
Sale el sol, comienza a calentar el día y la piscina está allí, justo en frente a ti. Del tamaño que quieras, el agua del color que desees y de la profundidad que te provoque.
Puede ser que te guste o no, que quieras sumergirte en ella o no, que sólo desees mojarte los pies en el agua, que no te guste esto de empaparte.
Ahora fíjate en lo siguiente. ¿Eres de los que se lanza en el agua sin mirar a los lados o eres de los que entra poco a poco, haciendo que el cuerpo se vaya acostumbrando a la nueva temperatura?
No hay respuestas correctas para esta pregunta. Cada quien tiene su ritmo y su velocidad. Quizá lo importante sea ver, según la que tienes, cómo te resulta hacerlo.
Si te sumerges rápidamente: ¿Miras si hay gente dentro de la piscina? ¿Cómo sabes la profundidad de la misma? ¿Está limpia o sucia?
Si entras al agua lentamente: ¿Hay gente que se te adelanta? ¿Sientes algún temor de entrar? ¿Qué te impide mojarte por entero?
No hay formas exactas ni recetas correctas para entrar en el agua. E incluso, puede ser que en este momento, prefieras quedarte seco o seca. Y va a estar bien.
Quizá lo más importante sea observarte. Mirar cómo es tu piscina soñada, cómo es tu actitud ante ella, qué deseas hacer en este momento y cómo lo haces.
Imagina que esta piscina es una relación de pareja. Que simboliza el amor, un vínculo importante para ti, esa unión que te importa, que te interesa. ¿Cómo entras al agua?
Si quieres concertar una cita o te interesa tratar algún tema en particular, me puedes contactar a través del siguiente número de teléfono: 15-63649171 o a través del correo electrónico: raizaramirez@gmail.com
Autor del texto:
Lic. Raiza RamírezPsicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares