ciudad de Buenos Aires (Argentina). Artículos, cuentos, ideas y más sobre Constelaciones Familiares, Gestalt y Crecimiento Personal.
miércoles, septiembre 26, 2007
miércoles, septiembre 05, 2007
Ser tú mismo
Es probable que hayas escuchado muchas veces decir lo siguiente: es necesario “ser uno mismo”, que lo más importante en la vida es ser auténtico, ser tú, no ser otro, ser quien eres y un largo número de frases que quieren decir más o menos lo mismo.
Ser tú mismo. ¿Qué significa esto?
Esta frase puede tener muchos significados. Puede mirarse desde diferentes ángulos, puede abordarse desde varias teorías, tendencias o formas. Al final, creo que llegamos al mismo punto: a la forma en la que te encuentras en el mundo y cómo vives en él.
¿Qué te gusta? ¿Qué te disgusta? ¿Con qué sueñas? ¿Qué deseas? ¿Haces lo que deseas o sientes que el otro es quien lleva el control de tu existencia? ¿Quién eres?
El camino de conocerse a sí mismo es profundo e infinito. Sin embargo, creo que este recorrido comienza desde lo más simple: desde el contacto con tu persona, con tu piel, con tu cuerpo, con el que eres hoy.
Te propongo hacer un ejercicio.
Para realizarlo necesitas 10 minutos, aproximadamente. Igualmente, te recomiendo que lo hagas a solas, en un momento de tranquilidad.
El espejo
Busca un espejo en tu casa, preferiblemente de cuerpo entero. Detente frente a él. Mírate. Desde arriba hacia abajo. Desde la cabeza hasta los pies. No te critiques, sólo obsérvate. Trata de que tus ojos se paseen lentamente por tu cuerpo.
Ahora, quédate un rato en tu cara. Observa tus ojos, tus facciones, tu nariz, tus mejillas, tu boca, tus orejas. Trata de fijarte en detalle en cómo es cada parte de tu cara. ¿Cómo son tus cejas? ¿Qué forma tienen? ¿Cómo son tus pestañas? Una vez más, no te critiques. Trata de convertir esa mirada en un toque amoroso.
Sigue así por todo tu cuerpo. Fíjate en tus brazos, tu pecho, tu espalda, tus hombros, tu abdomen, tus caderas, tus muslos y piernas, tus pies.
¿Cómo es para ti observarte? ¿Qué miras? ¿Te reconoces en ese espejo? ¿Desde hace cuánto no te encontrabas contigo? ¿Desde hace cuánto no te dedicabas unos minutos para ti, para mirarte?
Una vez que acabes la experiencia, puedes buscar una hoja de papel y describir cómo fue este momento para ti. Prueba escribirle una carta a la persona que viste en el espejo y cuéntale cómo fue encontrarte con él o con ella en este momento.
Si quieres concertar una cita o te interesa tratar algún tema en particular, me puedes contactar a través del siguiente número de teléfono: 414-2788522 o a través del correo electrónico: raizaramirez@gmail.com
Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica
Ser tú mismo. ¿Qué significa esto?
Esta frase puede tener muchos significados. Puede mirarse desde diferentes ángulos, puede abordarse desde varias teorías, tendencias o formas. Al final, creo que llegamos al mismo punto: a la forma en la que te encuentras en el mundo y cómo vives en él.
¿Qué te gusta? ¿Qué te disgusta? ¿Con qué sueñas? ¿Qué deseas? ¿Haces lo que deseas o sientes que el otro es quien lleva el control de tu existencia? ¿Quién eres?
El camino de conocerse a sí mismo es profundo e infinito. Sin embargo, creo que este recorrido comienza desde lo más simple: desde el contacto con tu persona, con tu piel, con tu cuerpo, con el que eres hoy.
Te propongo hacer un ejercicio.
Para realizarlo necesitas 10 minutos, aproximadamente. Igualmente, te recomiendo que lo hagas a solas, en un momento de tranquilidad.
El espejo
Busca un espejo en tu casa, preferiblemente de cuerpo entero. Detente frente a él. Mírate. Desde arriba hacia abajo. Desde la cabeza hasta los pies. No te critiques, sólo obsérvate. Trata de que tus ojos se paseen lentamente por tu cuerpo.
Ahora, quédate un rato en tu cara. Observa tus ojos, tus facciones, tu nariz, tus mejillas, tu boca, tus orejas. Trata de fijarte en detalle en cómo es cada parte de tu cara. ¿Cómo son tus cejas? ¿Qué forma tienen? ¿Cómo son tus pestañas? Una vez más, no te critiques. Trata de convertir esa mirada en un toque amoroso.
