lunes, mayo 03, 2010

Entre angelito y diablito


Los desacuerdos internos se presentan cuando la persona boxea entre lo que desea para sí y lo que le impone la realidad. ¿Se ha confrontado usted con ese dilema?

por NÉSTOR LUIS LLABANERO | imagen: WWW.SHUTTERSTOCK.COM | DOMINGO 2 DE MAYO DE 2010


Una mujer que actúa poseída por el espíritu pacifista de Batichica no invalida la esencia guerrerista de la Gatúbela que lleva dentro. Por extremas que resulten, ambas cualidades -representadas en estos personajes de la ficción televisiva- forman parte de un todo. Sólo que la pugna exhibida en la serie entre la chica buena y la gata mala sólo tiene el objetivo de ver cómo el bien supera al mal. En la vida real, la situación opera diferente.

Cuando Raiza Ramírez, especialista en terapia Gestalt -rama de la psicología humanista-, menciona ambas actitudes como parte de una coexistencia, lo hace para graficar la encrucijada en la que muchas personas se encuentran a la hora de tomar decisiones, trascendentales o no para sus vidas. Se refiere a la batalla simbólica entre el angelito y el diablito, la cual no es ajena tampoco a los hombres.

"Todos atravesamos por esos momentos de debate personal, y cuando se impone el angelito no quiere decir que el diablito desaparezca de nuestra naturaleza, sino que en ese momento prevaleció uno de los dos".

De lo que se trata es de advertir a la gente que este duelo de pensamientos y sentimientos extremos forma parte de lo que el terapeuta argentino Norberto Levy llama "desacuerdos internos", una especie de diálogo donde las dos voces que hablan, a veces, no alcanzan un consenso, o se consigue lentamente generando malestar interno innecesario.


Sucede, por ejemplo, en casos tan cotidianos como el hijo casado enfrentado al dilema del deber que supone llamar a diario a su madre para saludarla y preguntarle cómo está. "La respuesta a esa interrogante debe partir de la necesidad que siente de llamar o no a la progenitora", especifica Irene Specht, presidenta del Instituto Venezolano de Escuelas Holísticas, IVEHO. "Hacerlo sólo por el deber es un mero cumplimiento de un rol que otros le establecieron".

Lo grave de privilegiar la mirada ajena, opina Specht, es que quien realice algo desatendiendo sus elecciones, corre el riesgo de irse convirtiendo en un ser desarticulado en sí mismo. "Actuar por lo que otro nos diga, no sólo nos aniquila sino que nos coloca en el último lugar de nuestras prioridades más esenciales".

EL DESACUERDO INTERIOR
Todas las personas dialogan con ellas mismas. Esto es normal y hasta sano. Son conversaciones o transacciones emocionales que permiten a cualquier individuo evaluarse, premiarse o regañarse. Al pronunciar estos puntos de vista, Raiza Ramírez dice que "lo interesante no es el diálogo interno sino la calidad del mismo".

Entonces pasa a comentar que si el diálogo es amoroso, éste se traduce en apoyo y compañía que ratifica el acuerdo interior. Es lo que representaría al angelito que habla.

Caso contrario, si el diálogo se basa en lo punitivo, éste se traduce en zozobra y compañía inadecuada, creándose el desacuerdo interior. Es el diablito contrapuesto al angelito.

Ramírez cita al autor argentino Norberto Levy, creador del abordaje terapéutico llamado Autoasistencia Psicológica, para precisar que el organismo humano funciona como una empresa con diversas gerencias. "Si dos gerencias de esa empresa (parte del organismo) están molestas, entonces se genera un desacuerdo interior. Pero, la complicación no es que exista el desacuerdo (en las mejores relaciones lo hay), sino que éste se cristalice o persista en el tiempo".

Ahora bien, dejarse llevar sólo por el angelito a la hora de tomar decisiones no imposibilita que una persona se autocuestione. Criticarse, subraya Ramírez, puede ser provechoso para el crecimiento. "Claro, el cuestionamiento a mí misma puedo hacerlo desde un llamado de atención sin llegar a herirme".

