viernes, marzo 06, 2009

Emociones embotelladas



Imagínate una botella llena de refresco. Ahora imagina que ese recipiente está cerrado y lleno hasta la mitad. Ahora piensa que, por el momento, no puedes abrirlo y se cae al piso. El contenido se bate, se mueve.

¿Qué pasa si abres la botella rápidamente? Probablemente, el líquido se desborde y moje todo a su alrededor, incluyéndote a ti.

¿Qué pasa si, por el contrario, la abres poco a poco, dándole tiempo al contenido, dejando que las burbujas suban y vuelvan a bajar?

Algo parecido a este ejemplo pasa con tus emociones. Tus sensaciones y sentimientos están allí, en ti, contenidos como el refresco dentro de la botella.

Si los vives, los sientes, los dejas estar y los dejas manifestarse abiertamente, es probable que no haya problemas o no te sientas mal. Es como si cuando sintieras la necesidad, abrieras la botella y sirvieras parte del líquido en un vaso. Es lo más sano y lo que necesita tu organismo.

Si no vives tus sensaciones o te niegas a experimentarlas es como si tuvieras ese líquido encerrado en esa botella. Contenido en tu organismo. Con la tapa de la botella cerrada. Nada entra y nada sale.

Cuando la botella cae al piso y el líquido es batido por el movimiento, es como cuando algún acontecimiento externo te moviliza. Algo te pasa por dentro, te duele o te alegra, te emociona, palpita el corazón.

Es allí cuando tienes dos opciones: abrir la botella rápida o lentamente.

Cuando abres la botella rápidamente es cuando sacas esa emoción que ha estado contenida por un tiempo de una manera abrupta. Es como si cobraras un retroactivo emocional. Y todo queda mojado por el líquido. Lo difícil puede ser recogerlo y que las cosas vuelvan a estar como antes.

¿Cuál es la invitación? Pues a estar en contacto con las emociones y sensaciones que están dentro de esa botella que te pertenece. Y cuando se movilice ese líquido, puedas abrirla poco a poco, parte irle dando lugar al sentimiento.


Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares





lunes, marzo 02, 2009

Lo bueno de estar solo



La soledad tiene mala publicidad. Estar solo es malo, dicen. No pases mucho tiempo solo. Te vas a enfermar de tanto estar solo. Son algunas de las frases más comunes. ¿Cuánto de cierto hay en esto? ¿Qué pasa con este estado? ¿Cómo puedes sacarle provecho?

Nacemos solos. Nos morimos solos. Incluso, los bebés que llegan como gemelos, al momento de salir de la panza de mamá, lo hacen individualmente. Comemos con nuestra boca, no con la del otro. Respiramos con nuestros pulmones, no con los de lo otra persona. Y así, infinidad de ejemplos.

Diferentes autores dividen a la soledad en tipos. Muchos coinciden en que hay una diferencia fundamental entre la soledad buscada y la no deseada. Esta última suele generar malestar, angustia y pesar en el individuo; mientras que la primera puede ser provechosa para la persona, pues le permite tener tiempo para ella misma.

Igualmente, estudiosos del tema hacen énfasis en la diferente entre pasar un momento de soledad a experimentar una soledad crónica o sostenida en el tiempo.

Ahora bien, la soledad buena o sana tiene un poco de las anteriores: puede ser buscada, porque la persona siente la necesidad de estar con ella misma y tener contacto consigo. Tiene una duración determinada, porque si bien el individuo experimenta bienestar estando consigo mismo, igualmente requiere del otro para compartir sus experiencias, pensamientos y afectos.

En esta soledad, no hay angustia. Porque la persona sabe que cuenta con sus propios recursos para estar en el mundo. La mujer o el hombre saben que tienen pies y manos para andar, para satisfacer sus necesidades y para estar bien.

Incluso, en los momentos en los que llega la soledad no deseada, por alguna razón, la persona puede atravesar este momento sabiendo que puede hacerlo, que pasará la sensación de malestar que experimenta y que volverá a estar de pie con él mismo en algún momento.

Al final, la soledad puede ser muy provechosa si cada quien se escucha y se dedica tiempo para sí mismo.

Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

miércoles, febrero 25, 2009

Decir Adiós


Entre las normas básicas de educación está el saludar al llegar y despedirse antes de marcharse. Lo mismo aplica para la vida y nuestras relaciones.


