viernes, agosto 06, 2010

Víctimas y perpetradores


No hay paz hasta que las víctimas y los perpetradores no se encuentran.
Ambos sienten alivio cuando logran estar juntos. Y de esta manera, el sistema vuelve a tener equilibrio.

Recientemente, un amigo murió. Y mi ejercicio personal, al mirar su ataúd, fue observar a su lado a la persona que lo mató. Aunque pueda sonar escabroso o raro, fue mi mejor acto de balance. Ellos deben estar juntos. Así lo decidieron. Y mi mejor acto de respeto y amor por su sistema es poder mirarlos juntos, sin juicios.

Mirándolo sistémicamente:

¿Qué pasa cuando en un sistema se excluye a un perpetrador? Un tío de la familia X mató a un hombre hace muchos años. Fue a la cárcel y ninguno de los miembros de su familia quiso visitarlo, no hablaban de él, sentían vergüenza y fue excluido.

En otra familia, la Y, un hombre fue asesinado, y se convirtió en una víctima. El dolor fue tan grande que no se habló de este tema. Se callaron las circunstancias.

En cada una de estas familias hay un desbalance, un lugar vacío. En la familia X, el excluido es el perpetrador. En la familia Y, el excluido es la víctima. ¿Qué sucede luego?

En las generaciones posteriores, y para lograr balance, alguien en la familia mirará esto que para los demás fue difícil mirar. Y entonces, un miembro de la familia X buscará a un perpetrador, para darle lugar a este tío asesino que fue excluido. Y un miembro de la familia Y, buscará una víctima para su propio sistema.

X y Y se encuentran y sucede lo inevitable. Y mata a X. En nombre de esta lealtad familiar e invisible de cada uno. Así, y solo así, nuevamente víctima y perpetrador pueden estar juntos.

¿Cómo se soluciona este embrollo?

Dando lugar a ambos: a las víctimas y a los perpetradores de tu sistema. Honrando a los que dieron su vida buscando a un excluido o mirando algo que ningún otro pudo ver. Con amor y con dolor, dejamos a los muertos en el lado de los muertos. Para que los vivos puedan hacer algo con sus vidas.

Mirarlo, asentir al destino del otro, saber que ese que murió o dio muerte también pertenece y que tiene su lugar.



“Te dejo en la muerte. Con amor y dolor. Honro tu destino. Por favor, mírame con cariño si me quedo con vida y lo hago un poquito diferente. Te miro y miro a tu perpetrador. Ambos tienen un lugar en mi corazón”



Autor del texto:
Raiza Ramirez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares

martes, julio 06, 2010

Manipulador y manipulado: dos caras de la misma moneda


La manipulación me resulta un proceso humano super interesante. Especialmente porque creo que todos los seres humanos, alguna vez echamos mano a esta forma de estar en el mundo y de tratarme a mí y al otro.

Primero: ¿Qué es manipular?

Apegada a la teoría de la Psicoterapia Gestalt y también al lenguaje: manipular significa transformar "algo" (situación, cosa o persona) de tal manera que se convierta en lo que yo quiera. Con un elemento adicional, que en vez de utilizar "mis recursos", uso los recursos del otro.

Esto último es lo que marca o caracteriza a la manipulación: NO USO MIS RECURSOS, uso los del otro. No uso mis recursos bien sea porque creo que no los poseo o simplemente porque deseo no movilizarme y hacer que el otro se mueva.

¿Cómo hago para usar los recursos del otro?

Desde la mirada gestáltica, una de las formas características que se usa en la manipulación es colocarme una "máscara" y actuar desde allí. Me convierto en una víctima, en la responsable, en una diva, en un pobrecito, en un dictador, entre otros. Y desde este rol, "juego" conmigo y con el otro.

Y por ejemplo, en vez de decirle a alguien: "Quiero agua, por favor, dame un vaso con agua"
Le digo: "Tú que eres tan bella y dadivosa... y yo que no puedo levantarme de esta silla... verdad que me quieres dar un poquito de agua?"

Aunque parezca un ejemplo muy básico, en el fondo de la frase manipuladora está la base de esta vinculación: Me coloco una máscara, actúo desde allí, trato de usar tus recursos en vez de usar los míos y alcanzo mi meta o logro satisfacer mi necesidad.