Por ejemplo, hay individuos que intentan erradicar su lado dadivoso luego de haber vivido experiencias de ingratitud con gente inescrupulosa. Es allí donde el angelito y el diablito van templando a la persona para que se defina entre esconder o mantener su rasgo dadivoso. "Si la decisión es erradicarlo creyendo que así se resguarda, está echando a un lado un aspecto interesante de la personalidad. Lo que debe hacer la persona es ajustar ese rasgo, administrarlo mejor, pero no penalizarse por lo que es en esencia", reflexiona Ramírez. "Buscar un equilibrio en la personalidad es una buena forma de conducirse".

¿PUEDE CAMBIAR UN MAYOR?
Mientras más adulta sea una persona, más compleja resulta la posibilidad de aprender a conversar consigo misma pretendiendo producir cambios a su vida. La razón es que cuando alguien va haciéndose mayor acumula historias que refuerzan formas de pensar difíciles de mover, aunque se encuentre ante la necesidad de hacerlo. Diferente ocurre con los niños, quienes al estrenarse a la vida se tornan dúctiles.

Sin embargo, tampoco es verdad el dicho popular aplicado a los humanos según el cual loro viejo no aprende a hablar. "Si la persona no tiene entrenamiento, por supuesto que le costará más hacer transformaciones", acuerda Irene Specht, presidenta del Instituto Venezolano de Escuelas Holísticas, IVEHO. "La coraza se hace más sólida y, en consecuencia, se atreve menos a salir de ésta".

Sin embargo, la especialista en terapia Gestalt, asegura que "las personas asimilan formas de conducirse a cualquier edad, con mayor o menor flexibilidad de acuerdo con el ambiente donde se haya criado".

Su opinión está fundamentada en el siguiente ejemplo: "Mientras una persona viva apegada totalmente a la cultura de su país, menos opciones tiene de ensanchar sus conocimientos sobre otras culturales nacionales. Así mismo pasa cuando alguien se expone sólo a un ambiente".

Y claro que, convertidos en adultos, existe la posibilidad de emprender viajes por sí solos. Pero, incluso, la forma cómo se realizan esas expediciones también influye en los logros de esa ampliación. "La psicoterapia es una forma de viajar más rápida al fondo de sí mismo. Y es un viaje que todos -unos más, otros menos- necesitamos hacer", asegura Specht.

La también especialista en adicciones y codependencias recuerda una verdad que justifica porque todos tenemos la necesidad: "los padres no llegaron al mundo con un manual, así que han tenido que adaptarse a distintas eras para ejercer bien su rol".

Conviene saber, según Specht, que cuando un individuo se esmera por acoplarse a nuevas realidades sociales, pueden producirse confusiones, hasta consigo mismo. Por eso, vale saber que una actitud no convierte a un ser humano en bueno ni malo. "Sencillamente porque en la vida nadie vive más allá del bien y del mal sino que vive en el bien y en el mal, y de lo que se trata es de no perecer en su objetivo de crecer como ser humano".

nllabanero@eluniversal.com
Twitter: @llabanero

Coordenadas
Raiza Ramírez 15-63649171

Entrevista publicada en la revista ESTAMPAS, del Diario El Universal. Caracas, Venezuela. Domingo, 2 de mayo de 2010.
Link: http://www.estampas.com/2010/05/02/

jueves, febrero 25, 2010

La madre y el padre: el principio de todo

Sobre Constelaciones Familiares
La madre y el padre: el principio de todo



Mi mamá y mi papá se amaron y yo soy la mejor prueba”
“Mi mamá es la mejor, encontró a mi papá”
Frases de la terapia ambulante de Carola Castillo


La vida viene de mamá y papá. Y yo, como hijo soy 50% mamá y 50% papá.

Estoy conectado una suerte de “hilos invisibles” a ellos y a los que vinieron antes que ellos y que hicieron posible mi vida. A donde me mueva y vaya, los hilos van conmigo.

De ellos tomo la vida. Renegar o negar a alguno de mis padres, es igual a renegar parte de mí.
Cuando tomo a mis padres, a su historia, a lo que fue, a lo que pasó, a lo que sucedió, puedo estar en sintonía con la vida.

Principio fundamental en Constelaciones Familiares:
Los padres dan, los hijos toman.

+ La mejor manera que tienen los hijos de dar a los padres es viviendo su vida, haciendo algo productivo con ella y dando vida.

Otro principio en Constelaciones Familiares:
Los hijos son más pequeños que los padres y solo son hijos.
Los padres son más grandes que los hijos.