Pareciera que es sencillo decir “HOLA” o saludarnos cuando recién comienza un vínculo. Entramos a una relación (del tipo que sea) con euforia, emoción, afecto, cosquillas en el estómago, alegría y quizá expectativas.
El tiempo pasa, y quizá este nexo se vence, caduca, termina. ¿Qué pasa luego? ¿Podemos decir adiós con la misma facilidad?

Para algunos, decir “CHAO” es una dificultad. Poner freno, detenerse, decir “ADIÓS” puede resultar complicado.

¿Es importante?
Respuesta: Sí. Y mucho.

Si no nos despedimos es como si no nos distanciáramos de la persona, como si nos quedáramos en ese vínculo eternamente, como si no quisiéramos salir de esa relación que por algún motivo ya no funciona.
De alguna manera, al no decir chao es como dejar una situación inconclusa, algo inacabado. ¿Las consecuencias? Es probable que intentemos repetir esta historia en nuevos encuentros, todo con tal de poder despedirnos adecuadamente.


¿Qué hacer?

Nos podemos despedir de diferentes maneras. La más directa es de frente. Con una conversación directa con la persona de la que nos queremos despedir. Manifestando lo que sentimos, lo que aprendimos de ese encuentro, lo que nos dejó esta relación.

Lo que pasa es que no siempre podemos tener un “cara a cara”. Y de todas maneras es posible despedirse.

Otra vía para hacerlo puede ser escribir una carta a la persona a la que necesitamos decir adiós, diciéndole todo lo que queremos y nos nazca. También se puede tener una conversación interna con ese ser, en la que sin pronunciar una palabra y desde el corazón decir lo necesario.

Maneras sobran y a cada quien se le puede ocurrir una diferente. Lo importante es escoger esa que realmente nos ayude a despedirnos desde adentro.

Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

jueves, febrero 19, 2009

El síndrome de Pinocho


“Si mientes te crecerá la nariz como a Pinocho”, le dicen las madres a los niños para evitar que éstos digan embustes. Todo un clásico entre padres e hijos. ¿Funciona el muñeco de madera para evitar que el pequeño invente o falsee una historia? Puede que sí, puede que no.

Las mentiras en el caso de los niños dependen en buena medida de dos aspectos:

1) En primer lugar, la congruencia de los padres o adultos que lo rodean en este tema. Si una madre le dice a su hijo que no mienta, y luego le inventa un cuento al esposo sobre por qué no pudo hacer determinada tarea pendiente, realmente ¿Qué le está enseñando al pequeño? Y ellos, los niños, saben mucho mejor que los adultos cuando alguien en sincero con ellos o no.

2) En segundo lugar, la tranquilidad y seguridad que experimente cada pequeño en su hogar o lugar donde pase más tiempo es fundamental. Cuando un infante se siente cómodo con los adultos que se encuentran a su alrededor y en el sitio que le resulta sano para su crecimiento, no tiene necesidad de inventar. De lo contrario, puede comenzar a alterar la realidad.

En este último punto es importante señalar que para un niño, cuando la realidad sea hace muy apabullante o difícil de manejar, entonces él la altera, la cambia de tal manera que le resulte manejable y agradable.

Las mentiras, en el caso de los pequeños, pueden esconder un miedo no dicho. Es por ello que es importante, más que reprimirlos o regañarlos por el embuste, averiguar qué hay detrás de esa mentira. Puede haber temor, inseguridad y angustia. Una vez que estos aspectos se minimizan, ya no hay necesidad de decir las cosas diferentes a como son en realidad.

Igualmente, las mentiras (tanto en niños como en adultos) pueden servir para complacer a otro, para ser aceptados y para pertenecer a un grupo. En este sentido, es importante la observación, tanto para el padre como para el niño sobre lo que digo, cómo lo digo y para qué lo digo.

Mentir puede ser una forma de encubrir, no sólo una realidad que no me gusta, sino una parte de mí que no quiero mostrar por temor a ser rechazado.

Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

martes, febrero 17, 2009

¿Con quién quieres bailar?

Una mujer de 25 años llega por primera vez al consultorio de un terapeuta. Luego de conocerse, la joven comienza a contarle al especialista diferentes aspectos de su vida: familia, trabajo, salud. Le explica que nueve meses atrás sufrió un accidente muy grave que casi le costó la vida. Pasó tiempo en cama reponiéndose. La chica se llena de orgullo al mostrarse sana, en perfectas condiciones, completamente recuperada.