Manipulador y manipulado

En esta forma de actuar y de estar en el mundo, el manipulador no está solo, necesita a un otro que se deje manipular. Al encontrarse se arma la llave perfecta: uno dice y el otro hace. Ambos en un juego perfecto en el que ambos se necesitan.

Ambos terminan siendo dos caras de la misma moneda.




El manipulador puede creer (verdaderamente) que no cuenta con los recursos para satisfacer sus necesidades o lograr sus objetivos. Y por ello, necesita al otro para aproximarse a lo que quiere.
Y la otra característica del manipulador es que se colocar esta careta o actúa desde este rol, pues no es capaz de hacer un pedido directo a la otra persona, pues suele temer recibir una NO o una negativa como respuesta. Antes de exponerse al rechazo, manipula.



El manipulado por su parte, quizá sufre de aspectos parecidos al manipulador. ¿En qué sentido? El manipulado compra el rol del otro y puede llegar a creer que verdaderamente su interlocutor no puede alcanzar su meta. Y desde allí, siente que lo ayuda.
Igualmente, le cuesta dar un NO como respuesta. Si dice que no, las consecuencias pueden ser terribles para él y pueden incluir "perder" a esta persona que ellos también necesitan.

Entre ambos se forja un vínculo tipo "llave y cerradura". Calzan perfectamente. Uno tiene lo que el otro necesita.

¿Soluciones?

Un vínculo entre manipulador y manipulado puede funcionar por mucho tiempo. Siempre y cuando ambos reciban lo que necesitan.

El problema se da cuando a alguno de los dos le deja de funcionar este nexo. Cuando el manipulado, por ejemplo, comienza a decir que no.

Una posible solución para que este vínculo sea elaboradora de una manera más sana, apuntaría a lo siguiente:

+ Lograr que el manipulador se dé cuenta del rol que usa para satisfacer sus necesidades.
+ Lograr que el manipuladora pueda hacer un inventario de los recursos con los que cuenta para satisfacer sus necesidades.
+ En caso de que realmente no posea los recursos, mostrarle que puede pedir y acercarse al otro de manera directa. Y que puede exponerse a una negativa sin que ello signifique una pérdida total.

En el caso del manipulado:

+ Lograr que el manipulado se dé cuenta del rol que usa el otro para vincularse con él. Y que pueda mirar el rol que él mismo toma en este nexo.
+ Lograr que el manipulado pueda asumir el riesgo de decir que no a los pedidos indirectos del otro.
+ Hacerle ver al manipulado que el manipulador cuenta con los recursos para satisfacer sus necesidades.
+ Hacerle ver al manipulado que puede tener una relación con el otro basada en la interdependencia y no en "yo te soluciono tus problemas".

La manipulación puede ser un proceso hermoso y maravilloso. Del que todos podemos aprender. Quizá podamos comenzar a ver en qué lado de la historia estamos. Quizá a veces manipulamos y otras somos manipulados. Lo importante no es estar dentro, sino ver que estamos allí, para poder salir.



Otro texto vinculado al tema: Yo Manipulo


Autora del texto: Raiza Ramirez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares


sábado, junio 26, 2010

La frustración, ¿Qué hacer con ella?

La frustración
El tema no es sentirla, sino qué hacer con ella

Si nos imaginamos a un niño de unos 5 años a quien le acaban de comprar una barquilla repleta de helado de fresa, y a los minutos al pequeño se le cae al piso su helado, ¿Qué crees que sentirá? ¿Cómo reaccionará? ¿Qué hace o dice el adulto que lo acompaña?

Es probable que el niño llore o se moleste. Perdió algo que deseaba, que tenía entre sus manos y que le gustaba. En dos palabras: siente frustración.

Si un adulto viene y le dice “Tranquilo pequeño, todo está bien”, “No pasó nada”, “No llores, es solo un helado”, es probable que lejos de sentirse mejor, el niño se sienta aún más rabioso.

La frustración es una de esas sensaciones que tiene mala publicidad. Parece que es “malo” sentirse frustrado. El solo pensar que alguien dice “Eres una frustrada”, puede generar malestar.

Ahora bien, ¿Es tan malo frustrarse? ¿Qué tan terrible es sentir frustración?