Sigue así por todo tu cuerpo. Fíjate en tus brazos, tu pecho, tu espalda, tus hombros, tu abdomen, tus caderas, tus muslos y piernas, tus pies.
¿Cómo es para ti observarte? ¿Qué miras? ¿Te reconoces en ese espejo? ¿Desde hace cuánto no te encontrabas contigo? ¿Desde hace cuánto no te dedicabas unos minutos para ti, para mirarte?
Una vez que acabes la experiencia, puedes buscar una hoja de papel y describir cómo fue este momento para ti. Prueba escribirle una carta a la persona que viste en el espejo y cuéntale cómo fue encontrarte con él o con ella en este momento.
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Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica
martes, agosto 28, 2007
Culpable soy yo
La culpa. Gran palabra. Fuerte. Relacionada con algo malo, mal hecho o incorrecto. Sentirse culpable, bien sea porque hay un dedo acusador frente a ti, como porque una voz interna te dice que “debes sentirte mal por haber hecho esto o haber dejado de hacer aquello” puede ser desagradable.
La culpa en sí misma no es resolutoria. ¿Qué ganas sintiéndote de esta manera? ¿Cambia algo en ti cuando experimentas esa sensación o se convierte en un peso en tu espalda?
En primer lugar, resulta importante diferenciar la culpa de la responsabilidad. Asumir “la culpa” de una situación no es necesariamente igual a hacerse responsable de ella.
Ser responsable tiene que ver con nuestra capacidad de responder ante un hecho determinado, es decir, asumir nuestra participación o hacernos cargo de lo que nos sucede en relación a un evento.
¿Qué hay detrás de la culpa?
De acuerdo a la Gestalt, detrás de la culpa hay resentimiento y detrás de éste, se esconde una exigencia. Al final, la fórmula lleva a pensar que tras el sentimiento de culpabilidad que puedes sentir, hay una demanda no realizada.
¿Cómo hago para que se vaya?
Cuando sientas culpa, prueba hacer lo siguiente. Concéntrate en la situación o persona del hecho en sí. Por ejemplo, “Me siento culpable por no haber acompañado a mi amiga Rosa al cine”.
Una vez hagas contacto con esta situación, prueba decirle la siguiente frase: “Yo resiento de ti…” (y completas la oración con aquello que te genera resentimiento por dentro) Siguiendo el ejemplo, la frase sería: “Rosa, resiento de ti que te molestes conmigo por no haber ido al cine contigo”.
El tercer paso es transformar ese resentimiento en una exigencia o demanda. Haz contacto con eso que necesitas recibir de esa persona. Y exprésalo de la siguiente manera: “Lo que necesito recibir de ti es…” (y completas la frase con tu demanda); también puedes probar con la siguiente frase: “Exijo que…” (y completas la oración como lo desees) Siguiendo el ejemplo: “Rosa, exijo que respetes mis tiempos”.
Una vez que hagas este ejercicio, fíjate si hubo un cambio en ti. Una vez que logras hacer contacto con lo que verdaderamente necesitas y te das el permiso de solicitarlo, la culpa se esfuma. La sustituyes por hacerte cargo (ser responsable) y un contacto directo.
Si quieres concertar una cita o te interesa tratar algún tema en particular, me puedes contactar a través del siguiente número de teléfono: 15-63649171 o a través del correo electrónico: raizaramirez@gmail.com
Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica
La culpa en sí misma no es resolutoria. ¿Qué ganas sintiéndote de esta manera? ¿Cambia algo en ti cuando experimentas esa sensación o se convierte en un peso en tu espalda?
En primer lugar, resulta importante diferenciar la culpa de la responsabilidad. Asumir “la culpa” de una situación no es necesariamente igual a hacerse responsable de ella.
Ser responsable tiene que ver con nuestra capacidad de responder ante un hecho determinado, es decir, asumir nuestra participación o hacernos cargo de lo que nos sucede en relación a un evento.
¿Qué hay detrás de la culpa?
De acuerdo a la Gestalt, detrás de la culpa hay resentimiento y detrás de éste, se esconde una exigencia. Al final, la fórmula lleva a pensar que tras el sentimiento de culpabilidad que puedes sentir, hay una demanda no realizada.
¿Cómo hago para que se vaya?
Cuando sientas culpa, prueba hacer lo siguiente. Concéntrate en la situación o persona del hecho en sí. Por ejemplo, “Me siento culpable por no haber acompañado a mi amiga Rosa al cine”.
Una vez hagas contacto con esta situación, prueba decirle la siguiente frase: “Yo resiento de ti…” (y completas la oración con aquello que te genera resentimiento por dentro) Siguiendo el ejemplo, la frase sería: “Rosa, resiento de ti que te molestes conmigo por no haber ido al cine contigo”.