+ Delante de la historia de mis padres, soy pequeño y no puedo hacer nada para cambiarla.
+ Querer cambiar la historia de mis padres, hace que pierda mi sintonía con la vida.

Tomar la vida
La vida corre como una cascada de agua: de arriba hacia abajo.
Los de arriba representan a nuestros ancestros, los que vinieron antes, de los que tomamos la vida. Los de abajo, son los más pequeños (los hijos), que van tomando la vida de los que vienen arriba.
Tal y como en una cascada, el agua no puede ir hacia arriba, como la vida. Mi trabajo, es tomar el agua que viene de mis padres y a su vez, de sus padres, quienes las tomaron de sus padres y así sucesivamente.
Es gracias a “esa agua” y gracias a que ha seguido corriendo “esa agua” que tengo la vida y puedo hacer algo con ella (y esto último es mi responsabilidad)
Como hijo, no puedo cambiar el curso de la corriente de agua. No puedo enviar el líquido hacia arriba.

+ Si estoy en sintonía con la vida: es como si me pusiera bajo esta cascada y me baño en ella sin juzgar el agua, temperatura, color o sabor. Solo me baño en ella.
+ Si NO estoy en sintonía con la vida: me quito de la cascada, la critico, creo que el agua que tengo es mejor que la que recibo.





















Carola Castillo, en su libro “Ecos del pasado”, escribe cómo saber si estoy desconectado con mis padres:
+ Hago lo que ellos dicen.
+ Hago lo opuesto a lo que ellos dicen.
+ No tengo contacto con ellos.
+ Quiero que mis padres cambien.





La ausencia de la madre o el padre
Podemos estar hablando de una ausencia física o emocional.
Puede ser que alguno de los hijos tome el lugar de sus padres y deje de vivir su destino, para embrollarse en sus progenitores, pensando que de esta manera podrá “ayudarlos” o hacerle su carga más liviana.

Algunos casos o posibilidades:
+ Si la madre muere en el parto.
+ Si la madre muere y deja hijos muy pequeños.
+ Si la madre pierde a un hijo y no se encuentra disponible para sus otros hijos (quizá uno de los hijos mayores toma el lugar de la madre)
+ Si la madre está involucrada emocionalmente con su primer amor o con una pareja previa. En este caso, un hijo o hija puede tomar el lugar de la madre y convertirse “en la esposa” del padre, siendo fiel a ambos.
+ Si la madre está embrollada con su sistema de origen y no está disponible para su nuevo sistema.
+ Si a un padre también le faltó su padre. Esto lo hace menos disponible para sus hijos.
+ Si la pareja tuvo una pérdida (aborto o muerte de un niño)
+ Si el padre está embrollado con su familia de origen y no logra estar para su nuevo sistema.


Posibles consecuencias para los hijos de la ausencia materna y/o paterna
+ La persona toma el lugar de la madre, convirtiéndose en la “pareja” del padre, o viceversa. Le será más difícil conseguir pareja y hacer su propio sistema.
+ Ante una madre a la que le faltó su mamá: el individuo toma el lugar de la abuela materna y se convierte en la mamá de su mamá, se transforma en “la grande” de la relación. ¿Consecuencias? Se le puede dificultar su propio ser madre.
+ Esto también puede pasar con un padre que le haya faltado su papá. En este caso, pueden presentarse casos de alcoholismo. Es como si el hijo dijera “Papá, te bebo en cada trago”.
+ Ante la muerte de mamá (sea cual sea la edad), el hijo o la hija pueden desear acompañar a mamá en la muerte. Igualmente puede pasar con el padre. Es lo que Hellinger indica como “Te sigo hacia la muerte”. El hijo o hija, apaga su vida, le cuesta más ser feliz, le cuesta disfrutar de la vida.






Las mejores palabras

Desde el lugar de los hijos, algunas palabras de resolución:

“Mamá, tomo la vida de ti. Por favor, mírame con bien si lo hago diferente a ti”

“Mamá, Papá, tomo la vida de ustedes. Por favor bendíganme si lo hago igual o diferente a ustedes. Cada vez que sea feliz, lo haré en honor a ustedes”.