Desde mi perspectiva, creo que si hay algo que se encuentra a la vuelta de la esquina es la frustración. No todo sale como lo deseamos. Ejemplos: Quiero que salga el sol y llueve. Deseo ganar más dinero y este mes no alcancé la meta. Me quiero ir de viaje y no puedo. Quiero dormir hasta tarde y debo levantarme para ir a mi trabajo. Todos los anteriores son muestras de “pequeñas” frustraciones que vivimos a diario, quizá la diferencia sea la forma en la que la maneja cada quien.

No creo que un síntoma de la madurez o el crecimiento personal sea NO frustrarse. Desde otra mirada, creo que lo interesante en qué hago cuando toco esta sensación de no haber logrado lo que deseaba, de haber perdido lo que tenía, de que las cosas no salieron como yo esperaba, entre otras.

Tengo dos visiones al respecto y ambas tienen que ver como cómo me acompaño en este trayecto de sensaciones.

Una primera mirada, ¿Dónde coloco el foco de mi atención? ¿En la situación que me genera frustración o en otro lugar? Por ejemplo, si no logré algo que deseaba, puedo solo enfocarme en esa meta que no alcancé y de esta manera, sentir aún más frustración. En cambio, si logro ampliar mi mirada, quizá pueda ver lo a mi alrededor y encontrar una nueva respuesta o una nueva opción.

Lo segundo. ¿Cómo me acompaño en este tránsito? ¿Cómo soy conmigo en este camino? ¿Me ayudo o me regaño y critico? Si me “mal trato”, el sentimiento negativo puede incrementarse. Sería como decirle al niño que se le cayó helado que fue su culpa y darle toda una lección sobre el hecho.

El secreto, si puede llamarse de alguna manera, es descubrir cómo deseo caminar conmigo. Entender a mi frustración y saber que hay “algo” que quería y no tengo y que esa situación me genera pesar o molestia. Ser tolerante conmigo y darme más ayuda y menos críticas.

Realmente la meta no es NO sentir frustración. Sino atravesarla de la mejor manera, para que al final de este trayecto, pueda haber sacado algún aprendizaje de la experiencia y esté listo para la próxima aventura.

Autora del texto:
Raiza Ramirez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares.

lunes, mayo 03, 2010

Entre angelito y diablito


Los desacuerdos internos se presentan cuando la persona boxea entre lo que desea para sí y lo que le impone la realidad. ¿Se ha confrontado usted con ese dilema?

por NÉSTOR LUIS LLABANERO | imagen: WWW.SHUTTERSTOCK.COM | DOMINGO 2 DE MAYO DE 2010


Una mujer que actúa poseída por el espíritu pacifista de Batichica no invalida la esencia guerrerista de la Gatúbela que lleva dentro. Por extremas que resulten, ambas cualidades -representadas en estos personajes de la ficción televisiva- forman parte de un todo. Sólo que la pugna exhibida en la serie entre la chica buena y la gata mala sólo tiene el objetivo de ver cómo el bien supera al mal. En la vida real, la situación opera diferente.

Cuando Raiza Ramírez, especialista en terapia Gestalt -rama de la psicología humanista-, menciona ambas actitudes como parte de una coexistencia, lo hace para graficar la encrucijada en la que muchas personas se encuentran a la hora de tomar decisiones, trascendentales o no para sus vidas. Se refiere a la batalla simbólica entre el angelito y el diablito, la cual no es ajena tampoco a los hombres.

"Todos atravesamos por esos momentos de debate personal, y cuando se impone el angelito no quiere decir que el diablito desaparezca de nuestra naturaleza, sino que en ese momento prevaleció uno de los dos".

De lo que se trata es de advertir a la gente que este duelo de pensamientos y sentimientos extremos forma parte de lo que el terapeuta argentino Norberto Levy llama "desacuerdos internos", una especie de diálogo donde las dos voces que hablan, a veces, no alcanzan un consenso, o se consigue lentamente generando malestar interno innecesario.