El tercer paso es transformar ese resentimiento en una exigencia o demanda. Haz contacto con eso que necesitas recibir de esa persona. Y exprésalo de la siguiente manera: “Lo que necesito recibir de ti es…” (y completas la frase con tu demanda); también puedes probar con la siguiente frase: “Exijo que…” (y completas la oración como lo desees) Siguiendo el ejemplo: “Rosa, exijo que respetes mis tiempos”.
Una vez que hagas este ejercicio, fíjate si hubo un cambio en ti. Una vez que logras hacer contacto con lo que verdaderamente necesitas y te das el permiso de solicitarlo, la culpa se esfuma. La sustituyes por hacerte cargo (ser responsable) y un contacto directo.
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Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica
miércoles, agosto 15, 2007
Lo que siento, digo y hago
Unos de los objetivos o premisas básicas de la terapia gestáltica es lograr la congruencia. ¿Qué significa esto? Que la persona o paciente, logre conectarse con sus sensaciones y sus necesidades, de tal manera que actúe en coherencia con lo que siente y piensa.
Puede sucederte que crees sentirte de una determinada manera, por ejemplo, molesto y cuando revisas a detalle en tus emociones internas y sientes tu cuerpo, te das cuenta que detrás de esa supuesta rabia, lo que hay es dolor. ¿Qué haces con esta sensación? ¿Cómo actúas? ¿Desde lo que piensas, sientes o de otra manera?
Un organismo sano es congruente. Cuando piensa que está alegre, siente alegría en su interior y lo manifiesta en actos igualmente alegres, bien sea una sonrisa, una risa o un abrazo, por ejemplo.
Un organismo neurótico no es congruente. Piensa que está de una manera, siente de una segunda forma (o puede no sentir) y actúa en una tercera vía que puede, o no, ser coherente con el pensamiento o el sentimiento.
¿Qué hacer con esta mezcla?
Tomar conciencia de la incongruencia en un buen primer paso. Puede ser difícil aceptar la idea de que estás siendo incongruente en algún aspecto de tu vida y la verdad, es que cuando aceptas que algo no anda bien, es cuando comienzas a trabajar para que esto mejore.
La observación también es muy importante. Escúchate. Mírate con ojos compasivos y chequea cómo son tus pensamientos. Pon la lupa dentro de ti e trata de identificar eso que sientes, sea lo que sea. Una vez que logras sintonizar estos dos aspectos (pensamientos y sentimientos), concéntrate en las acciones. ¿Cómo actúas? ¿Desde dónde? ¿Eres coherente con lo que sientes?
Eso sí, es importante tener cuidado entre lo que es tu necesidad y lo que te conviene. En determinadas situaciones, no podrás hacer lo que realmente quisieras. Por ejemplo, aunque tengas muchas ganas de gritarle a tu jefe, si lo haces puedes poner en riesgo tu trabajo. Es allí cuando, puedes tomar conciencia de lo que sientes y antepones lo que te conviene a tu necesidad. Quizá, luego a solas, en casa, puedes sacar esa molestia de tu cuerpo.
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Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica
Puede sucederte que crees sentirte de una determinada manera, por ejemplo, molesto y cuando revisas a detalle en tus emociones internas y sientes tu cuerpo, te das cuenta que detrás de esa supuesta rabia, lo que hay es dolor. ¿Qué haces con esta sensación? ¿Cómo actúas? ¿Desde lo que piensas, sientes o de otra manera?
Un organismo sano es congruente. Cuando piensa que está alegre, siente alegría en su interior y lo manifiesta en actos igualmente alegres, bien sea una sonrisa, una risa o un abrazo, por ejemplo.
Un organismo neurótico no es congruente. Piensa que está de una manera, siente de una segunda forma (o puede no sentir) y actúa en una tercera vía que puede, o no, ser coherente con el pensamiento o el sentimiento.
¿Qué hacer con esta mezcla?
Tomar conciencia de la incongruencia en un buen primer paso. Puede ser difícil aceptar la idea de que estás siendo incongruente en algún aspecto de tu vida y la verdad, es que cuando aceptas que algo no anda bien, es cuando comienzas a trabajar para que esto mejore.
La observación también es muy importante. Escúchate. Mírate con ojos compasivos y chequea cómo son tus pensamientos. Pon la lupa dentro de ti e trata de identificar eso que sientes, sea lo que sea. Una vez que logras sintonizar estos dos aspectos (pensamientos y sentimientos), concéntrate en las acciones. ¿Cómo actúas? ¿Desde dónde? ¿Eres coherente con lo que sientes?