“Mamá o Papá, con amor y dolor te dejo en la muerte. Ahora, yo me quedo con la vida. Mírame bien si me quedo en la vida. Ya nos encontraremos”

“Mamá, Papá, la historia de ustedes es más grande que yo. Yo no puedo ocuparme de sus destinos, es mucho para mí. Gracias por la vida que me dieron. Es mi trabajo hacer algo con ella”

“Mamá, Papá, ahora puedo ver tu dolor y cuánta falta te hicieron tus padres, la misma falta que tú me has hecho a mí”


Desde el lugar de los padres, algunas palabras de resolución:

“Te bendigo si lo haces igual o diferente a mí.”

“Mi historia es mía y es mucho para ti si intentas cargarla. No hay nada que puedas hacer por mí o por mi destino. Tú tienes tu historia y yo tengo la mía. Para mí está bien si te vas y te ocupas de tu vida.”

“La historia de mamá y papá es solo de nosotros. Es muy grande para ti. Es nuestra historia y no puedes meterte en ella. Para nosotros está bien como lo hagas.”

“A mí también me hizo falta mi mamá (o mi papá) Hice por ti lo que pude. Te di la vida, ahora es tu turno de hacer algo con ella.”

“Tomo la vida cuando estoy de acuerdo con las posibilidades y los límites”.


Sí, sí y mil veces sí
Por favor
Gracias

domingo, febrero 07, 2010

La vida corre como el agua de la cascada


La vida corre como el agua de una cascada.

De arriba hacia abajo. Naturalmente.

De arriba, donde se encuentran nuestros ancestros y todos los que vinieron antes, tomamos la vida.

Y abajo, estamos nosotros, los que llegamos después. Los que nos bañamos con el agua que nos dan mamá y papá y a los que nos toca seguir corriendo este líquido hacia abajo, hacia nuestros hijos. Nos toca dar vida y hacer algo con la vida que nuestros padres nos dieron.

No tomar

Puede pasar que como hijo me parezca que el agua que viene de mis padres es mala, escasa o simplemente no me gusta (siguiendo la analogía que hace Joan Garriga en el cuento "¿Dónde están las monedas?"), entonces decido quitarme de esa cascada. Y quedo seco. No puedo tomar la vida de mis padres y por lo tanto, no puedo pasarla a mis hijos. Es probable que así me sienta desdichado e infeliz. Que me cueste un poco más la vida.

También puede pasar que yo crea que puedo tomar una cubeta o tobo, llenarla con el agua que me llega de mis ancestros y reenviarla hacia arriba, creyendo de esta manera que mis padres se van a nutrir de mi agua, que puedo darles agua a ellos. Y esto, no es más que una ilusión, porque el agua siempre correrá hacia abajo.
Estos son los casos de los hijos que desean hacerse cargo de los padres (emocionalmente), que creen que pueden arreglar la vida de sus ancestros (por la lealtad invisible que los une a ellos), que cree que si cede su agua a los que vinieron antes, toda la cascada o familia va a estar mejor. Sin darse cuenta de que ése es un precio muy algo para quien vino después.
No puedo hacer nada por los que vinieron antes de mí. Solo puedo tomar de ellos y dejar que fluya esta corriente a donde tiene que ir.

Tomar o el mejor baño de mi vida

Lo que puedo hacer, lo que mejor puedo hacer es tomar mi lugar. Pararme debajo de ese chorro de agua, sea pequeño o grande, sea transparente o de cualquier otro color, sea caliente o frío, y dejarme mojar por él, por la vida, por los que vinieron antes.
Lo mejor que puedo hacer es mirar hacia arriba y mirar. Mirar y mirar. Honrar a esos que llegaron antes que yo y que pasaron la vida de una generación a otra. Los que hicieron posible que yo esté aquí hoy.
Ese es mi mejor trabajo. Mi verdadero destino se muestra cuando ocupo mi lugar.

Raiza Ramirez




domingo, noviembre 22, 2009

“La nueva pareja de mi papá”


Los cuentos infantiles tradicionales pintan a las madrastras como seres maléficos que vienen a separar a los padres de sus hijos. Son narizonas, feas, con verrugas en alguna parte del rostro y por sobre todas las cosas, son malas.

Quizá de este contexto viene la idea social de que la segunda pareja de papá puede resultar una amenaza para los hijos, la madre, el padre, es decir, para todo el sistema familiar.