Sucede, por ejemplo, en casos tan cotidianos como el hijo casado enfrentado al dilema del deber que supone llamar a diario a su madre para saludarla y preguntarle cómo está. "La respuesta a esa interrogante debe partir de la necesidad que siente de llamar o no a la progenitora", especifica Irene Specht, presidenta del Instituto Venezolano de Escuelas Holísticas, IVEHO. "Hacerlo sólo por el deber es un mero cumplimiento de un rol que otros le establecieron".

Lo grave de privilegiar la mirada ajena, opina Specht, es que quien realice algo desatendiendo sus elecciones, corre el riesgo de irse convirtiendo en un ser desarticulado en sí mismo. "Actuar por lo que otro nos diga, no sólo nos aniquila sino que nos coloca en el último lugar de nuestras prioridades más esenciales".

EL DESACUERDO INTERIOR
Todas las personas dialogan con ellas mismas. Esto es normal y hasta sano. Son conversaciones o transacciones emocionales que permiten a cualquier individuo evaluarse, premiarse o regañarse. Al pronunciar estos puntos de vista, Raiza Ramírez dice que "lo interesante no es el diálogo interno sino la calidad del mismo".

Entonces pasa a comentar que si el diálogo es amoroso, éste se traduce en apoyo y compañía que ratifica el acuerdo interior. Es lo que representaría al angelito que habla.

Caso contrario, si el diálogo se basa en lo punitivo, éste se traduce en zozobra y compañía inadecuada, creándose el desacuerdo interior. Es el diablito contrapuesto al angelito.

Ramírez cita al autor argentino Norberto Levy, creador del abordaje terapéutico llamado Autoasistencia Psicológica, para precisar que el organismo humano funciona como una empresa con diversas gerencias. "Si dos gerencias de esa empresa (parte del organismo) están molestas, entonces se genera un desacuerdo interior. Pero, la complicación no es que exista el desacuerdo (en las mejores relaciones lo hay), sino que éste se cristalice o persista en el tiempo".

Ahora bien, dejarse llevar sólo por el angelito a la hora de tomar decisiones no imposibilita que una persona se autocuestione. Criticarse, subraya Ramírez, puede ser provechoso para el crecimiento. "Claro, el cuestionamiento a mí misma puedo hacerlo desde un llamado de atención sin llegar a herirme".

Por ejemplo, hay individuos que intentan erradicar su lado dadivoso luego de haber vivido experiencias de ingratitud con gente inescrupulosa. Es allí donde el angelito y el diablito van templando a la persona para que se defina entre esconder o mantener su rasgo dadivoso. "Si la decisión es erradicarlo creyendo que así se resguarda, está echando a un lado un aspecto interesante de la personalidad. Lo que debe hacer la persona es ajustar ese rasgo, administrarlo mejor, pero no penalizarse por lo que es en esencia", reflexiona Ramírez. "Buscar un equilibrio en la personalidad es una buena forma de conducirse".

¿PUEDE CAMBIAR UN MAYOR?
Mientras más adulta sea una persona, más compleja resulta la posibilidad de aprender a conversar consigo misma pretendiendo producir cambios a su vida. La razón es que cuando alguien va haciéndose mayor acumula historias que refuerzan formas de pensar difíciles de mover, aunque se encuentre ante la necesidad de hacerlo. Diferente ocurre con los niños, quienes al estrenarse a la vida se tornan dúctiles.

Sin embargo, tampoco es verdad el dicho popular aplicado a los humanos según el cual loro viejo no aprende a hablar. "Si la persona no tiene entrenamiento, por supuesto que le costará más hacer transformaciones", acuerda Irene Specht, presidenta del Instituto Venezolano de Escuelas Holísticas, IVEHO. "La coraza se hace más sólida y, en consecuencia, se atreve menos a salir de ésta".

Sin embargo, la especialista en terapia Gestalt, asegura que "las personas asimilan formas de conducirse a cualquier edad, con mayor o menor flexibilidad de acuerdo con el ambiente donde se haya criado".

Su opinión está fundamentada en el siguiente ejemplo: "Mientras una persona viva apegada totalmente a la cultura de su país, menos opciones tiene de ensanchar sus conocimientos sobre otras culturales nacionales. Así mismo pasa cuando alguien se expone sólo a un ambiente".