Eso sí, es importante tener cuidado entre lo que es tu necesidad y lo que te conviene. En determinadas situaciones, no podrás hacer lo que realmente quisieras. Por ejemplo, aunque tengas muchas ganas de gritarle a tu jefe, si lo haces puedes poner en riesgo tu trabajo. Es allí cuando, puedes tomar conciencia de lo que sientes y antepones lo que te conviene a tu necesidad. Quizá, luego a solas, en casa, puedes sacar esa molestia de tu cuerpo.
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Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica
martes, julio 31, 2007
Huir por la derecha
¿Alguna te ha sucedido que estás en un lugar y de pronto, sientes una necesidad imperiosa de salir corriendo?
¿Has visto a algunas personas que en una situación de malestar, comienzas a decir chistes para “suavizar” la atmósfera?
¿Te ha pasado que le preguntas a alguien por su matrimonio y te responde sobre el clima, las lluvias y el calentamiento global?
Veamos en detalle.
Cuando no quieres vivir una emoción, sea cual sea ésta, huir por la derecha deja de ser una necesidad sana del organismo, para convertirse en una forma de evitar el contacto y en este caso, la emoción genuina.
Por ejemplo, si en vez que llorar por el dolor que te produce un evento triste, comienzas a decir chistes y a burlarte de la situación, lo más probable es que estés evitando ese dolor, en vez de meterte en él y atravesarlo hasta agotarlo. Si cuando alguien te pregunta por un hecho de tu vida y en vez de responder, te pones a hablar de otro tema que no tiene nada que ver, estás huyendo nuevamente.
Técnicamente y bajo la óptica de la Terapia Gestáltica, se llama deflexión y es un mecanismo que utilizamos casi todos los seres humanos. ¿Para qué? Pues justamente para evitar experimentar una emoción que nos resulta amenazante o muy avasallante.
Es como si ese sentimiento genuino fuese una ola de más de tres metros de alto y tú, mortal de menos de dos metros de altura, estás dentro del mar. Al ver esa ola gigante, tienes dos caminos: puedes nadar hacia ella y atravesarla, a pesar del temor que puede generarte; o puedes sumergirte en el agua y hacer que nada sucedió. ¿Cuál ruta escoges?
A veces huir por la derecha es la mejor manera que tienes para sortear una situación que te resulta amenazante o tóxica. Y es completamente válido. El problema se presenta cuando te conviertes en un experto en el arte de salir corriendo, evitando así hacer contacto con lo real. En el trayecto de la huida, te pierdes el sentir pleno y profundo.
Entonces, ¿Cómo quieres vivir? ¿Deseas existir en una eterna anestesia o quieres sentir? Te invito a que trates de sentir con todo tu cuerpo. Por más grande que parezca la ola, no vas a ahogarte.
Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica
¿Has visto a algunas personas que en una situación de malestar, comienzas a decir chistes para “suavizar” la atmósfera?
¿Te ha pasado que le preguntas a alguien por su matrimonio y te responde sobre el clima, las lluvias y el calentamiento global?
Veamos en detalle.
Cuando no quieres vivir una emoción, sea cual sea ésta, huir por la derecha deja de ser una necesidad sana del organismo, para convertirse en una forma de evitar el contacto y en este caso, la emoción genuina.
Por ejemplo, si en vez que llorar por el dolor que te produce un evento triste, comienzas a decir chistes y a burlarte de la situación, lo más probable es que estés evitando ese dolor, en vez de meterte en él y atravesarlo hasta agotarlo. Si cuando alguien te pregunta por un hecho de tu vida y en vez de responder, te pones a hablar de otro tema que no tiene nada que ver, estás huyendo nuevamente.
Técnicamente y bajo la óptica de la Terapia Gestáltica, se llama deflexión y es un mecanismo que utilizamos casi todos los seres humanos. ¿Para qué? Pues justamente para evitar experimentar una emoción que nos resulta amenazante o muy avasallante.
Es como si ese sentimiento genuino fuese una ola de más de tres metros de alto y tú, mortal de menos de dos metros de altura, estás dentro del mar. Al ver esa ola gigante, tienes dos caminos: puedes nadar hacia ella y atravesarla, a pesar del temor que puede generarte; o puedes sumergirte en el agua y hacer que nada sucedió. ¿Cuál ruta escoges?
A veces huir por la derecha es la mejor manera que tienes para sortear una situación que te resulta amenazante o tóxica. Y es completamente válido. El problema se presenta cuando te conviertes en un experto en el arte de salir corriendo, evitando así hacer contacto con lo real. En el trayecto de la huida, te pierdes el sentir pleno y profundo.