Durante la hora de consulta, la paciente habla una y otra vez de su accidente, de lo que le sucedió, del período que pasó en cama, de sus metas y de cómo las alcanzó. A la vez asoma el miedo que le genera la sola idea de que algo parecido suceda nuevamente. En su discurso aparece este hecho una y otra vez, una y otra vez. Como si todavía estuviera presente.

Al terminar, la terapeuta le pregunta: 

- Ahora, ¿Estás sana?
- Sí, dice la mujer.
- En este momento, ¿Estás completamente recuperada? - insiste la especialista.
- Sí, 100%, replica la chica.

“Entonces, ¿Para qué sigues bailando con el accidente?”, pregunta la terapeuta. La paciente se queda en silencio.

Luego de unos segundos en blanco, la especialista le dijo: “Cuando llegas a una fiesta, tú decides con quién bailas. Puedes hacerlo con la más linda de la noche o con la más fea, incluso, puedes decidir no salir a la pista y solo observar. Así, más o menos, es la vida. Tienes opciones y tú escoges con cuál pasas el tiempo danzando; en este caso, con la salud o la enfermedad. ¿Con cuál quieres bailar ahora?”.

La chica no dijo mucho. Se despidieron afectuosamente y quedaron en mirarse de nuevo la siguiente semana.

Durante la existencia, las personas experimentan diferentes sensaciones, emociones, estados, momentos, sucesos; algunos mejores otros peores; algunos alegres, otros menos; hay de todo. La gran diferencia está en dar el paso, seguir hacia adelante, moverse, soltar el pasado y escoger con cuidado y amor a la pareja con la que bailaré un rato, ¿Cuál quiero para mí: la más fea o la más linda? Y seleccione la que seleccione, quedarme en la experiencia. Seguramente, el siguiente paso será más enriquecedor que el anterior.

Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares


lunes, febrero 16, 2009

Constelaciones Familiares: la tubería rota


La tubería rota:
¿Mía o de alguien más?

Al hablar de Constelaciones Familiares, me gusta comenzar diciendo que es un abordaje terapéutico.
Desde mi perspectiva, es como tomar una gran lupa y colocarla sobre el paciente para que éste pueda OBSERVAR su sistema familia (varias generaciones: sus padres, abuelos, bisabuelos y sus ancestros, así como su descendencia)
Al mirarlos, podrá comenzar a darse cuenta de las historias que se repiten, hecho éste explicado en el amor ciego que tenemos por nuestra familia y en nuestra necesidad de seguir perteneciendo a ella, nos cueste lo que nos cueste (incluso, a veces, a un precio muy alto para nosotros)
Al mirarlos, también podrá darse cuenta de los posibles EXCLUIDOS que hay en la familia y mirar si está ocupando el lugar que no le corresponde y está viviendo una historia que no le pertenece.
¿Qué pasa si una persona está viviendo una historia que no le pertenece?
Desde una perspectiva racional, parece extraño pensar que vivo un destino que no es el mío. Sin embargo, en ciertos momentos de tu existencia, puedes haber sentido que no entiendes la vida que llevas y que pareciera que no hay nada que puedas hacer para cambiarla.
Es por amor. Lo que nos mueve es el amor. El amor a nuestros padres, el amor por intentar cambiar una historia triste o trágica de nuestra familia, el amor por traer de vuelta a esa persona que no estuvo, que se fue o que murió trágicamente.
Lo paradójico es que vives tu destino y al mismo tiempo te encargas del de algún miembro de su familia. Y a veces la carga resulta muy pesada.
El ejemplo que se me ocurre para este caso es el siguiente: es como si una persona está dentro de un cuarto y se revienta una tubería, con su mano intenta taparla para que no se inunde esta habitación. A los minutos, se rompe otra, y con la otra mano, él o ella siguen evitando la posibilidad de que la habitación se llene de agua. Un tercer tubo se quiebra, ya no hay manos posibles, quizá un pie pueda evitar que todo se dañe.
Y así vive esta persona. Tratando de salvar a esta habitación que es su familia, aunque el precio sea estar incómodo, en una mala posición corporal, empapado, no poder movilizarse, o todas las anteriores.
Y todo el esfuerzo que hace y el precio que paga por este intento, es mucho para una sola persona. Y no hay forma de cambiar la historia. Cómo evitar que esa tubería se rompa. Puede ser muy arrogante pensar “yo puedo con todo”. O quizá puede ser una ilusión querer salvar esa historia que no tuvo salvación en el pasado.
¿La solución?
MIRAR. ¿Qué significa eso? Cuando el cliente puede observar su sistema familiar, algo cambia.
Siguiendo con el ejemplo de la habitación y las tuberías rotas, sería de la siguiente manera: La persona integra a su EXCLUIDO dentro de este cuarto y lo coloca en el lugar que le corresponde, apartándose el paciente de esta tubería que no le pertenece y que no es su responsabilidad. Y que con mucho amor ha cuidado para lo que cree es el beneficio de su sistema.
Con amor y respeto, honra a este miembro de la familia. Le reconoce su destino, lo mira, le dice que lo deja con su responsabilidad y que lo mire con cariño si él o ella lo logran hacer un poco diferente.
Por sobre todas las cosas, lo MIRA, lo HONRA, le da las gracias por estar en su sistema.
Y ahora, puede marcharse con tranquilidad y encargarse de su propio destino y su tubería, la que le corresponde. Ahora podrá ser un poco más libre y podrá ocuparse de su propia historia, con responsabilidad y acompañado por su familia: seguramente la mejor.
Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