Y claro que, convertidos en adultos, existe la posibilidad de emprender viajes por sí solos. Pero, incluso, la forma cómo se realizan esas expediciones también influye en los logros de esa ampliación. "La psicoterapia es una forma de viajar más rápida al fondo de sí mismo. Y es un viaje que todos -unos más, otros menos- necesitamos hacer", asegura Specht.

La también especialista en adicciones y codependencias recuerda una verdad que justifica porque todos tenemos la necesidad: "los padres no llegaron al mundo con un manual, así que han tenido que adaptarse a distintas eras para ejercer bien su rol".

Conviene saber, según Specht, que cuando un individuo se esmera por acoplarse a nuevas realidades sociales, pueden producirse confusiones, hasta consigo mismo. Por eso, vale saber que una actitud no convierte a un ser humano en bueno ni malo. "Sencillamente porque en la vida nadie vive más allá del bien y del mal sino que vive en el bien y en el mal, y de lo que se trata es de no perecer en su objetivo de crecer como ser humano".

nllabanero@eluniversal.com
Twitter: @llabanero

Coordenadas
Raiza Ramírez 15-63649171

Entrevista publicada en la revista ESTAMPAS, del Diario El Universal. Caracas, Venezuela. Domingo, 2 de mayo de 2010.
Link: http://www.estampas.com/2010/05/02/

jueves, febrero 25, 2010

La madre y el padre: el principio de todo

Sobre Constelaciones Familiares
La madre y el padre: el principio de todo



“Mi mamá y mi papá se amaron y yo soy la mejor prueba”
“Mi mamá es la mejor, encontró a mi papá”
Frases de la terapia ambulante de Carola Castillo


La vida viene de mamá y papá. Y yo, como hijo soy 50% mamá y 50% papá.

Estoy conectado una suerte de “hilos invisibles” a ellos y a los que vinieron antes que ellos y que hicieron posible mi vida. A donde me mueva y vaya, los hilos van conmigo.

De ellos tomo la vida. Renegar o negar a alguno de mis padres, es igual a renegar parte de mí.
Cuando tomo a mis padres, a su historia, a lo que fue, a lo que pasó, a lo que sucedió, puedo estar en sintonía con la vida.

Principio fundamental en Constelaciones Familiares:
Los padres dan, los hijos toman.

+ La mejor manera que tienen los hijos de dar a los padres es viviendo su vida, haciendo algo productivo con ella y dando vida.

Otro principio en Constelaciones Familiares:
Los hijos son más pequeños que los padres y solo son hijos.
Los padres son más grandes que los hijos.

+ Delante de la historia de mis padres, soy pequeño y no puedo hacer nada para cambiarla.
+ Querer cambiar la historia de mis padres, hace que pierda mi sintonía con la vida.

Tomar la vida
La vida corre como una cascada de agua: de arriba hacia abajo.
Los de arriba representan a nuestros ancestros, los que vinieron antes, de los que tomamos la vida. Los de abajo, son los más pequeños (los hijos), que van tomando la vida de los que vienen arriba.
Tal y como en una cascada, el agua no puede ir hacia arriba, como la vida. Mi trabajo, es tomar el agua que viene de mis padres y a su vez, de sus padres, quienes las tomaron de sus padres y así sucesivamente.
Es gracias a “esa agua” y gracias a que ha seguido corriendo “esa agua” que tengo la vida y puedo hacer algo con ella (y esto último es mi responsabilidad)
Como hijo, no puedo cambiar el curso de la corriente de agua. No puedo enviar el líquido hacia arriba.

+ Si estoy en sintonía con la vida: es como si me pusiera bajo esta cascada y me baño en ella sin juzgar el agua, temperatura, color o sabor. Solo me baño en ella.
+ Si NO estoy en sintonía con la vida: me quito de la cascada, la critico, creo que el agua que tengo es mejor que la que recibo.





















Carola Castillo, en su libro “Ecos del pasado”, escribe cómo saber si estoy desconectado con mis padres:
+ Hago lo que ellos dicen.
+ Hago lo opuesto a lo que ellos dicen.
+ No tengo contacto con ellos.
+ Quiero que mis padres cambien.





La ausencia de la madre o el padre
Podemos estar hablando de una ausencia física o emocional.
Puede ser que alguno de los hijos tome el lugar de sus padres y deje de vivir su destino, para embrollarse en sus progenitores, pensando que de esta manera podrá “ayudarlos” o hacerle su carga más liviana.