Entonces, ¿Cómo quieres vivir? ¿Deseas existir en una eterna anestesia o quieres sentir? Te invito a que trates de sentir con todo tu cuerpo. Por más grande que parezca la ola, no vas a ahogarte.
Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica
viernes, julio 20, 2007
Ir a terapia, ¿Para qué y para quién?
En países como Argentina, ir al terapeuta es casi tan común como ir a la peluquería. Las personas hablan de él o de ella como quien habla de un familiar. Sin vergüenza, se excusan de no poder ir al cine a es hora porque estarán en terapia.
En el caso de en Venezuela parece ser diferente. Son pocos los que admiten abiertamente delante de amigos o familiares que todas las semanas asisten a una cita privada para ver a un especialista. He escuchado con frecuencia la siguiente frase: “¿Para qué voy a ir a terapia? ¡Yo no estoy loco!”
¿Qué nos pasa con este tema? ¿Para quién está diseñada la terapia? ¿Para qué sirve?
Resulta obvio y quizá poco objetivo que como terapeuta, escriba que creo que todos los seres humanos necesitamos terapia. Sin embargo, realmente lo veo de esta manera.
Ahora bien. La terapia puede utilizarse en momentos de crisis. En esos instantes en los que la situación parece ser avasallante o cuando creemos que no podemos manejar estos hechos. Las historias pueden ser individuales, de pareja o de familia, el elemento común es que un hecho “detona” una situación que se convierte en difícil de manejar. Allí entra el terapeuta.
¿Qué hace un terapeuta?
Desde la perspectiva de la Terapia Gestáltica, el terapeuta tiene la tarea de “acompañar” al paciente en su proceso. Me gusta usar el ejemplo del especialista como un copiloto de un auto, en el que el cliente es el piloto y quien decide la ruta y la velocidad a seguir.
El terapeuta le muestra a este piloto, desde lo obvio y sin juicios de valor, lo que él no logra observar, bien sea porque está preocupado por el futuro o porque está angustiado por el pasado.
El especialista le enseña a su paciente que algunos esquemas antiguos ya no le funcionan y lo motiva a que busque una nueva respuesta que le sea beneficiosa y que lo ayude a satisfacer sus necesidades. Lo invita a que haga contacto y que perciba la velocidad a la que va y se dé cuenta si quiere ir a ese ritmo o no, según el momento.
Los pacientes van y vienen, como pueden y como mejor saben hacerlo. Y el trabajo del terapeuta está en estar allí, disponible para su cliente, con mucho amor y profundo respeto.
Si quieres concertar una cita o te interesa tratar algún tema en particular, me puedes contactar a través del siguiente número de teléfono: 15-63649171 o a través del correo electrónico: raizaramirez@gmail.com
Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica
En el caso de en Venezuela parece ser diferente. Son pocos los que admiten abiertamente delante de amigos o familiares que todas las semanas asisten a una cita privada para ver a un especialista. He escuchado con frecuencia la siguiente frase: “¿Para qué voy a ir a terapia? ¡Yo no estoy loco!”
¿Qué nos pasa con este tema? ¿Para quién está diseñada la terapia? ¿Para qué sirve?
Resulta obvio y quizá poco objetivo que como terapeuta, escriba que creo que todos los seres humanos necesitamos terapia. Sin embargo, realmente lo veo de esta manera.
Ahora bien. La terapia puede utilizarse en momentos de crisis. En esos instantes en los que la situación parece ser avasallante o cuando creemos que no podemos manejar estos hechos. Las historias pueden ser individuales, de pareja o de familia, el elemento común es que un hecho “detona” una situación que se convierte en difícil de manejar. Allí entra el terapeuta.
¿Qué hace un terapeuta?
Desde la perspectiva de la Terapia Gestáltica, el terapeuta tiene la tarea de “acompañar” al paciente en su proceso. Me gusta usar el ejemplo del especialista como un copiloto de un auto, en el que el cliente es el piloto y quien decide la ruta y la velocidad a seguir.
El terapeuta le muestra a este piloto, desde lo obvio y sin juicios de valor, lo que él no logra observar, bien sea porque está preocupado por el futuro o porque está angustiado por el pasado.
El especialista le enseña a su paciente que algunos esquemas antiguos ya no le funcionan y lo motiva a que busque una nueva respuesta que le sea beneficiosa y que lo ayude a satisfacer sus necesidades. Lo invita a que haga contacto y que perciba la velocidad a la que va y se dé cuenta si quiere ir a ese ritmo o no, según el momento.
Los pacientes van y vienen, como pueden y como mejor saben hacerlo. Y el trabajo del terapeuta está en estar allí, disponible para su cliente, con mucho amor y profundo respeto.