--------------------------------------------------------------------------
Para leer más sobre Constelaciones Familiares:
--------------------------------------------------------------------------
Tu Constelación Familiar
Si estás interesado(a) en hacerte tu constelación familiar en una consulta individual y en privado, puedes llamarme al siguiente teléfono 15-63649171. Citas en Buenos Aires, de lunes a viernes, a partir de las 10hs hasta las 20hs.

domingo, febrero 15, 2009

¿Aceptar las cosas como son?








Los hechos son como son. Si bien puedo cambiar ciertos aspectos de mi vida, hay otros que no tengo la capacidad de hacerlo. Si es de día en este momento, por más que desee que llegue la noche, no puedo hacerlo, está por encima de mis posibilidades humanas.

Esto también pasa con otros aspectos de mi existencia. La cuestión está en si acepto las cosas tal y como son o lucho con ellas con tal de transformarlas en algo diferente.

La aceptación no se trata de ser pasivo y no hacer nada. La aceptación tiene que ver con mirar los hechos y asentir ante ellos, conociendo y aceptando nuestras limitaciones. Y sacando el provecho a lo que sí tenemos, lo que sí hay y es nuestro.

Voy a poner un ejemplo. Una pareja llega al consultorio del terapeuta. El hombre le dice a la mujer que ya no la ama, que quiere separarse de la mejor manera de ella. La esposa no lo acepta, se sorprende y dice que ella desea salvar su matrimonio.

En este caso, pareciera que los hechos están claros y hablan por sí mismos. Una persona no ama a la otra y se lo dice. Y la pareja, no lo acepta, y sufre de una manera doble: por el desamor y por la lucha que intenta sostener para mantener en pie un matrimonio que parece haber terminado.

Si bien no hay caminos correctos o perfectos para recorrer las historias humanas, es también cierto que algunas rutas pueden ser menos dolorosas que otras. La cuestión está en cuál quiero seleccionar para mi vida.

Si me quedo en la lucha por cambiar mi vida y la existencia del otro, necesito mucha energía, no sólo la propia, sino la ajena. ¿Vale la pena? Si asiento y puedo mirar (incluso con dolor) la verdad que el otro me dice, ¿qué pasa conmigo? ¿No es más liviano mi caminar?

Está bueno observarme a mí y al otro. Ver qué tan objetivo estoy siendo en los diferentes casos. Puedo cambiar cualquier cosa, pero los hechos y las acciones son contundentes. Y aceptarlos significa crecer con ellos y no hacer más de lo que como ser humano puedo hacer. Ni más, ni menos. Sólo eso. Lo que es.

Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

 

jueves, febrero 12, 2009

La pareja y el carruaje

  

La pareja y el carruaje


Se me ocurre que una relación es como una carreta. Un carruaje que parte de un lugar e intenta llegar a otro. Un carruaje que tiene un cochero que la dirige y quizá unos pasajeros que disfrutan o no, del paseo.