Algunos casos o posibilidades:
+ Si la madre muere en el parto.
+ Si la madre muere y deja hijos muy pequeños.
+ Si la madre pierde a un hijo y no se encuentra disponible para sus otros hijos (quizá uno de los hijos mayores toma el lugar de la madre)
+ Si la madre está involucrada emocionalmente con su primer amor o con una pareja previa. En este caso, un hijo o hija puede tomar el lugar de la madre y convertirse “en la esposa” del padre, siendo fiel a ambos.
+ Si la madre está embrollada con su sistema de origen y no está disponible para su nuevo sistema.
+ Si a un padre también le faltó su padre. Esto lo hace menos disponible para sus hijos.
+ Si la pareja tuvo una pérdida (aborto o muerte de un niño)
+ Si el padre está embrollado con su familia de origen y no logra estar para su nuevo sistema.


Posibles consecuencias para los hijos de la ausencia materna y/o paterna
+ La persona toma el lugar de la madre, convirtiéndose en la “pareja” del padre, o viceversa. Le será más difícil conseguir pareja y hacer su propio sistema.
+ Ante una madre a la que le faltó su mamá: el individuo toma el lugar de la abuela materna y se convierte en la mamá de su mamá, se transforma en “la grande” de la relación. ¿Consecuencias? Se le puede dificultar su propio ser madre.
+ Esto también puede pasar con un padre que le haya faltado su papá. En este caso, pueden presentarse casos de alcoholismo. Es como si el hijo dijera “Papá, te bebo en cada trago”.
+ Ante la muerte de mamá (sea cual sea la edad), el hijo o la hija pueden desear acompañar a mamá en la muerte. Igualmente puede pasar con el padre. Es lo que Hellinger indica como “Te sigo hacia la muerte”. El hijo o hija, apaga su vida, le cuesta más ser feliz, le cuesta disfrutar de la vida.






Las mejores palabras

Desde el lugar de los hijos, algunas palabras de resolución:

“Mamá, tomo la vida de ti. Por favor, mírame con bien si lo hago diferente a ti”

“Mamá, Papá, tomo la vida de ustedes. Por favor bendíganme si lo hago igual o diferente a ustedes. Cada vez que sea feliz, lo haré en honor a ustedes”.

“Mamá o Papá, con amor y dolor te dejo en la muerte. Ahora, yo me quedo con la vida. Mírame bien si me quedo en la vida. Ya nos encontraremos”

“Mamá, Papá, la historia de ustedes es más grande que yo. Yo no puedo ocuparme de sus destinos, es mucho para mí. Gracias por la vida que me dieron. Es mi trabajo hacer algo con ella”

“Mamá, Papá, ahora puedo ver tu dolor y cuánta falta te hicieron tus padres, la misma falta que tú me has hecho a mí”


Desde el lugar de los padres, algunas palabras de resolución:

“Te bendigo si lo haces igual o diferente a mí.”

“Mi historia es mía y es mucho para ti si intentas cargarla. No hay nada que puedas hacer por mí o por mi destino. Tú tienes tu historia y yo tengo la mía. Para mí está bien si te vas y te ocupas de tu vida.”

“La historia de mamá y papá es solo de nosotros. Es muy grande para ti. Es nuestra historia y no puedes meterte en ella. Para nosotros está bien como lo hagas.”

“A mí también me hizo falta mi mamá (o mi papá) Hice por ti lo que pude. Te di la vida, ahora es tu turno de hacer algo con ella.”

“Tomo la vida cuando estoy de acuerdo con las posibilidades y los límites”.


Sí, sí y mil veces sí
Por favor
Gracias

domingo, febrero 07, 2010

La vida corre como el agua de la cascada


La vida corre como el agua de una cascada.

De arriba hacia abajo. Naturalmente.

De arriba, donde se encuentran nuestros ancestros y todos los que vinieron antes, tomamos la vida.

Y abajo, estamos nosotros, los que llegamos después. Los que nos bañamos con el agua que nos dan mamá y papá y a los que nos toca seguir corriendo este líquido hacia abajo, hacia nuestros hijos. Nos toca dar vida y hacer algo con la vida que nuestros padres nos dieron.