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Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica
domingo, julio 15, 2007
El arte de comparar
“Esto es mejor que aquello”
“Me gusta más este helado que aquél”
“Fulanito es más simpático que menganito”
“Este viaje fue menos divertido que el anterior”
¿Para qué comparamos? ¿Qué nos pasa cuando colocamos dos personas, situaciones o cosas frente a nosotros y comenzamos a cotejarlas?
Basándonos en la idea de que no existe nada más que no sea el presente, no puede haber otra situación o persona en este momento que no sea la que se encuentra frente a mí en este instante.
En el momento en el que empiezo a comparar me voy del ahora, bien sea para el pasado o para el futuro. Si mi novio (del presente) es más divertido que mi ex novio (del pasado), cuando los pongo en una balanza, ¿Qué estoy haciendo? ¿Estoy con mi actualidad o me estoy yendo a otro tiempo?
Si el dolor que siento ahora es menos intenso que el que sentí hace una semana, ¿En qué sentimiento me encuentro? ¿En el de hoy o en el de hace unos días?
Entonces, ¿vivo en el presente o me marcho a otros tiempos?
Lo anterior corresponde a cómo puedo usar las comparaciones de manera neurótica. Y no es que sea bueno o malo, es simple: dejo de estar en el ahora y recreo una situación que no existe en la actualidad, bien sea porque ya pasó o porque aún no ha llegado.
¿Cómo usarla de manera sana?
Comparar también puede usarse para diferenciar. En este caso, tiene una función sana. A veces, podemos confundir dos situaciones o personas creyendo que se parecen y, por lo tanto, actuar ante ambas sin discernir cuál es cuál. En estos casos, colocar una frente a otra nos puede ayudar a mirarlas con detalle y comenzar a verlas de otra manera, especialmente cuando le asignamos a cada una sus propias características.
Por ejemplo, si dos personas se te parecen (física o internamente), puedes compararlas y buscar, tres aspectos que los diferencien a una de la otra. De esta manera, la próxima vez que mires a este ser humano, sabrás que se trata de él o de ella y no de otro individuo. Ante esta nueva perspectiva, podrás escoger cómo ser o qué actitud tomar hacia esta persona.
Si quieres concertar una cita o te interesa tratar algún tema en particular, me puedes contactar a través del siguiente número de teléfono: 15-63649171 o a través del correo electrónico: raizaramirez@gmail.com
Lic. Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica
domingo, julio 08, 2007
El dolor del duelo
Durante los últimos días he pensado mucho en el tema del duelo. He recibido correos sobre este tópico, he tenido conversaciones con amigos que están atravesando momentos difíciles, he visto de cerca cómo el ser humano (y yo misma) me he enfrentado a esta situación de perder a una persona, relación o cosa.
En primer lugar, es importante aclarar que el duelo no sólo se vive cuando una persona cercana fallece o deja de estar a nuestro lado, por la razón que sea. El duelo también puede experimentarse al dejar un trabajo, al perder una casa, al alejarnos de algo que es muy preciado.
Lo segundo es que cada duelo es único. Y sin importar la razón del mismo, será del tamaño y de la importancia que cada persona le asigne según sus sentimientos.
Lo tercero, no hay tiempos estimados para superar un duelo. Cada persona, según su ritmo y proceso, irá experimentando las diferentes fases del duelo. Hace poco un amigo, en medio de su dolor inmenso por haber perdido a su padre, me preguntó: "¿Cuánto tiempo me va a durar esto?, ¿Cuándo lo voy a superar?". Con todo el afecto que le tengo, sólo pude decirle: "Va a durar lo que tenga que durar. No lo apures, no lo frenes, sólo vívelo como puedas".
Algunos psicólogos señalan que el duelo tiene fases o estadios. Las describen en el siguiente orden: el primer impacto, negación, dolor, rabia, asentamiento o reajuste, aceptación y paz. Los términos varían según los autores, sin embargo, en su mayoría coinciden.
Igualmente, estudiosos en el tema, indican que el duelo se vive con todo el cuerpo, desde adentro hacia afuera y viceversa. Cuando estamos pasando por un momento doloroso, pareciera que todo se tiñe con ese dolor.
Caminos y soluciones
En este sentido, creo que es fundamental buscar ayuda terapéutica. Un psicoterapeuta podrá acompañarte en tu duelo y brindarte herramientas para atravesarlo de la mejor manera posible, según tus características, recursos y posibilidades.
Ahora, me tomo la libertad de soltar algunas ideas sobre lo que puedes hacer al respecto. Quizá alguna te haga click y puedes probar alguna de ellas.