¿Qué otra mirada podemos darle a esta realidad?

El orden

Uno de los principios más importantes dentro de los sistemas familiares es el orden, es decir, que cada uno ocupe su lugar, el que le corresponde. Y quizá es uno de los errores que con más frecuencia se comete al ingresar un nuevo miembro a la historia.

Por ejemplo, mamá y papá se separan heridos y molestos, quizá papá (en este caso) desea que su próxima pareja ocupe el lugar de mamá, pues está bravo con ella. ¿Consecuencias? Los hijos pueden rechazar a la nueva pareja del progenitor. La razón es simple: nadie puede ocupar el lugar de mi mamá. Cuando rechazas a mi madre, me rechazas a mí.

Mamá y papá no son reemplazables. Los hijos son solo los hijos y no pueden ser parejas sustitutas. Y la nueva pareja debe tener mucha conciencia de que ella vino después y por sobre todas las cosas, hay otras personas que llegaron primero a la vida de ese hombre.

Una madrastra que mira

La segunda pareja tendrá mucho más chance de quedarse en esa relación si logra mirar con respeto a la primera esposa y madre de los hijos de su amor. En esa mirada hay un asentir implícito, un “si” interno que no lucha, sino que acepta que hay una historia que vino antes. No se trata de que sean mejores amigas y vayan juntas a hacer las compras, se trata de darle el lugar que tuvo y que tiene.

Cuando la madrastra dice SI a la primera esposa, es como si dijera SI al mismo tiempo a los hijos. Esto, de manera tácita e inmediata, hace que los hijos no tengan que defender a nadie. Se sienten respetados.

En un sistema de familia, todos caben. El único detalle es que cada uno tiene su puesto y necesita ocuparlo.

Autor del texto: Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

lunes, noviembre 02, 2009

El responsable de mis necesidades














¿Quién es el responsable de tus necesidades?

Una mujer está molesta con un hombre. Está más que brava, está furiosa. Desea y necesita hablar con este señor y decirle lo que siente. Eso lo tiene claro.

En una conversación previa, él quedó en llamarla. Ella está esperando la llamada que aún no llega. Mientras tanto, su necesidad sigue sin ser satisfecha y por lo tanto, la situación sigue estando abierta y la molestia presente.

El cómo

Bien indica la teoría sobre Psicoterapia Gestalt que el tema de las necesidades no se trata de tenerlas o no, pues todos los seres humanos las experimentan. El verdadero tema es CÓMO cada organismo las satisface.

En el ejemplo anterior se puede mirar. La cuestión no se trata de la molestia de esta mujer, sino lo que hace ella con su molestia y cómo la canaliza.

La primera trampa: evitar

Uno de los obstáculos que nos podemos colocar las personas para no satisfacer nuestra necesidad es cerrarnos el paso hacia “eso” que estamos requiriendo. Si bien no lo hacemos de manera conciente, igualmente lo hacemos.

Siguiendo con la historia anterior de la mujer molesta. Ella estaba tan brava que decidió apagar su teléfono, borrar al hombre de sus listas de contacto en diferentes medios, no estar disponible para él. Suena contradictorio, ¿Verdad?

¿Cómo es que si mi necesidad es hablar contigo, cierro los medios para comunicarme contigo?

Segunda trampa: sin responsabilidad

Si evado mi necesidad y la dejo en manos del otro, estoy entregando mi destino al afuera. Ya no soy responsable de lo que me sucede y son los demás, sean quienes sean, los que deciden y tienen la potestad sobre mis estados de ánimo y lo que logro satisfacer o no.

La mujer sigue molesta con el hombre. Él no ha llamado. Ella espera la llamada. ¿De quién es la necesidad y de quién es la responsabilidad de satisfacerla? Quizá la necesidad de él sea diferente a la de ella y por eso no llama. No lo sabemos.

Si bien es cierto que no siempre necesitamos estar “cara a cara” para cerrar una situación abierta, es muy importante que comencemos a mirar nuestras necesidades y entendamos que somos nosotros los que podemos hacer algo por ellas, por lo menos intentarlo.

Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

domingo, octubre 25, 2009

El contacto: conmigo y con los otros


El ser humano está en contacto consigo mismo y con el mundo exterior todo el tiempo. Abre y cierra episodios de contacto de manera continua, por lo menos los organismos que funcionan sanamente así lo hacen.