No tomar

Puede pasar que como hijo me parezca que el agua que viene de mis padres es mala, escasa o simplemente no me gusta (siguiendo la analogía que hace Joan Garriga en el cuento "¿Dónde están las monedas?"), entonces decido quitarme de esa cascada. Y quedo seco. No puedo tomar la vida de mis padres y por lo tanto, no puedo pasarla a mis hijos. Es probable que así me sienta desdichado e infeliz. Que me cueste un poco más la vida.

También puede pasar que yo crea que puedo tomar una cubeta o tobo, llenarla con el agua que me llega de mis ancestros y reenviarla hacia arriba, creyendo de esta manera que mis padres se van a nutrir de mi agua, que puedo darles agua a ellos. Y esto, no es más que una ilusión, porque el agua siempre correrá hacia abajo.
Estos son los casos de los hijos que desean hacerse cargo de los padres (emocionalmente), que creen que pueden arreglar la vida de sus ancestros (por la lealtad invisible que los une a ellos), que cree que si cede su agua a los que vinieron antes, toda la cascada o familia va a estar mejor. Sin darse cuenta de que ése es un precio muy algo para quien vino después.
No puedo hacer nada por los que vinieron antes de mí. Solo puedo tomar de ellos y dejar que fluya esta corriente a donde tiene que ir.

Tomar o el mejor baño de mi vida

Lo que puedo hacer, lo que mejor puedo hacer es tomar mi lugar. Pararme debajo de ese chorro de agua, sea pequeño o grande, sea transparente o de cualquier otro color, sea caliente o frío, y dejarme mojar por él, por la vida, por los que vinieron antes.
Lo mejor que puedo hacer es mirar hacia arriba y mirar. Mirar y mirar. Honrar a esos que llegaron antes que yo y que pasaron la vida de una generación a otra. Los que hicieron posible que yo esté aquí hoy.
Ese es mi mejor trabajo. Mi verdadero destino se muestra cuando ocupo mi lugar.

Raiza Ramirez




domingo, noviembre 22, 2009

“La nueva pareja de mi papá”


Los cuentos infantiles tradicionales pintan a las madrastras como seres maléficos que vienen a separar a los padres de sus hijos. Son narizonas, feas, con verrugas en alguna parte del rostro y por sobre todas las cosas, son malas.

Quizá de este contexto viene la idea social de que la segunda pareja de papá puede resultar una amenaza para los hijos, la madre, el padre, es decir, para todo el sistema familiar.

¿Qué otra mirada podemos darle a esta realidad?

El orden

Uno de los principios más importantes dentro de los sistemas familiares es el orden, es decir, que cada uno ocupe su lugar, el que le corresponde. Y quizá es uno de los errores que con más frecuencia se comete al ingresar un nuevo miembro a la historia.

Por ejemplo, mamá y papá se separan heridos y molestos, quizá papá (en este caso) desea que su próxima pareja ocupe el lugar de mamá, pues está bravo con ella. ¿Consecuencias? Los hijos pueden rechazar a la nueva pareja del progenitor. La razón es simple: nadie puede ocupar el lugar de mi mamá. Cuando rechazas a mi madre, me rechazas a mí.

Mamá y papá no son reemplazables. Los hijos son solo los hijos y no pueden ser parejas sustitutas. Y la nueva pareja debe tener mucha conciencia de que ella vino después y por sobre todas las cosas, hay otras personas que llegaron primero a la vida de ese hombre.

Una madrastra que mira

La segunda pareja tendrá mucho más chance de quedarse en esa relación si logra mirar con respeto a la primera esposa y madre de los hijos de su amor. En esa mirada hay un asentir implícito, un “si” interno que no lucha, sino que acepta que hay una historia que vino antes. No se trata de que sean mejores amigas y vayan juntas a hacer las compras, se trata de darle el lugar que tuvo y que tiene.

Cuando la madrastra dice SI a la primera esposa, es como si dijera SI al mismo tiempo a los hijos. Esto, de manera tácita e inmediata, hace que los hijos no tengan que defender a nadie. Se sienten respetados.

En un sistema de familia, todos caben. El único detalle es que cada uno tiene su puesto y necesita ocuparlo.