Vivir el dolor a pleno. El dolor, así como el amor y la alegría, es un sentimiento legítimo y genuino. Así que vivirlo, también lo es. Atravesarlo, experimentarlo es la mejor vía para agotarlo y poder pasar a una nueva situación. Bien dicen que "no se puede llenar una taza a menos que esté vacía".
Maneras de vivir el dolor. Hay diferentes técnicas que puedes experimentar para sacar el dolor de adentro.
Por ejemplo, puedes llorar en la ducha. Es una manera excelente de vivir el dolor en la intimidad. No hay juicios de nadie, no tienes que preocuparte si estás limpio o te ensucias. Simplemente te das el permiso y lloras con todas tus ganas (casi compitiendo con la ducha).
Otra forma puede ser escribirle una carta a la persona, situación o cosa. En esta carta le vas a expresar todo lo que sientes por dentro, lo que te pasa ahora que esa persona no está, lo que sientes por eso que ya no tienes. Trata de que los pensamientos racionales no empañen este escrito. Una vez que termines, puedes botarlo o quemarlo.
El momento de la rabia. En algún momento del duelo puedes sentir rabia o bronca. Exteriorizarla es importante. Ahora bien, lo más sano es sacarla hacia afuera sin hacerte daño a ti o a un tercero. Cuando estés a solas, puedes probar gritar desde lo más profundo de tu estómago, puedes comenzar con una letra "A", "O", y luego puedes ponerle palabras a ese grito, las que te nazcan y que estén relacionadas con el momento que vives.
Igualmente, puedes probar golpear. Hay varias maneras de hacerlo. Una es cerrando los puños y golpeando al aire, como si fueras un boxeador o como si estuvieras en una clase de taebo. La idea es que coloques en frente (de manera imaginaria) a la persona o situación por la que estás sintiendo esa rabia.
Otra manera es tomando una almohada y golpear con ella una pared. A medida que das los golpes, puedes probar decir una frase que te salga en ese momento.
Lo más importante de este tipo de sugerencias es que te preserves y que no te hagas daño físico. Tu persona y tu salud son primordiales.
En una fase posterior, cuando el dolor y la rabia se hayan agotado, es tiempo de reorganización. En este punto también puedes usar el recurso de la carta, esta vez, escribiéndole a la persona o a la situación sobre lo que aprendiste de él o de ella, los que recuerdas de él o de ella y lo que valoras de èl o de ella. Es una manera de rendir honor y darle su lugar en tu vida a esta persona o situación. Aunque en un primer momento parezca imposible, el organismo humano es tan sabio que buscará su equilibrio.
Superarlo sin culpa ni olvido
Hay personas que creen que si dejan de sentir dolor por la que persona que ya no está es porque dejaron de amarlo o porque lo olvidaron. Una vez agotado el dolor y la rabia, llega la paz y el equilibrio. Y eso no quiere decir olvidar o dejar de querer a lo que ya no está.
Por ejemplo, un padre no tiene sustituto y sentir paz no significa dejar de pensar en él, extrañarlo el día de su cumpleaños o amarlo co la misma intensidad que cuando estaba vivo. Es sólo dejar de sentir el dolor que empaña el amor y aceptar lo inevitable y lo que no podemos cambiar.
No creo que haya una conclusión posible ante este tema. Lo único que me atrevo a decir es que las despedidas son vitales, atravesar el dolor es crucial y aceptar lo inevitable es sano. Lo demás, depende de cada quien.
Si quieres hablar sobre algún tema en particular, hacerme un comentario o pedir una cita, estoy a la orden en el teléfono: 15-63649171 o al correo: raizaramirez@gmail.com
Autora del texto: Raiza Ramirez. Psicoterapeuta Gestalt y Periodista.
En primer lugar, es importante aclarar que el duelo no sólo se vive cuando una persona cercana fallece o deja de estar a nuestro lado, por la razón que sea. El duelo también puede experimentarse al dejar un trabajo, al perder una casa, al alejarnos de algo que es muy preciado.
Lo segundo es que cada duelo es único. Y sin importar la razón del mismo, será del tamaño y de la importancia que cada persona le asigne según sus sentimientos.
Lo tercero, no hay tiempos estimados para superar un duelo. Cada persona, según su ritmo y proceso, irá experimentando las diferentes fases del duelo. Hace poco un amigo, en medio de su dolor inmenso por haber perdido a su padre, me preguntó: "¿Cuánto tiempo me va a durar esto?, ¿Cuándo lo voy a superar?". Con todo el afecto que le tengo, sólo pude decirle: "Va a durar lo que tenga que durar. No lo apures, no lo frenes, sólo vívelo como puedas".