El contacto es lo que me permite encontrarme nutritivamente con el mundo exterior. Y sólo a través del contacto puedo lograr el desarrollo completo de mi identidad.

Y al hablar de “contacto”, no se refiere exclusivamente al encuentro físico, tiene que ver con las emociones, lo no tangible, los espacios psicológicos.

El proceso

Sucede de la siguiente manera: el organismo tiene una necesidad. Una vez la siente e identifica, moviliza sus recursos y sale al ambiente para buscar “eso” que requiere y así satisfacerse.

Si este proceso sucede de esta manera, la persona logra integrar algo novedoso a su sistema. El individuo selecciona lo que quiere, lo asimila y al finalizar el encuentro, se distancia.

También puede suceder que el organismo en su búsqueda, rechace lo que no quiere. O coloque un límite con aquello que le resulte invasivo o amenazante.


La frontera

Otro concepto importante en el tema del contacto es la frontera o límite de contacto. Desde el marco teórico se define como el punto donde el yo se relaciona con lo que no es el yo. Dicho de otra manera, es el punto donde termina mi cuerpo y comienza el afuera.

Es en este espacio donde se da el contacto. Y esta frontera tiene una función muy importante, que es mantener la separación de tal manera que la unión no resulte amenazante para la persona.

Lo más sano, desde un punto de vista emocional, es que esta frontera sea permeable y flexible, de tal manera que se pueda sumar lo nuevo y al mismo tiempo, permanecer a salvo.

Está predeterminada por la gama de experiencias previas en la vida de cada ser humano. Esto significa que si mis momentos previos han sido felices, quizá mi límite es más flexible; si, ha sucedido lo contrario, mi frontera será más rígida.

Lo anterior hará que mis experiencias con el afuera sean menos frecuente, más predecibles y repetitivas.

Entonces, ¿Cómo mejorar el contacto? El contacto solo se trabaja con más contacto. La idea es darnos el permiso a flexibilizar nuestra frontera para hacer de cada encuentro con el afuera algo diferente y, de esta manera, sumar algo nuevo a nuestro organismo.


Autora del texto: Raiza Ramirez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares.

viernes, octubre 16, 2009

¿Quién es el bueno y quién es el malo?


Apuntes de Constelaciones Familiares:
El bueno y el malo. ¿Quién es quién?

Hay mandatos sociales. Hay, en teoría, cosas que se deben hacer y otras que NO se deben hacer. Están los llamados buenos y los llamados malos. Están los que reciben aplausos y los que son señalados por los demás. Mi pregunta es: ¿Quién tiene la razón? Otra pregunta: ¿Quién es el bueno y quién es el malo?

Gracias al trabajo y al aprendizaje que he tenido la suerte de ver y tener con Constelaciones Familiares, cada vez me paro menos a pensar en los buenos o los malos de las historias. Cada vez hay menos juicios ante lo que hace uno o el otro. Cada vez hay menos señalamientos.

Trato de mirar cada historia con ojos bien abiertos y sin dejarme de maravillar de lo grande que es el balance y la compensación en cada grupo, y de cómo se cumple una y otra vez, especialmente, cuando alguien queda excluido de la familia.

Del lado del “malo”

Cuando me cuentan una historia de alguien “malo”, una persona que se comporta “mal”, una persona que hace “lo peor”, un ser humano que “se sale de lo establecido”, mi primer pensamiento es: ¿A qué persona de su familia estará representando? ¿Con quién estará embrollado? ¿De dónde proviene este supuesto mal?

En este punto me recuerdo de Carola Castillo, quien en nuestra formación solía decirnos algo así como que cuando le mostraban al bueno y al malo, ella se sentaba al lado del malo, pues quizá los supuestos buenos eran más numerosos y quizá hacía falta alguien que se sentara junto al supuesto malo, lo mirara y le diera un lugar.

Y es que regularmente, ¿Qué hacemos con los malos? Los excluimos, los sacamos de nuestra vida, lo execramos de la familia, les dejamos de hablar. Y allí comienza o sigue el desbalance, dependiendo de la historia.