Preguntas:
Si tu relación es un carruaje, ¿Sabes de dónde partió? ¿Sabes hacia dónde va? ¿Tiene un punto de llegada o una meta? ¿En qué parte del camino vas?
Si tu relación es un carruaje, ¿Qué rol juegas tú? ¿Eres el cochero o un pasajero? ¿Siempre juegas el mismo rol o lo alternas con tu pareja? ¿Te gusta el puesto que has ocupado en este viaje? ¿Lo cambiarías o lo dejarías igual? ¿Qué cambiarías?

Para reflexionar:
A veces estamos en una pareja y no sabemos para qué estamos en esa relación. Qué aspectos, además de la pasión, el amor y la compañía, nos llevan a estar con esta persona y a entregarnos a ella.
Es como si fuéramos en el carruaje sin saber qué hacemos allí ni para dónde vamos.
A veces podemos estar en una unión sin saber cuál es nuestra meta e incluso, cuál es el objetivo en conjunto (si es que lo hay). En la relación nos colocamos objetivos, tenemos un camino establecido (más allá de que esa ruta pueda variar en el tiempo)
Es como si fuéramos en el carruaje sin un mapa a bordo.
A veces estamos en una pareja en la que llevamos el peso de toda la unión. Tomamos decisiones, las ejecutamos, complacemos, hacemos, damos y poco pedimos. Cuánto tiempo puede sostenerse esta situación.
Es como si en el ejemplo de carruaje, jugáramos el rol del chofer de la carreta.
A veces estamos en una relación en la que solo somos espectadores. Nuestro consorte resuelve, dice, planea, hace, toma decisiones, sube, habla, nos da, nos da, nos da, nos da. Y poco recibe. Cuánto tiempo puede sostenerse esta situación.
Es como si en el carruaje, nos comportáramos como un pasajero más.
No hay un viaje perfecto. No hay un rol perfecto. Cada persona podrá escoger su carreta y el puesto que quiera ocupar en ella. Tomar conciencia de dónde estoy ahora me podrá ayudar a mirar a dónde quiero llegar y cómo quiero hacerlo.
Estar en pareja es un viaje. ¡Disfrútalo!
Si quieres concertar una cita o te interesa tratar algún tema en particular, me puedes contactar a través del siguiente número de teléfono: 15-63649171 o a través del correo electrónico: raizaramirez@gmail.com
Autor del texto:
Lic. Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares

Qué es Bebé Gestalt

Mamá y Papá: el principio de todo.

Mamá y Papá: el principio de todo.
La vida viene de mamá y papá. Y yo, como hijo soy 50% mamá y 50% papá. Estoy conectado una suerte de “hilos invisibles” a ellos y a los que vinieron antes que ellos y que hicieron posible mi vida. A donde me mueva y vaya, los hilos van conmigo. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

¿Neurótico yo?

¿Neurótico yo?
Fritz Perls, creador de la Terapia Gestáltica, escribió que todos los seres humanos somos neuróticos. Esta aseveración quizá puede resultar antipática para algunos, ¿cómo es posible esto? A continuación podrás leer algunas pistas que te ayudarán a saber si eres neurótico o no. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

¿Llueve o hace sol?

¿Llueve o hace sol?
Si se pudiera hablar de un “ideal”, sería el siguiente: tener el paraguas a la mano, estar pendiente del tiempo y probar. A veces será el momento de abrirlo porque el cielo anuncia tormenta y otras veces de cerrarlo pues el sol está resplandeciente. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

La pareja y el morral

La pareja y el morral
Una mujer, luego de pasar un tiempo sin pareja, conoce a dos hombres: A y B. El “A” parece tener todas las cualidades “buenas” que ellos “deben tener”: es soltero, tiene una buena posición económica, está disponible para ella, es cariñoso, de buena familia. El “B”, pareciera cargar una mochila más grande: tiene un hijo, una ex mujer y algunos problemas sin resolver. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)

La empresa de un solo empleado

La empresa de un solo empleado
Por muchos años esta mujer tuvo y mantuvo una empresa de múltiples empleados. Estaba tan atareada con sus ocupaciones que se olvidó de ella misma. A veces no se pagaba el sueldo, hubo años en los que no vio utilidades. (Haz clic sobre la foto para leer el texto completo)