Algunos psicólogos señalan que el duelo tiene fases o estadios. Las describen en el siguiente orden: el primer impacto, negación, dolor, rabia, asentamiento o reajuste, aceptación y paz. Los términos varían según los autores, sin embargo, en su mayoría coinciden.
Igualmente, estudiosos en el tema, indican que el duelo se vive con todo el cuerpo, desde adentro hacia afuera y viceversa. Cuando estamos pasando por un momento doloroso, pareciera que todo se tiñe con ese dolor.
Caminos y soluciones
En este sentido, creo que es fundamental buscar ayuda terapéutica. Un psicoterapeuta podrá acompañarte en tu duelo y brindarte herramientas para atravesarlo de la mejor manera posible, según tus características, recursos y posibilidades.
Ahora, me tomo la libertad de soltar algunas ideas sobre lo que puedes hacer al respecto. Quizá alguna te haga click y puedes probar alguna de ellas.
Vivir el dolor a pleno. El dolor, así como el amor y la alegría, es un sentimiento legítimo y genuino. Así que vivirlo, también lo es. Atravesarlo, experimentarlo es la mejor vía para agotarlo y poder pasar a una nueva situación. Bien dicen que "no se puede llenar una taza a menos que esté vacía".
Maneras de vivir el dolor. Hay diferentes técnicas que puedes experimentar para sacar el dolor de adentro.
Por ejemplo, puedes llorar en la ducha. Es una manera excelente de vivir el dolor en la intimidad. No hay juicios de nadie, no tienes que preocuparte si estás limpio o te ensucias. Simplemente te das el permiso y lloras con todas tus ganas (casi compitiendo con la ducha).
Otra forma puede ser escribirle una carta a la persona, situación o cosa. En esta carta le vas a expresar todo lo que sientes por dentro, lo que te pasa ahora que esa persona no está, lo que sientes por eso que ya no tienes. Trata de que los pensamientos racionales no empañen este escrito. Una vez que termines, puedes botarlo o quemarlo.
El momento de la rabia. En algún momento del duelo puedes sentir rabia o bronca. Exteriorizarla es importante. Ahora bien, lo más sano es sacarla hacia afuera sin hacerte daño a ti o a un tercero. Cuando estés a solas, puedes probar gritar desde lo más profundo de tu estómago, puedes comenzar con una letra "A", "O", y luego puedes ponerle palabras a ese grito, las que te nazcan y que estén relacionadas con el momento que vives.
Igualmente, puedes probar golpear. Hay varias maneras de hacerlo. Una es cerrando los puños y golpeando al aire, como si fueras un boxeador o como si estuvieras en una clase de taebo. La idea es que coloques en frente (de manera imaginaria) a la persona o situación por la que estás sintiendo esa rabia.
Otra manera es tomando una almohada y golpear con ella una pared. A medida que das los golpes, puedes probar decir una frase que te salga en ese momento.
Lo más importante de este tipo de sugerencias es que te preserves y que no te hagas daño físico. Tu persona y tu salud son primordiales.
En una fase posterior, cuando el dolor y la rabia se hayan agotado, es tiempo de reorganización. En este punto también puedes usar el recurso de la carta, esta vez, escribiéndole a la persona o a la situación sobre lo que aprendiste de él o de ella, los que recuerdas de él o de ella y lo que valoras de èl o de ella. Es una manera de rendir honor y darle su lugar en tu vida a esta persona o situación. Aunque en un primer momento parezca imposible, el organismo humano es tan sabio que buscará su equilibrio.
Superarlo sin culpa ni olvido
Hay personas que creen que si dejan de sentir dolor por la que persona que ya no está es porque dejaron de amarlo o porque lo olvidaron. Una vez agotado el dolor y la rabia, llega la paz y el equilibrio. Y eso no quiere decir olvidar o dejar de querer a lo que ya no está.
Por ejemplo, un padre no tiene sustituto y sentir paz no significa dejar de pensar en él, extrañarlo el día de su cumpleaños o amarlo co la misma intensidad que cuando estaba vivo. Es sólo dejar de sentir el dolor que empaña el amor y aceptar lo inevitable y lo que no podemos cambiar.
No creo que haya una conclusión posible ante este tema. Lo único que me atrevo a decir es que las despedidas son vitales, atravesar el dolor es crucial y aceptar lo inevitable es sano. Lo demás, depende de cada quien.
Si quieres hablar sobre algún tema en particular, hacerme un comentario o pedir una cita, estoy a la orden en el teléfono: 15-63649171 o al correo: raizaramirez@gmail.com
Autora del texto: Raiza Ramirez. Psicoterapeuta Gestalt y Periodista.
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