Por ejemplo, si vemos a dos hermanos: uno de ellos trabaja, estudia, es responsable, no se mete con nadie. El otro, es alcohólico, enfermo, quizá roba o es adicto. ¿Quién es el bueno? Respuesta rápida: el que no se mete con nadie. Quizá el otro sea el excluido, señalado, execrado, porque es el malo.

En la teoría de Constelaciones Familiares, cuando se trata de los hermanos, se dice que entre ellos, sin importar la cantidad, se reparte (por así decirlo), los temas de la familia, tanto los buenos como los menos buenos. Sin embargo, puede pasar que uno de ellos, generalmente el mayor, tome una mayor carga de los problemas; de esta manera, los otros hermanos quedan con menos carga, más livianos.

Lo anterior, aunque suene extraño, termina siendo un acto de amor, de lealtad. “Por ti, hermano y por mi familia, tomo esta carga. Te dejo más liviano a ti, más libre. Lo tomo yo antes de que lo tomes tú”, serían las palabras del hermano mayor.

Con esta mirada y tomando el caso anterior, vale preguntarse de nuevo: ¿Quién es el bueno y quién es el malo? ¿Quién lo hace mejor y quién lo hace peor? ¿Quién paga el precio más alto?

Mirar, asentir y honrar

Bajo esta perspectiva y con el ejemplo anterior, hay dos aspectos importantes a tomar en cuenta.

El primero, que el hermano “bueno”, pueda mirar y reconocer a su hermano “malo”. Que pueda asentir, aunque sea doloroso, a ese destino. Que pueda mirar que gracias a esta carga, él está un poco mejor. A veces es difícil, especialmente, cuando hay miedo, dolor, rabia e incluso puede haber una pregunta intrínseca: ¿Qué pasa que yo estoy “bien” y mi hermano está “mal”?.

Puede también darse el siguiente pensamiento: “Yo quiero que mi hermano esté bien”. Y detrás de esta frase hay un irrespeto al destino del otro. No se reconoce su carga y se le critica. Es paradójico y es lo que señala la teoría de Constelaciones Familiares.

La mirada que brinda solución entre estos dos hermanos es que el que está “bien” pueda mirar y honrar a su “hermano malo”, que pueda asentir a su destino. “Hermano, ahora puedo mirarte y puedo mirar lo que haces por mí. Honro tu destino, con amor y dolor. Y haré lo mejor que pueda con mi vida. Gracias por tomar esta carga por mí y por nuestra familia”, pudieran ser sus palabras de resolución.

Con esta resolución, no sólo puede cambiar la relación entre estos dos hermanos, sino también puede evitar las repeticiones en las siguientes generaciones.

Salir del embrollo

Personalmente, creo que asentir al destino de un ser amado puede ser difícil e incluso doloroso, especialmente si se trata de un destino con más carga. ¿Cómo asentir al cáncer de un familiar? ¿Cómo decir SI a un accidente de un ser querido? ¿Cómo honrar el destino de un adicto al que amo?

Lo anterior requiere de fuerza, de valentía, de dignidad. Es un reto a la arrogancia, a nuestra necesidad de querer cambiar lo que le sucede al otro y solo mirarlo sin intención.

Ahora bien, como decía al principio de este texto, al mirar un caso de víctimas y perpetradores, trato de observar quién falta y a quién podría estar representando el cliente o qué puede estar mirando que los demás miembros de su familia no ven.

Imaginemos el mismo “hermano malo”, el que está enfermo, es adicto o alcohólico. Éste, podría estar imitando el destino de un perpetrador de su familia o podría estar haciendo balance por una víctima de su familia que fue excluida por dolor.

Una solución posible para el sistema está en traer a la constelación a una víctima y su perpetrador de la familia con la que trabajamos. Sin importar necesariamente la generación con la que trabajemos, o si tenemos la información exacta de lo que sucedió en esa familia.

Sólo cuando la víctima y su perpetrador puedan encontrarse, el sistema tendrá un poco más de paz. Y esta persona, embrollada en su sistema, tendrá un poco más de libertad para elegir lo que decida desde otro lugar, con menos carga.

“Ahora puedo mirarlos. Junto en mi corazón y en mi alma a todas las víctimas y perpetradores de mi sistema. No puedo hacer nada por ustedes, es mucha carga para mí. Por favor, mírenme con cariño si lo hago diferente a ustedes, si dejo de ser el perpetrador o la víctima, si soy un poco feliz. Por favor.”