Autor del texto: Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

lunes, noviembre 02, 2009

El responsable de mis necesidades














¿Quién es el responsable de tus necesidades?

Una mujer está molesta con un hombre. Está más que brava, está furiosa. Desea y necesita hablar con este señor y decirle lo que siente. Eso lo tiene claro.

En una conversación previa, él quedó en llamarla. Ella está esperando la llamada que aún no llega. Mientras tanto, su necesidad sigue sin ser satisfecha y por lo tanto, la situación sigue estando abierta y la molestia presente.

El cómo

Bien indica la teoría sobre Psicoterapia Gestalt que el tema de las necesidades no se trata de tenerlas o no, pues todos los seres humanos las experimentan. El verdadero tema es CÓMO cada organismo las satisface.

En el ejemplo anterior se puede mirar. La cuestión no se trata de la molestia de esta mujer, sino lo que hace ella con su molestia y cómo la canaliza.

La primera trampa: evitar

Uno de los obstáculos que nos podemos colocar las personas para no satisfacer nuestra necesidad es cerrarnos el paso hacia “eso” que estamos requiriendo. Si bien no lo hacemos de manera conciente, igualmente lo hacemos.

Siguiendo con la historia anterior de la mujer molesta. Ella estaba tan brava que decidió apagar su teléfono, borrar al hombre de sus listas de contacto en diferentes medios, no estar disponible para él. Suena contradictorio, ¿Verdad?

¿Cómo es que si mi necesidad es hablar contigo, cierro los medios para comunicarme contigo?

Segunda trampa: sin responsabilidad

Si evado mi necesidad y la dejo en manos del otro, estoy entregando mi destino al afuera. Ya no soy responsable de lo que me sucede y son los demás, sean quienes sean, los que deciden y tienen la potestad sobre mis estados de ánimo y lo que logro satisfacer o no.

La mujer sigue molesta con el hombre. Él no ha llamado. Ella espera la llamada. ¿De quién es la necesidad y de quién es la responsabilidad de satisfacerla? Quizá la necesidad de él sea diferente a la de ella y por eso no llama. No lo sabemos.

Si bien es cierto que no siempre necesitamos estar “cara a cara” para cerrar una situación abierta, es muy importante que comencemos a mirar nuestras necesidades y entendamos que somos nosotros los que podemos hacer algo por ellas, por lo menos intentarlo.

Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

Qué es Bebé Gestalt

Mamá y Papá: el principio de todo.

Mamá y Papá: el principio de todo.
La vida viene de mamá y papá. Y yo, como hijo soy 50% mamá y 50% papá. Estoy conectado una suerte de “hilos invisibles” a ellos y a los que vinieron antes que ellos y que hicieron posible mi vida. A donde me mueva y vaya, los hilos van conmigo. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

¿Neurótico yo?

¿Neurótico yo?
Fritz Perls, creador de la Terapia Gestáltica, escribió que todos los seres humanos somos neuróticos. Esta aseveración quizá puede resultar antipática para algunos, ¿cómo es posible esto? A continuación podrás leer algunas pistas que te ayudarán a saber si eres neurótico o no. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

¿Llueve o hace sol?

¿Llueve o hace sol?
Si se pudiera hablar de un “ideal”, sería el siguiente: tener el paraguas a la mano, estar pendiente del tiempo y probar. A veces será el momento de abrirlo porque el cielo anuncia tormenta y otras veces de cerrarlo pues el sol está resplandeciente. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

La pareja y el morral

La pareja y el morral
Una mujer, luego de pasar un tiempo sin pareja, conoce a dos hombres: A y B. El “A” parece tener todas las cualidades “buenas” que ellos “deben tener”: es soltero, tiene una buena posición económica, está disponible para ella, es cariñoso, de buena familia. El “B”, pareciera cargar una mochila más grande: tiene un hijo, una ex mujer y algunos problemas sin resolver. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

La empresa de un solo empleado

La empresa de un solo empleado
Por muchos años esta mujer tuvo y mantuvo una empresa de múltiples empleados. Estaba tan atareada con sus ocupaciones que se olvidó de ella misma. A veces no se pagaba el sueldo, hubo años en los que no vio utilidades. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)