Cada familia es perfecta. Cada quien hace lo mejor que puede con su destino. A veces la carga es más pesada, a veces más liviana. Y siempre estamos unidos a los nuestros, más allá de quien sea el bueno o el malo. Todos cabemos. Todos tenemos un lugar.



Autora del texto: Raiza Ramirez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares.

jueves, octubre 15, 2009

El balance en las relaciones


Cuando dos personas se relacionan se teje una red entre ellas. Es una red invisible, casi como una telaraña que, marca la forma en la que estos dos seres humanos se van a vincular o cómo será la dinámica de la relación.

Es como una suerte de guión que se va escribiendo. Cuando tú dices esto, yo reacciono de esta manera. Cuando yo te hago aquello, tú respondes de cierta forma.

Cuando ambas partes se sienten en balance y es armonioso el intercambio, la relación camina y tiene posibilidades de crecer. Cuando no es así, comienzan las dificultades y los problemas.

¿Qué pasa cuando una persona entrega más que la otra en una relación? ¿Qué pasa cuando una de las dos recibe más de lo que entrega? Se crea un desbalance entre ellos que, de permanecer, es probable los distancie en el tiempo.

Si bien es difícil generalizar, pues cada caso y pareja es un mundo, hay algunos aspectos que se repiten. Veamos algunos ejemplos.

El que entrega más y recibe menos, puede correr el riesgo de quedarse sin nada entre sus manos. Lo da todo por la relación y no se guarda nada para sí mismo. Y al darlo todo, llega un punto en el que ya no tiene nada más que entregar. A veces, esta persona, actúa de esta manera, pues necesita garantizar el afecto del otro y cree que de esta manera esto pasará.

Por el otro lado está quien recibe más y da menos en el vínculo. Toma sin pedirlo, sin manifestar que lo necesita, solo lo toma. Y no entrega en balance a lo que va tomando. Probablemente porque la otra persona no se solicita o demanda, o quizá porque ésta no tenga mucho para darle.

Entre ambos puede tejerse una red de dependencia: ambos se necesitan. Uno, para entregar; y el otro, para recibir. Y aunque por un tiempo, esta forma de relacionarse les puede funcionar, en un punto, la balanza buscará su equilibrio y esto puede hacer que la relación entre en crisis.

Para esto, la solución es simple y complicada al mismo tiempo: buscar y encontrar el balance. Hay una frase que lo resume: “No des más de lo que puedas recibir. No tomes más de lo que estés dispuesto a dar”. Sólo así se va logrando el equilibrio en una relación y la posibilidad de mantenerse en el tiempo.



Autora del texto: Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

Qué es Bebé Gestalt

Mamá y Papá: el principio de todo.

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La vida viene de mamá y papá. Y yo, como hijo soy 50% mamá y 50% papá. Estoy conectado una suerte de “hilos invisibles” a ellos y a los que vinieron antes que ellos y que hicieron posible mi vida. A donde me mueva y vaya, los hilos van conmigo. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

¿Neurótico yo?

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Fritz Perls, creador de la Terapia Gestáltica, escribió que todos los seres humanos somos neuróticos. Esta aseveración quizá puede resultar antipática para algunos, ¿cómo es posible esto? A continuación podrás leer algunas pistas que te ayudarán a saber si eres neurótico o no. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

¿Llueve o hace sol?

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Si se pudiera hablar de un “ideal”, sería el siguiente: tener el paraguas a la mano, estar pendiente del tiempo y probar. A veces será el momento de abrirlo porque el cielo anuncia tormenta y otras veces de cerrarlo pues el sol está resplandeciente. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

La pareja y el morral

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Una mujer, luego de pasar un tiempo sin pareja, conoce a dos hombres: A y B. El “A” parece tener todas las cualidades “buenas” que ellos “deben tener”: es soltero, tiene una buena posición económica, está disponible para ella, es cariñoso, de buena familia. El “B”, pareciera cargar una mochila más grande: tiene un hijo, una ex mujer y algunos problemas sin resolver. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

La empresa de un solo empleado

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Por muchos años esta mujer tuvo y mantuvo una empresa de múltiples empleados. Estaba tan atareada con sus ocupaciones que se olvidó de ella misma. A veces no se pagaba el sueldo, hubo años en los que no vio utilidades. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)